Al Waleed bin Khaled bin Talal Al Saud, conocido como el “príncipe durmiente” de Arabia Saudita, murió este domingo 20 de julio a los 36 años, luego de pasar dos décadas en coma. La noticia fue confirmada por su padre, el príncipe Khaled bin Talal, quien expresó su dolor en redes sociales: “Con los corazones creyendo en la voluntad y el decreto de Alá, y con profundo dolor y tristeza, lloramos a nuestro amado hijo”.

El funeral se celebró en la mezquita Imam Turki bin Abdullah, en Riad, la capital saudita, con la asistencia de familiares, figuras oficiales y allegados a la familia real.
El accidente que cambió su destino
Al Waleed tenía apenas 15 años cuando sufrió un brutal accidente automovilístico en Londres, mientras estudiaba en una academia militar británica. El impacto le provocó una hemorragia cerebral masiva y un traumatismo craneoencefálico severo, dejándolo en un estado vegetativo persistente.

Fue atendido de urgencia en Reino Unido, pero debido a la gravedad del caso, fue trasladado a la Ciudad Médica Rey Abdulaziz de Riad, uno de los centros hospitalarios más avanzados de Arabia Saudita, donde permaneció internado desde entonces.
Dos décadas de cuidados intensivos
Durante 19 años, el príncipe permaneció conectado a un sistema de soporte vital. Su padre rechazó desde el inicio cualquier posibilidad de suspender la asistencia médica, sosteniendo que “la vida y la muerte están únicamente en manos de Dios”.

Entre 2019 y 2020, la familia compartió algunos videos donde se lo veía moviendo los dedos y levantando una mano, lo que dio lugar a esperanzas de recuperación. Sin embargo, esos gestos no implicaron una mejora clínica significativa.
Una figura con peso simbólico en Arabia Saudita
Al Waleed era parte de una de las ramas más influyentes de la familia Al Saud. Era bisnieto del fundador del reino, el rey Abdulaziz, e hijo del príncipe Khaled, conocido por sus posturas religiosas conservadoras. Además, era sobrino del príncipe Al Waleed bin Talal, uno de los hombres más ricos del mundo árabe.

Su historia —una mezcla de tragedia, devoción familiar y persistencia médica— generó conmoción dentro y fuera del mundo árabe. Fue llamado “el príncipe durmiente” por la prensa internacional, y su caso abrió debates éticos sobre los límites de la vida asistida.
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