"La noche que conocí a Giorgio Armani y entendí su verdadera grandeza": el recuerdo de un instante inolvidable - Revista Para Ti
 

"La noche que conocí a Giorgio Armani y entendí su verdadera grandeza": el recuerdo de un instante inolvidable

En mayo de 2013 tuve el privilegio de conocer a Giorgio Armani en persona. Hoy, tras su partida, recuerdo aquel instante mágico que quedó congelado en una foto y que se convirtió en uno de los tesoros más grandes de mi carrera periodística.
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Hoy la moda llora a Giorgio Armani, y yo no puedo dejar de recordar el instante en que tuve el privilegio de conocerlo en persona. Fue en mayo de 2013, cuando viajé a Milán con Para Ti para la presentación oficial de , la fragancia que marcó un nuevo capítulo en su imperio. Aquella vez tuve la oportunidad de entrevistar a Cate Blanchett y, sobre todo, de estar frente a frente con el gran “re Giorgio”.

El viaje estuvo liderado por Myrna Polotnianka, y fuimos un grupo muy pequeño de periodistas invitados a vivir una experiencia única. La presentación se hizo en un club nocturno, con ese aire sofisticado que siempre rodeaba al universo Armani. Él estaba en un rincón del VIP, acompañado por amigos celebrities, entre ellos la mismísima Blanchett.

Recuerdo que me invadió una mezcla de timidez y decisión. Yo no suelo ser cholula ni pedir fotos a mis entrevistados, pero esta era una ocasión distinta. Sentía que debía guardar un recuerdo tangible de ese encuentro. Así que alenté a mis colegas a sumarse y juntos nos encaminamos hacia él.

Mi foto con Giorgio Armani, en mayo de 2013.
Mi foto con Giorgio Armani, en mayo de 2013.

Con la mejor de mis sonrisas lo saludé y, casi de inmediato, le pedí si podía sacarse una foto con nosotras. Armani, simpático y generoso, no dudó un segundo. Posó frente a la cámara como si estuviera en una producción, aunque en realidad era un gesto íntimo, humano, que lo mostraba en toda su grandeza.

Mi foto con Giorgio Armani, en mayo de 2013.
Le pregunté: ¿Nos podemos sacar una foto juntos?. El nos sonrió y posó sin problema.

Porque en 2013 todavía no se usaban los celulares para todo. Esa foto la tomé con mi Canon digital, y desde entonces quedó congelada para siempre en sus pixeles como uno de los momentos más valiosos de mi carrera periodística. De esos lujos que este oficio me ha sabido regalar.

Hoy esa imagen, que tengo colgada en mi feed de Instagram, adquiere un valor supremo. Ya no es solo una foto con un ícono de la moda: es un testimonio de la humildad de un hombre inmenso, que en su grandeza nunca dejó de ser cercano.

Esa sonrisa que me regaló aquella noche en Milán la llevo conmigo como un tesoro. Y hoy, al despedirlo, quiero agradecerle no solo por haber cambiado la historia de la moda, sino por haberme mostrado, en un instante breve y eterno, que la verdadera elegancia también se mide en gestos de humanidad.

Hasta siempre, maestro.

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