"El error no es un obstáculo, es una oportunidad": Silke, referente de arte textil, presenta su obra en Bellas Artes - Revista Para Ti
 

"El error no es un obstáculo, es una oportunidad": Silke, referente de arte textil, presenta su obra en Bellas Artes

A los 60 años de trayectoria, la artista textil presenta Vida y Obra. Silke y la Seda, un libro que recorre su universo creativo y espiritual. Precursora del arte textil contemporáneo en Argentina, su obra une color, seda y símbolo en un lenguaje que invita a la introspección y a pensar el arte como un puente entre lo visible y lo invisible.
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Silke es una artista que trabaja con algo que es difícil de entender: una vibración interior. Desde hace más de medio siglo, esta creadora nacida en Austria y radicada en Argentina transforma la seda, el color y la luz en un lenguaje propio, un territorio donde la materia parece volverse espíritu.

Su obra no busca explicar el mundo sino abrirlo. Cada tapiz, cada composición textil, parece invitar al espectador a detenerse, respirar y mirar hacia adentro. Como si el arte no fuera solo algo para ver, sino también una experiencia para sentir.

Precursora del arte textil contemporáneo en el país, Silke comenzó su camino en 1965 con su primera muestra de tapices. Desde entonces, su búsqueda nunca se detuvo: exploró el color como energía, los símbolos como puertas hacia lo invisible y la seda como un territorio de libertad creativa.

Silke
Silke hace arte con seda

Esa travesía artística y espiritual queda reunida ahora en “Vida y Obra. Silke y la Seda”, un libro de casi 300 páginas que recorre su historia personal, su evolución estética y las series que marcaron su trayectoria. La publicación se presentará el 6 de abril en el Museo de Bellas Artes, en un encuentro que promete ser también una celebración del arte entendido como experiencia vital.

Porque para Silke, crear no es solo producir obras: es seguir una intuición profunda. Una que, como ella misma dice, nace de una convicción simple y poderosa: “No me imagino una vida sin pasión”.

-Tu obra habla de color, movimiento y espiritualidad. ¿En qué momento sentiste que el arte podía convertirse en un canal para expresar algo más profundo que la forma?

-Muchas veces es difícil mencionar un tiempo exacto, porque todos esos temas nacen en un subsuelo del alma y van emergiendo. Al principio estoy en un estado muy alerta y unida a mi forma, a mi meta en la vida, al pedido de mi alma para lo que nací. La espiritualidad es como un tejido dorado que traspasa toda mi vida y en algunos momentos aparece una obra. Y la obra siempre tiene que ver con una vivencia muy profunda.

Yo paso a otra dimensión, veo otros mundos, participo en otros mundos. Un guía invisible me lleva a ver espacios, imágenes, colores y formas que necesitan ser expresados. El llamado es tan potente que lo hago enseguida, no lo puedo retrasar un tiempo. Lo lindo es que durante todo el tiempo que trabajo en la obra, de alguna manera mantengo esa frecuencia, esa sensación de estar volando o de estar en otro mundo, pierdo la noción del tiempo, del espacio y me llena de una felicidad que no es la que sentís cuando compras algo: es solemne, profunda, armónica.

Mi deseo más profundo con este libro es incentivar al lector a vivir y realizar para lo que nació. Responder a ese llamado interior. Todos nacimos para algo, nadie nace por casualidad. Estoy siempre agradecida a las reiteradas ocasiones en que las ilusiones llegaron a mí, por eso confío en las personas que me rodean y en el futuro. Confío y doy gracias.

Yo veo todo en colores... Cada palabra, cada número, cada letra, cada mensaje, cada situación, todo lo veo en colores. Por eso eso elegí mayormente la seda, porque me acerco a lo que yo veo. No me invento nada, transmuto la imagen a algo real. La seda es muy noble y de alguna manera transmite esa frecuencia porque la seda transmite energía positiva.

-Empezaste en la pintura, pero encontraste tu lenguaje en el textil. ¿Qué te dio la seda que no encontrabas en otros materiales?

-Sí, mi formación es, por supuesto, en el arte. Desde los 6 años sabía que ése iba a ser mi camino. Pero también hice toda la formación textil. Empecé a trabajar en la parte de diseño de moda en Vesubio y donde encontré una profesora maravillosa, Margarita Epena, que fue mi jefa y me dijo, "Vos sos mi única alumna en mi vida. Y yo te voy a enseñar todo lo que sé".

Y empecé a juntar mi formación plástica con la textil. Salió algo novedoso y me dio la libertad de algo que antes no existía, no había reglas de juego. Y me volqué mucho a trabajar con la seda natural.

-Decís que el arte nace de la pasión y la curiosidad. ¿Cómo se sostiene esa pasión después de tantos años de trabajo?

-Todo lo que me pasa lo veo en color y forma... Si me aparece la imagen y no la hago, me sale un salpullido en la piel. Necesito hacerla y ése es mi placer.

-Muchas veces hablás de “escuchar” antes de crear. ¿Cómo es ese momento en que una obra empieza a aparecer?

-Hay un tema fundamental: estar en el corazón y escucharse. Le tengo que dar espacio al pedido profundo de mi ser. Y al sentir se abre otro espacio, se entrena igual como un deporte. En el momento que nosotros le damos cabida a ese espacio, aparece cada vez más.

Arcano 15 _El diablo
Arcano 15, El diablo

-En tu proceso creativo el error parece tener un lugar importante. ¿Qué te enseñaron los desvíos o las equivocaciones?

-Yo estoy convencida que para crear hay que hacerse amigo del error, porque ¿qué es crear? Crear es hacer algo que antes no existió. Si nunca existió, no hay reglas. Entonces, uno a veces plantea la nebulosa, pero si no lo intentás, si no lo probás, si no tenés algo delante tuyo para ver, no lo podés corregir.

Primero aparece algo que por ahí le falta todavía forma, equilibrio. Entonces lo que parece ser un error, a veces es el trampolín para lo nuevo. Yo solamente aprendí de errores.

-Cuando trabajás con color y textura, ¿qué aparece primero: la emoción, el símbolo o la forma?

-Primero siempre está la emoción que todavía no tiene imagen. Hay emociones que son oscuras, densas, hay otras que son luminosas, con colores más claros, alegres o atrevidas, entonces es más audaz el color... El color se va adaptando a la emoción.

-Tu obra está atravesada por grandes preguntas existenciales: de dónde venimos, quiénes somos, hacia dónde vamos. ¿El arte te ayudó a acercarte a alguna respuesta?

-Sí, estas preguntas me las hago prácticamente que desde que tengo 7 años. Después cuando ya era un poco más grande, empecé a leer mucho sobre antropología y quería buscar de dónde venimos. Indagué mucho en el judaísmo, en el cristianismo, en el budismo, en el hinduismo y en las religiones andinas. Con el arte yo puedo acceder a un espacio diferente. Y cuando comencé a hacer este libro y vi todos los pasos que había dado, me di cuenta que sin haberlo buscado específicamente, aparecen todas las preguntas que siempre están latentes en mí.

Serie Los 4 Elementos_De aqui nace la vida
Serie Los 4 Elementos: De aqui nace la vida

-Muchos ven en tus obras un lenguaje simbólico que conecta con lo arquetípico. ¿Sentís que el arte puede hablarle directamente al inconsciente?

-El lenguaje de la creación, el arte, conecta con lo arquetípico. Sobrepasa la tercera dimensión, está en cuarta, quinta, sexta y séptima dimensión. El arte necesita este vuelo. Y lo arquetípico es también lo que anida en nuestro inconsciente. Nos mueve de este otro lugar.

-En tu trabajo aparece la idea de unidad entre el ser humano, la naturaleza y el cosmos. ¿Cómo se traduce esa visión en una pieza de seda?

-Somos una gran unidad y en todos nosotros mora el cosmos, lo divino. El sol nos genera vida. El ritmo de la luna nos da los ciclos de la menstruación, las subidas y bajadas de los mares, el brote de la cuando uno se sembramos semillas. O sea, el cosmos está en todo, en la naturaleza y en nosotros. No es es imposible separar. A una montaña le llueve encima y tiene agua subterránea. Cuando sale el manantial, ya no se sabe de dónde es. Es una conjunción de una armonía interior y ahí aparece la obra, la idea, el mensaje. Está todo unido. Cuanto más unimos estamos, mejor fluimos con lo que sucede.

-En Los Arcanos en Seda trabajaste con los arcanos mayores del tarot. ¿Qué te atrae de ese universo simbólico?

Tengo 82 años. Cuando tenía 35 empecé a estudiar astrología porque me interesaba descubrir los ritmos: el biorritmo de nuestro planeta, de nuestros tiempos. Así como hay ritmos distintos en las personas, también los hay en las plantas, en los ciclos de la naturaleza y en los destinos.

Después vino la obra de los mundos: el hombre para el mundo y el mundo para el hombre. Dos temas muy ligados a esa búsqueda. Más tarde armé toda la muestra de Los cuatro elementos. Hice más de cincuenta obras y la exposición recorrió grandes museos de Europa.

Cuando esa obra estuvo terminada —cuando ya estaba “parida”, como digo yo— entré en ese momento que a veces le pasa al artista: un pequeño bajón. Terminaste un gran trabajo y todavía tenés que rearmarte para encontrar el impulso de lo nuevo.

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Serie Espiritalidad: Guia Espiritual

En ese momento yo estaba en Moscú, presentando la muestra de Los cuatro elementos en el Museo Nacional Oriental. Vivía en la casa de los embajadores argentinos y, una noche, después de la inauguración, me preguntaron: “¿Y ahora qué vas a hacer después de esto?”

¿Sabés lo que tenía ganas de hacer? Una ópera textil. Una obra enorme, con todo: orquesta, coro, actores, bailarines, colores, ceras, tapices… todo junto. Pero todavía no tenía sobre qué montarla. Me faltaba el hilo conductor.

Entonces dije: lo que voy a hacer es trabajar sobre antes de la vida, el nacimiento, la vida, la muerte y después de la vida. Es decir, las grandes preguntas: de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos. Era completamente coherente con mi búsqueda.

En ese momento, la mujer del embajador me regaló un mazo de cartas del tarot de Aleister Crowley. Esa misma noche soñé todo. Escenas y escenas. Me desperté sabiendo que iban a ser los arcanos. No los conocía, pero sabía que iban a ser los arcanos.

Cuando volví a Buenos Aires empezaron a aparecerme imágenes. A mí las imágenes me llegan según lo que estoy viviendo. Yo salía a pintar con una amiga y le preguntaba: “¿Esta imagen a qué arcano corresponde?”. Y ella me decía: “Ese es tal, este es tal”. Así empecé a hacerlos.

Pero lo importante es que yo siempre vivo los temas. No los invento. Cada imagen de los arcanos yo la estaba atravesando en mi propia vida. La pasé por mi cuerpo, por mi experiencia. Por eso son tan fuertes.

Por supuesto busqué libros —hay muchos sobre el tarot, pero muy pocos sobre los arcanos—. A mí me interesa lo arcaico, lo arquetípico, lo arcano, no lo que te puede pasar en el futuro. Yo no soy tarotista: soy artista plástica. Las imágenes me aparecieron y yo simplemente las realicé.

Tardé más de siete años en hacer toda la serie. Y cuando terminé pasó algo muy interesante: empecé a descubrir que en las obras había símbolos que yo había puesto sin saberlo en ese momento.

Para mí esa serie es la demostración total de que yo no invento nada: realizo la imagen que me viene. Había muchos símbolos colocados que yo no sabía conscientemente que estaban allí.

Silke cosiendo
Silke cosiendo

Te cuento un ejemplo. En La Suma Sacerdotisa, el arcano número dos, uno de los temas es que debemos buscar el conocimiento del universo y develarlo. En la obra aparece una figura rodeada de velos que cubren la astrología, la cábala y otros saberes. Esos velos están ahí porque hay que develar ese conocimiento.

Pero yo eso lo entendí después. No sabía por qué lo había hecho así. La imagen simplemente me apareció y yo la realicé. Por eso todo esto me fascina tanto: porque siento que sucede en otro plano.

-En la serie Los cuatro elementos explorás aire, fuego, agua y tierra. ¿Qué descubriste sobre esas energías al traducirlas en arte?

-Los cuatro elementos fue una experiencia muy intensa. Ocurrió hace muchos años, alrededor de 1987. En ese momento vino una persona de Europa que enseñaba temas de los que acá todavía casi no se hablaba: la energía de las gemas, las regresiones, distintas formas de trabajo con la energía.

Un día me propuso hacer una regresión a otra vida. Pero antes tenía que atravesar una especie de prueba: ver cómo yo podía salir de mi cuerpo. Para eso me envolvió en una frazada y empezó a guiarme, muy lentamente, en un viaje por cada uno de los elementos.

Y te aseguro que en ese viaje yo era aire. Volaba alrededor del planeta Tierra. Era una alegría, una expansión… algo imposible de explicar con palabras. Después me tuvo que traer de vuelta con mucha firmeza.

Cuando llegó el momento del fuego, sentí las brasas debajo de mi cuerpo. Sentía cómo quemaban, cómo subían las llamas y me sobrepasaban. Nada me quemaba de verdad, pero yo sabía que me estaba quemando. Nada me ardía, pero yo sentía que ardía. Yo me transformé en fuego.

Y lo mismo me pasó con la tierra y con el agua. La gran revelación que tuve en esa experiencia fue comprender lo importante que es ser aquello que uno va a expresar.

Silke trabajando
Silke trabajando

Ahí entendí algo fundamental para mi trabajo: todo lo que yo vivo se convierte en imágenes porque, mientras lo vivo, yo soy eso. Y cuando lo expreso, sigo siendo eso. Por eso yo no tengo que pensar: “¿Cómo debería hacer esto?” o “¿Cómo tendría que representarlo?”. No. Nace de una convicción muy profunda. Nace de vivirlo así.

No hay discusión posible, porque es mi experiencia. Otro lo vivirá de otra manera. Pero mi manera es esa, y yo expreso esa manera. Después de esa experiencia con los cuatro elementos —que fue realmente muy fuerte— también cambió mi forma de enseñar.

Hace más de 45 años que doy talleres y seminarios de creatividad, y también escribí un libro sobre creatividad. A partir de ese momento comprendí algo muy claro: para enseñar creatividad, las personas tienen que ser aquello que quieren crear.

Esa experiencia transformó mucho mis clases. Me ayudó a entender, de una manera muy profunda, qué significa realmente crear.

-En Todos Somos Uno aparece una reflexión sobre la unidad del universo. ¿Creés que el arte puede ayudarnos a recordar esa conexión?

-La serie Todos somos uno nace de un momento muy claro en mi vida. En un momento viajé a Ecuador con un grupo y conviví con los indígenas jíbaros, o achuar, como ellos mismos se llaman.Allí viví una experiencia muy fuerte. Compartimos la vida cotidiana, aprendimos unos de otros. Nadie era solamente maestro ni solamente alumno: fue un verdadero intercambio de conocimientos.

Cuando regresé de ese viaje me quedó una certeza muy profunda: todos somos uno, no hay otra verdad posible. De esa experiencia surgió la primera imagen, una obra completamente verde que se llama Interdependencia. Después apareció otra que se llama directamente Todos somos uno. Ambas forman parte de esa serie —que puede verse en mi página web— y con el tiempo fueron apareciendo otras obras, porque cuando uno entra en un tema, las imágenes siguen llegando.

Lo que comprendí con mucha claridad es que el color de piel, la raza, ser hombre o mujer, todo eso pertenece a lo exterior. Por dentro somos seres humanos. Tenemos alma, tenemos sensaciones, sentimos dolor, sentimos amor. Hay algo esencial que nos une a todos.

Esa unidad la sentí muy claramente en la relación de esos pueblos con la naturaleza. Ellos respetan la naturaleza al pie de la letra. Viven de ella, pero jamás la destruyen. Y uno puede ver cómo la naturaleza responde: les ofrece alimento, agua, sol, todo lo necesario.

Viven en una armonía profunda. Gracias a Dios todavía existen estas tribus tan maravillosamente autóctonas, que no necesitan nada de nosotros y que conservan un conocimiento muy valioso. Pero esta serie no habla solo de la unidad entre los seres humanos. También habla de la unidad del universo.

Ojalá estas obras puedan ayudar a tomar más conciencia de eso. Hoy, que ya soy grande, es uno de los temas que más me moviliza. Necesitamos comprender que somos parte de la naturaleza, parte del planeta. Y por eso tenemos que cuidarlo, acariciarlo, respetarlo.

Es nuestra base. Estamos parados sobre la tierra. Respiramos su aire. Por eso digo: no perjudiquemos el aire, no destruyamos los alimentos, no dañemos a las plantas ni a los animales. Seamos honestos, respetuosos y agradecidos.

-Sos considerada una precursora del arte textil contemporáneo en Argentina. ¿Cómo fue transformar una disciplina asociada a la artesanía en un lenguaje artístico?

-Si hablo del nacimiento del arte textil en la Argentina, creo que en ese momento ya estábamos maduros para que ocurriera. Éramos varios artistas que veníamos de distintas disciplinas: algunos de la escenografía, yo de la pintura y del diseño de moda, otros del arte plástico más tradicional o de la escultura. En algún momento todos sentimos la necesidad de expresarnos con materiales textiles.

En otros lugares del mundo ya empezaba a surgir esta tendencia. En Polonia y en Estados Unidos había movimientos muy interesantes que proponían algo distinto: no se trataba de la artesanía maravillosa que existía —y que sigue existiendo—, sino de buscar imágenes propias, imágenes contemporáneas que nacieran desde adentro del artista.

Para mí, la gran diferencia entre artesanía y arte es esa: la artesanía muchas veces repite imágenes y las realiza de manera perfecta y maravillosa; en cambio, el arte busca expresar una imagen propia, algo que nace del alma, de lo más profundo del ser. A veces esa búsqueda resulta mejor, otras veces no tanto, pero lo importante es que surge de una necesidad interior.

Recuerdo que en 1975 hice mi primera muestra en la que combiné pintura, cerámica, escultura y arte textil. Y la reacción del público era muy curiosa. La gente me preguntaba: “¿Y esto qué es? ¿Un cubrecama? ¿Una cortina?”

No registraban que una tela pudiera colgarse en la pared como obra de arte. Era impensable que la fibra textil pudiera ser la base de una creación artística.

Sin embargo, éramos varios los que estábamos explorando ese camino. En un momento algunos habían formado un grupo de artesanos y querían que yo me sumara, pero yo no tenía ganas de asociarme como artesana. Cuando empezamos a pensar el arte textil como lenguaje artístico, entonces sí me acerqué.

No era fácil cambiar la mentalidad del público. No era sencillo que el observador percibiera la diferencia entre una artesanía excelente y una obra de arte textil que buscaba expresar algo profundo del alma del artista.

Pero, paso a paso, el movimiento fue creciendo. Entre quienes estábamos explorando ese camino recuerdo a Silvia Ciburger, Alicia Silman, que venía del diseño de alfombras, Graciela Cutuli, que ya realizaba tapices para la Galería del Sol, Carola Segura, y varios más. Éramos un grupo que estaba buscando algo nuevo.

Con el tiempo logramos muchas cosas: se crearon salones nacionales y municipales de arte textil, exposiciones de mini textiles, muestras colectivas. Poco a poco el movimiento empezó a expandirse.

En 1985, por ejemplo, nos invitaron a participar en un salón en Michoacán, México. Después hubo exposiciones en Montevideo, Buenos Aires, Porto Alegre, también en Cuba, en Canadá… Empezaron a abrirse muchos espacios.

A nivel internacional también estaban sucediendo cosas muy importantes: la Bienal de Lausanne, la Trienal de Polonia, encuentros latinoamericanos de mini textiles entre Uruguay, Argentina, Brasil y Colombia, y otros centros internacionales dedicados al tapiz contemporáneo.

De pronto, todo empezó a surgir como hongos después de la lluvia. Era como si algo que estaba latente desde hacía tiempo finalmente emergiera.

Todavía no éramos muy conocidos. Éramos nosotros mismos quienes estábamos tratando de salir a la luz, de abrir caminos. Y era fascinante. Porque, de alguna manera, estábamos creando un campo nuevo dentro del arte plástico. Estábamos construyendo un lenguaje.

Por supuesto tuvo sus dolores de parto, como todo nacimiento. Pero el nacimiento estaba lleno de entusiasmo y de alegría. Yo formé parte de ese movimiento desde el principio, integrada y luchando junto a otros para encontrar espacios donde el arte textil pudiera ser reconocido como lo que es: una forma plena de arte.

-¿Sentís que el arte textil tiene hoy un nuevo reconocimiento en el mundo del arte?

-Sí, hoy el arte textil está plenamente asentado. De hecho, muchos pintores y escultores comenzaron a incorporar el textil en sus obras o directamente se volcaron a trabajar con este lenguaje.

Es una manera distinta de crear. El textil, en general, es blando, maleable, transportable. Tiene otro tipo de presencia: no es tan rígido ni tan duro como la escultura, ni tan estructurado como un bastidor de pintura. Esa es la parte externa. Pero también hay algo interno que sucede cuando uno trabaja con estos materiales.

Cuando uno se expresa sobre algo blando, aparece otra profundidad. O al menos a mí me ocurre así: lo blando abre otra dimensión en la forma de expresar. Es como si ese material permitiera un lenguaje más sensible, más orgánico, una manera diferente de decir lo que uno quiere decir.

-Tu nuevo libro Vida y Obra. Silke y la Seda recorre tu trayectoria y tu universo creativo. ¿Qué quisiste dejar registrado en estas páginas?

Mi deseo más profundo con este libro es incentivar al lector a vivir y realizar aquello para lo que nació. A responder a ese llamado interior. Para los artistas eso suele ser algo natural, casi inevitable. Pero creo que también vale para todas las personas. Porque todos nacemos para algo; nadie llega a este mundo por casualidad.

Cuando vi mi obra reunida en el libro, comprendí algo muy fuerte sobre mi propia vida. De hecho, en las palabras finales escribo algo que lo resume muy bien:

"En este libro entrego el testimonio de mi vida, que fui plasmando en mi obra. Todas mis creaciones resultan de esta existencia: una vida plena de conexión, entusiasmo y gratitud. Al verlas hoy comprendo que la totalidad de mis tapices son atemporales y se vinculan con símbolos universales. Un legado de la humanidad vino a mí y me atravesó, en la evidencia de que hay algo sagrado que nos incluye. Siento que desde que tengo conciencia fui guiada a transitar el camino para el cual nací, acompañada de una confianza primordial en el universo y de la seguridad de que nada sucede por casualidad. En todo lo que acontece subyace un sentido más profundo. Estoy siempre agradecida por las reiteradas ocasiones en que las intuiciones llegaron a mí. Por eso confío en las personas que me rodean y en el futuro. Confío y doy gracias."

Ese es, en el fondo, mi testimonio. Y eso es lo que me gustaría transmitir: qué importante es que cada persona escuche esa pequeña voz interna, ese pedido del alma. Si uno está atento, durante la vida puede ir realizándolo paso a paso.

Seríamos un mundo muy diferente si todos pudiéramos hacerlo. A veces me despierto a la mañana y siento una felicidad muy profunda. No es una felicidad externa, sino una felicidad interior, una sensación de coherencia, de equilibrio, de gratitud.

Es una felicidad tan grande que dan ganas de abrazar al mundo entero. Y yo creo que esa sensación aparece cuando uno siente que está concretando aquello para lo que nació.Ojalá que quienes lean mi libro puedan entusiasmarse, tomar conciencia de que todos tenemos esa posibilidad.

-Después de toda una vida dedicada al arte, ¿qué sigue sorprendiendo a la Silke de hoy?

-No sé si me sorprendo de la Silke de hoy. En realidad, me sorprende la vida. Cada tanto aparecen situaciones nuevas, desafíos inesperados. Por ejemplo, mañana me pidieron que hable en una gran reunión con empresarios… y que lo haga como si fuera el alma de ellos. Y sí, lo voy a hacer.

Lo hago porque creo profundamente que es muy importante que cada uno pueda conectarse con su propia alma. Así es como la vida me va trayendo cosas: de pronto aparecen nuevas experiencias, o se cruzan personas en mi camino que me ofrecen conocimientos impresionantes. Hay una conexión muy especial en esos encuentros.

Las personas que me rodean son muy valiosas. Por eso digo que vivo asombrada de la vida, enamorada de la vida.

Traje Arcano by Silke
Traje Arcano by Silke

-Si tuvieras que resumir tu filosofía creativa en una sola idea, ¿cuál sería?

Si tuviera que resumir mi filosofía de vida en una sola idea, diría algo muy sencillo: viví para lo que naciste. Nunca a costa de otros, siempre con tu propio ímpetu, con alegría y con esfuerzo.

Cuando me preguntan qué me gustaría que sienta alguien al pararse frente a una de mis obras, la verdad es que yo no pretendo nada. Cada persona tiene su propia manera de sentir, de ver y de vivir lo que experimenta.

Pero en la práctica veo algo muy interesante. Las personas que visitaron una muestra mía muchas veces me dicen que nunca la olvidaron. También me pasa aquí, en el taller o en las exposiciones: veo a la gente detenerse frente a las obras y quedarse en silencio. A veces algo las conmueve profundamente; incluso las veo con lágrimas en los ojos.

Eso es lo que me interesa. Que la obra llegue a un lugar profundo. No al nivel de la tercera dimensión, donde alguien puede decir: “Qué bien hecho está”, “cuántas horas trabajaste”, “cómo lo hiciste”. Todo eso tiene que ver con la técnica, y la técnica también es importante.

Pero lo que a mí realmente me interesa es llegar a la profundidad del alma. Y siento que, muchas veces, lo logro.

-Cuando alguien se detiene frente a una de tus obras, ¿qué te gustaría que sintiera?

-Cuando me preguntan qué me gustaría que sienta alguien al pararse frente a una de mis obras, la verdad es que yo no pretendo nada. Cada persona tiene su propia manera de sentir, de mirar y de vivir lo que experimenta.

Pero en la práctica observo algo muy interesante. Muchas personas que visitaron una muestra mía me dicen que nunca la olvidaron. También me pasa aquí, en mi taller o en las exposiciones: veo a la gente detenerse frente a una obra y quedarse en silencio. A veces algo las conmueve profundamente; incluso he visto personas con lágrimas en los ojos.

Eso es lo que realmente me interesa: que algo llegue a un lugar profundo. No al nivel más superficial —donde alguien puede decir “qué bien hecho está”, “cuántas horas te llevó”, “cómo lo hiciste”—. Todo eso pertenece a la técnica, y la técnica también tiene su valor.

Pero lo que a mí me importa es llegar a la profundidad del alma. Y siento que, muchas veces, lo logro.

-¿Creés que el arte puede ayudarnos a reconectar con algo esencial que a veces olvidamos?

-Claro que el arte nos conecta con algo muy profundo. Tanto la música, como una buena película, una obra de teatro o una danza, nos ponen en contacto con una dimensión muy propia del ser humano.

Es un sentimiento que muchas veces es difícil expresar con palabras, pero cuando aparece sentimos que algo se mueve en otro plano, en un lugar muy profundo de nosotros mismos.

Por eso es fundamental mantener el arte vivo en todas las culturas. Desde que tengo conciencia, no existe ninguna cultura que no tenga arte: música, expresión plástica, visual, auditiva, teatro. Todas las culturas lo tienen, porque el ser humano lo necesita para ser completo.

El arte despierta algo en nosotros, activa un espacio interior que en la vida cotidiana muchas veces queda dormido, porque estamos ocupados con tantas obligaciones y tareas. Pero cuando aparece el arte, algo se abre.

El arte nos transporta a otro mundo. Y ese mundo es absolutamente indispensable en nuestra vida.

 
 

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