La búsqueda desesperada de la pareja desaparecida en Rocas Coloradas, Chubut, pone en foco las dificultades del terreno y los riesgos ocultos que esconde su belleza agreste. Andrea Farías, vecina de Comodoro Rivadavia, habló con ADN Sur al recordar una experiencia que su familia vivió en ese mismo lugar: su hijo de 13 años quedó atrapado en un sumidero de arcilla que parecía suelo firme. “Mientras más se movía, más se hundía”, contó.
La desaparición de Juana Inés Morales (69) y Pedro Alberto Kreder (79) mantiene en vilo a toda la comunidad patagónica. Mientras los equipos de rescate intensifican el operativo en la zona de Rocas Coloradas, una región de impactante belleza y terreno irregular, comienza a circular una advertencia que podría ser clave: los sumideros de arcilla, pozos ocultos que se camuflan bajo una capa blanca y seca, capaces de “tragar” a una persona entera en segundos.
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Andrea Farías, vecina de Comodoro Rivadavia, revivió en diálogo con medios locales el episodio que su familia atravesó años atrás: “Ni bien escuché la noticia de la pareja, fue lo primero que pensé —relató—. A mi hijo le pasó algo parecido en ese lugar. El suelo se ve firme, pero no lo es”.
Su hijo Renzo, que entonces tenía 13 años, acampaba con amigos cuando cayó en uno de estos pozos invisibles. “Se veía planito, pisó y cayó. Los chicos vinieron corriendo a avisarnos y cuando llegamos estaba hundido hasta los hombros. Mientras más se movía para salir, más lo chupaba la tierra”, contó Andrea.
La escena fue desesperante. Los amigos improvisaron una cadena humana para rescatarlo. “Parecía que la tierra lo tragaba. Tuvieron que tirarse al suelo y agarrarlo entre todos. Salió embarrado, blanco, cubierto de un lodo pegajoso. Si se movía más, desaparecía”, recordó la mujer.
El peligro invisible
Estos sumideros de arcilla blanca se forman por la erosión del agua y la acumulación de lodo bajo la superficie. A simple vista parecen suelo seco, pero en realidad esconden cavidades huecas y resbaladizas. “Vos ves la tierra y parece lisa, blanca, firme. Pero por abajo hay agua, hay huecos. Si pisás ahí, te hundís”, explicó Farías.
Por eso, su familia adoptó una medida preventiva cada vez que vuelve a la zona: “De ahí en más, andamos con palos o piedras. Cuando ves una parte lisita, revoleás una piedra antes de pisar. Si se hunde, no te acerques”.
Una advertencia que hoy cobra sentido
La historia de Renzo y su madre hoy resuena con fuerza frente al caso de Morales y Kreder. “Si ellos salieron a buscar ayuda y no conocían bien el terreno, pudieron haberse topado con uno de esos pozos. Porque uno se confía: ve algo plano, cree que está firme, y resulta ser una trampa”, reflexionó Andrea.
Su testimonio no busca infundir miedo, sino conciencia: “No hay que tener miedo, hay que tener precaución. Rocas Coloradas es un lugar hermoso, pero agreste. Hay que conocerlo, respetarlo y no confiarse”.
Mientras continúa la búsqueda de Juana Morales y Pedro Kreder, la historia de Andrea y su hijo se vuelve una alerta temprana sobre los riesgos invisibles que pueden esconder los paisajes naturales de la Patagonia. Bajo la aparente calma del suelo blanco y liso, puede haber una trampa mortal. Y a veces, como dice Andrea, la naturaleza no da segundas oportunidades.
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