"Por los que estuvieron acá": es argentina y ganó una maratón en las Islas Malvinas en el Día de la Mujer - Revista Para Ti
 

"Por los que estuvieron acá": es argentina y ganó una maratón en las Islas Malvinas en el Día de la Mujer

En el Día de la Mujer, la corredora de Pinamar Candela Cerrone se consagró en la maratón más austral del mundo, en Islas Malvinas. Corrió con el viento del Atlántico Sur en la cara y una dedicatoria en el corazón: “Por los caídos, por los veteranos, por todos”.
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El viento en las Islas Malvinas no es un viento cualquiera. Viene del Atlántico Sur, atraviesa los pastos bajos de las islas y parece traer consigo algo más que frío: trae memoria. Ese viento soplaba este domingo cuando Candela Cerrone (48) empezó a correr.

Cuarenta y dos kilómetros. Una maratón entera. Pero no era una maratón cualquiera. Las piernas hacían su trabajo —un paso, otro paso—, mientras la cabeza iba más lejos. Mucho más lejos. Hasta 1982. Hasta los nombres grabados en las cruces blancas del Cementerio de Darwin. Hasta los jóvenes que habían pisado esa misma tierra con otro destino.

Camila Cerrone le dedicó la carrera a los caídos en Malvinas.
Camila Cerrone le dedicó la carrera a los caídos en Malvinas.

Correr, en ese lugar, tiene algo de conversación silenciosa con la historia. Candela lo sabía.

Había viajado desde Pinamar con meses de entrenamiento en el cuerpo y una idea fija en el corazón: correr en esas islas que los argentinos nombran con una mezcla de orgullo, nostalgia y dolor. El circuito no ayuda. El terreno es irregular, el viento pega de frente y el clima cambia sin pedir permiso. Pero hay cosas que empujan más que las piernas.

Mientras avanzaba por el recorrido de la Stanley Marathon —la maratón más austral del mundo— Candela llevaba algo invisible con ella. A su familia. A sus amigos. A todos los que la habían acompañado en los entrenamientos. Y también, de alguna forma, a quienes habían estado allí antes. A miles de kilómetros, esa carrera tenía ecos.

En Buenos Aires, su marido caminaba kilómetros con su hija. En Villa Gesell, un amigo corría también 42 kilómetros. En Pinamar, otros runners se iban sumando simbólicamente al desafío.

Como si cada paso trazara una línea invisible que unía el continente con las islas. Candela siguió corriendo. Cuando finalmente vio la meta, el cuerpo estaba cansado, pero el corazón parecía correr más rápido que nunca.

Cruzó la línea en 3 horas, 15 minutos y 30 segundos. Había ganado. Pero lo que dijo después fue lo que realmente quedó flotando en el aire frío de las islas. “Por los caídos, por los veteranos, por los tenientes, por todos los que estuvieron acá”. La frase salió entre emoción y lágrimas.

La carrera había coincidido, además, con el Día Internacional de la Mujer. Y de pronto la escena tenía algo profundamente simbólico: una mujer argentina cruzando la meta en Malvinas, hablando de memoria y de respeto.

Después vendría otra parada inevitable. El Cementerio de Darwin. Porque hay carreras que terminan cuando se cruza una línea blanca pintada en el suelo. Y hay otras que siguen mucho más allá.

 
 

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