Mirtha Legrand fue, antes que nada, una estrella de cine. En los años en que la pantalla grande marcaba el pulso cultural, su nombre se instaló como uno de los más populares, asociado a una imagen de elegancia y presencia que rápidamente la convirtió en figura.

Pero con el paso del tiempo y el crecimiento de la televisión, ese escenario empezó a cambiar. Y fue ahí donde tomó una decisión que redefinió su carrera.

El giro que la acercó a la gente
Lejos de quedarse en el lugar que ya tenía ganado, dio un paso clave: pasar a la televisión y ponerse al frente de un programa propio. Así nacieron sus almuerzos, un formato que con los años se volvió parte de la vida cotidiana de varias generaciones.

Ese cambio no fue menor. Dejó de ser solo una actriz para convertirse en anfitriona, en una figura que dialoga, pregunta y marca agenda desde su mesa.
Estar, siempre estar
A lo largo de las décadas, su presencia se mantuvo mientras todo alrededor cambiaba: los medios, los formatos, los temas de conversación. Su estilo -formal, directo, reconocible- se sostuvo como marca, mientras el programa incorporaba nuevas voces y debates.

Esa combinación entre continuidad y adaptación es una de las claves de su vigencia.

99 años y una forma de permanecer
Hoy, al cumplir 99 años, su recorrido no se explica solo por la trayectoria. Hay también una forma de entender el trabajo, de sostener una presencia y de leer cada época.

Su paso del cine a la televisión no fue solo un cambio de formato, sino el inicio de una etapa que la mantuvo en el centro de la escena. Y que la convirtió, con el tiempo, en una de esas figuras que todos reconocen, sin necesidad de presentación.


