La historia de Delfina —a quien su familia llamaba “Delfi”— conmovió profundamente y volvió a poner en agenda un debate pendiente en la Argentina: el derecho a decidir sobre el final de la vida.
Tenía 25 años cuando falleció, el 14 de febrero de 2025, tras atravesar una enfermedad devastadora. Detrás de su historia, hay una vida intensa, una familia que la acompañó hasta el final y un pedido que hoy se transformó en legado.
“Delfi era un huracán”, la definió su mamá, Florencia Jardel, en una entrevista con Tatiana Schapiro para Infobae. “Vivía a fondo, siempre con objetivos”.
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El diagnóstico que cambió todo
Todo comenzó a principios de 2024, cuando una convulsión encendió las alarmas. Delfina estaba en Estados Unidos, donde estudiaba, cuando fue internada.
Tras regresar a la Argentina y someterse a una cirugía, llegó el diagnóstico: un glioblastoma multiforme, uno de los tumores cerebrales más agresivos y sin cura. El pronóstico era claro: entre ocho meses y un año y medio de vida.

Una forma distinta de atravesar la enfermedad
Lejos de rendirse, Delfina decidió vivir ese tiempo con intensidad. Siguió estudiando, completó materias de la universidad, viajó con su familia y hasta cumplió uno de sus objetivos personales: participar de una media maratón, a pesar de las recomendaciones médicas.
“Logramos ser una casa feliz”, recordó su mamá. “Planificábamos cenas, jugábamos, compartíamos momentos”.
Incluso en medio de la enfermedad, Delfina encontraba disfrute en lo cotidiano: una comida, un atardecer, una charla.
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El momento en que empezó a hablar de la muerte
Hacia fines de 2024, cuando la enfermedad avanzó y comenzó a afectar su movilidad, Delfina empezó a hablar abiertamente sobre el final.

“No quería vivir con el cuerpo inmovilizado”, contó su mamá. Ese fue uno de los puntos centrales de su decisión.
En ese contexto, comenzó a informarse sobre la eutanasia y el suicidio asistido, incluso evaluando alternativas en otros países.
Qué permite la ley en Argentina
En Argentina, la eutanasia no está legalizada. Sin embargo, existe la Ley de Muerte Digna, que permite a los pacientes rechazar tratamientos médicos y acceder a cuidados paliativos.
En el caso de Delfina, se aplicó la sedación paliativa, un procedimiento que busca aliviar el sufrimiento en etapas terminales.
“Ella quería irse tranquila”, recordó su mamá. “Lo único que yo quería era ayudarla”.

Sus últimos días
Delfina fue internada el 9 de febrero de 2025. Cinco días después, el 14 de febrero, falleció.
Hasta el final, mantuvo una actitud activa y consciente: se despidió de sus seres queridos, dejó mensajes y compartió momentos con su familia.
“Disfrutó hasta el último día”, contó Florencia en la entrevista citada.

Un legado que sigue
Antes de morir, Delfina dejó un pedido claro: que su historia sirviera para impulsar el debate sobre la eutanasia en Argentina.
Su mamá hoy continúa esa lucha. “Ella amaba la vida como nadie. Pero quería decidir hasta dónde”, expresó.
Su historia no solo conmueve por lo que vivió, sino también por lo que deja abierto: una conversación profunda sobre el derecho a elegir, el acompañamiento y los límites de la medicina.


