Rocío Marengo fue mamá el 3 de diciembre de Isidro, el hijo que tuvo junto a Eduardo Fort. El bebé nació de manera prematura, en el octavo mes de embarazo, y debió permanecer internado en neonatología durante tres semanas. En una entrevista con La Nación, realizada por la periodista Liliana Podestá, la actriz y conductora habló con honestidad y emoción sobre esos días atravesados por la angustia, el miedo y la fortaleza.
“Isidro nació el 3 de diciembre. Yo estaba en reposo absoluto, pero nunca me imaginé que se iba a complicar”, contó Rocío al recordar cómo se precipitó el parto. Según relató, atravesaba un embarazo delicado: “Tenía un hematoma, coágulos, pérdidas y me dieron una medicación con la que controlé todo hasta que en un momento dejó de hacer efecto y ahí me dijeron que había que ir a quirófano”.

Rocío Marengo tras su alta: "No paraba de llorar con una angustia tremenda”
Tras el nacimiento, llegó uno de los momentos más duros: el alta médica de ella y la internación prolongada de su hijo. “Hice todo lo posible para estirar mi internación, para estar al lado de mi hijo, porque no me quería ir de la clínica sin mi bebé”, confesó al medio citado.
Finalmente, el alta llegó el 24 de diciembre. “Al final me dieron el alta, porque estaba bien. Fue duro salir de la clínica sin bebito y llegar a mi casa sin mi hijo y sin panza”, recordó. Ese contraste fue demoledor: “Me miré al espejo y fue fuerte. No paraba de llorar con una angustia tremenda”.
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Marengo: "En la clínica me di cuenta que tenía que cambiar el chip"
La distancia duró poco. “A las dos horas me volví a neo”, contó, y al evocarlo se volvió a emocionar: “Lo recuerdo y quiero llorar otra vez”. En ese punto de la entrevista, Rocío hace una pausa y se quiebra al revivir ese día que aún siente muy cercano.

Con el correr de los días, entendió que tenía que encontrar la forma de sostenerse. “En la clínica me di cuenta de que tenía que cambiar el chip”, explicó. Desde entonces, su rutina fue inquebrantable: “A partir de ese día fui todos los días a la clínica a primera hora y me quedaba todo lo posible, casi hasta la medianoche. Me costaba dejarlo”.
En ese proceso, Rocío entendió que tenía que cuidarse y descansar para poder amamantar a su bebé. Y cerró con una frase que resume ese aprendizaje forzado: “Te obligan a ponerte de pie y darle para adelante”.
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