Aquel 8 de septiembre de 2022 el mundo se detuvo, pero dentro de los muros de la familia real el clima era de un caos absoluto. Mientras el Reino Unido comenzaba a procesar la noticia de que la salud de Isabel II se deterioraba rápidamente, en Londres se desataba una crisis de puertas adentro que terminaría de fracturar la relación entre los Sussex y el resto de los Windsor.
La escena que describe el periodista Tom Bower en su reciente libro, Betrayal, es de una intensidad emocional extrema. Tras recibir la noticia de que su madre estaba grave, el entonces príncipe Carlos llamó a sus hijos, William y Harry, para pedirles que se dirigieran de urgencia al aeropuerto de Northolt. Un avión los esperaba para trasladarlos a Balmoral, la residencia de descanso en Escocia. Sin embargo, en medio de la urgencia, hubo un límite que el actual monarca no estuvo dispuesto a cruzar.

Un diagnóstico de deslealtad y una orden directa
La decisión de excluir a Meghan Markle de ese círculo íntimo no respondió a un tema de logística ni fue una casualidad de último momento. Según detalla Bower, cuando Carlos supo que la actriz planeaba viajar a Escocia para despedirse de la Reina, su reacción fue inmediata y cortante: “Eso era inaceptable”.

El motivo detrás de esta negativa estaba cargado de historia y de heridas que aún no habían cicatrizado. El autor asegura que Meghan había rechazado reiteradas invitaciones de Isabel II para visitarla en Balmoral en el pasado, un gesto que en vida de la monarca ya había generado malestar en la familia. "Compartir su dolor con Meghan, quien difamaba a la monarquía, era impensable", sostiene Bower en su relato, añadiendo que Carlos estaba convencido de que su madre se había sentido conmocionada por la deslealtad de Harry hasta sus últimos días.
La reacción de Harry: entre el enojo y el despegue
Para el príncipe Harry, verse obligado a elegir entre su esposa y el último adiós a su abuela fue una situación límite. El libro describe a un Harry "indignado" y furioso ante la prohibición de su padre. Esa tensión provocó que el duque de Sussex se retrasara, mientras el resto de la familia tomaba decisiones pragmáticas frente al reloj que no se detenía.

De acuerdo con el relato de Bower, William no estuvo dispuesto a esperar más y ordenó el despegue del avión, dejando a su hermano atrás. Harry finalmente accedió a viajar solo a Escocia, mientras Meghan se quedaba en el Reino Unido. Aunque días después se la vería en el funeral oficial, su ausencia en el lecho de muerte quedó grabada como el símbolo máximo de la distancia que la separa de la corona.
La respuesta de los Sussex ante las nuevas revelaciones
Como era de esperar, las afirmaciones publicadas en Betrayal no pasaron desapercibidas en California. Un vocero de los Sussex salió al cruce rápidamente para cuestionar la credibilidad del autor, asegurando que Bower ha "traspasado desde hace tiempo la línea entre la crítica y la obsesión".

Desde el entorno de Harry y Meghan sugieren que quienes busquen información verificada deberían acudir a otras fuentes, intentando restarle peso a un relato que vuelve a poner el foco en la vulnerabilidad de la familia real en uno de sus momentos más tristes. Sin dudas, lo ocurrido en Balmoral sigue siendo, tres años después, una herida abierta que define el presente de la monarquía británica.


