Natalia Lobo se confiesa: "Cuando supe que me tenía que operar tomé conciencia de que había que hacer un cambio: fue como un alerta en mi vida" – Revista Para Ti
 

#Protagonistas, Natalia Lobo: "Cuando supe que me tenía que operar tomé conciencia de que había que hacer un cambio: fue como un alerta en mi vida"

Valiente pero sin dejar de lado la espiritualidad que la caracteriza, Natalia Lobo habla de su presente y de todo lo que generó la enfermedad que transitó en los últimos meses del 2019, cuando se tuvo que operar para extirpar un tumor maligno de los intestinos. A partir de ese momento, esta mujer de 53 años, mamá de Inti, de 20, decidió hacer cambios profundos en su vida, los cuales fueron meditados en profundidad a través de un viaje introspectivo que la conectó consimo misma como nunca. 
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Profunda, mística y espiritual. Pero a la vez, con los pies bien firmes apoyados sobre la tierra, viviendo el presente con toda la intensidad posible. Así la vimos yasí la sentimos a Natalia Lobo en esta nota, donde la exactriz y modelo se animó a exponerse en cuerpo y alma, hablando del cambio de vida que experimentó durante los últimos tres años, movilizada por una enfermedad que la obligó a operarse y a repensar su realidad.

Muy enamorada de Ariel Polaco, su marido, a quien conoció al año de separarse de Pablo Pirillo, el papá de Inti, su hijo de 20 años, Natalia revela que su encuentro con él fue "muy sanador". "Como si la vida nos hubiera dado otra oportunidad", afirmó al recordar cuándo se conocieron.

Abocada a nuevos proyectos, esta bella mujer de 53 que supo tener una carrera actoral que le permitió lucirse tanto en televisión como en teatro y cine, confiesa qua ha decidido dar por terminada esa etapa de su vida. "Siento que no quiero actuar más", reveló.

-Te casaste hace muy poco con Ariel Polaco. ¿Cómo fue esa luna de miel y cómo llevás tu vida de casada?

-¿Cómo llevo mi vida de casada? Y la verdad que más o menos igual, nada más que se consolidó el amor. Lo que decidimos hacer fue como un festejo y un ritual para consagrar nuestra unión y nuestro encuentro. No es que haya cambiado mi vida, sino que es algo que se consagró, se festejó ese amor y ese encuentro y ahora lo que queremos es que la rutina y lo cotidiano no nos hagan olvidar quién es cada uno, cuáles son nuestros intereses y nuestras individualidades y que no apague la magia del encuentro. Que un poco el ritual de nuestra unión fue eso, ¿no? Hablar de nuestra libertad, de nuestras formas de ser en muchas cosas distintas y de nuestro respeto el uno por el otro; entonces ahora el desafío es, después de esta unión, cómo llevamos el día a día y vamos bien.

Y la luna de miel... a nosotros nos encanta viajar, al mes de conocernos nos fuimos a Formentera, que fue una aventura y fue genial, porque siento que esa primera aventura marcó nuestra relación, éramos como dos adolescentes de 15 y 17 años, que después de pasar tiempos difíciles volvieron a encontrarse, y volvieron a tener 17 y fue como retomar la alegría, el juego y la aventura. Y eso marcó nuestra relación y cada vez que nos vamos de viaje es eso, es como una aventura, es momento a momento, ir sin mucho plan.

Un aviso del cuerpo y el poder de la mente

-Hace un tiempo contaste que durante 2019 tuviste un problema de salud grave por el cual te sacaron 25 cm de intestino y que en ese momento salió la promesa de casarte con Ariel. ¿Querés contarme qué enfermedad tuviste? ¿Que te pasó?

-Yo no siento que tuve una enfermedad. Yo siento que tuve un llamado de alerta. Así lo viví. No lo viví como una enfermedad. Me encontraron un pólipo que se había convertido en un tumor y había que sacarlo. Yo venía hacía un tiempo con la idea de hacer un cambio, sentía que había algo que no estaba funcionando y me sentía mal. Cuando me dijeron lo que tenía, entendí claramente que el cuerpo me estaba avisando que había una etapa que había terminado, que tenía que agradecer a esa oscuridad, a esa bola oscura que se me había formado, por todo lo que me había enseñado, tenía que sacarla y tenía que entrar a una nueva vida. Así lo sentí y me di cuenta en ese instante del poder de la mente, ¿no? Me di cuenta que todo dependía cómo lo encaraba, qué sentía en ese momento y que el peor enemigo que uno puede tener es su propia mente.

Si en ese momento yo sentía que estaba todo mal, estaba todo mal. Todo dependía de cómo encaraba esa situación, y me di cuenta del verdadero poder que tiene nuestra mente sobre nuestro cuerpo. Es todo. Yo sentí que fue un momento bisagra, fue estar en contacto absoluto con la vida. Como un despertar. Y darme cuenta de eso, que había algo oscuro que había que sacar, que le agradecía con todo mi corazón por todo lo que me había enseñado, que ya estaba, y que para entrar en una nueva vida había que sacarlo y había que hacer un gran cambio. Y así lo encaré. Y funcionó.

Pero en ningún momento entendí que estaba enferma. Creo que me di cuenta después de que era un tumor maligno en el intestino, que estaba encapsulado, se sacó y está todo perfecto. Nunca le puse nombre porque me parecía que para mi era eso, un llamado, tomar conciencia del cambio que había que hacer. Básicamente eso. Porque a veces, cuando uno se enreda con el nombre y la enfermedad, le ponés el foco en algo donde no te tenés que detener. Eso es un llamado de alerta para que uno haga el cambio que tiene que hacer, tome conciencia y se dé cuenta por qué se te armó eso oscuro adentro. Hay que ir más profundo porque si no, uno se queda en el susto y no la ves, no avanzás.

El cambio que llegó: la conexión con sí misma

-¿Cómo fue tu vida entre ese momento y el día que te casaste?

-Me dijeron que tenía este pólipo malo, este tumor y a los tres días me operé, tuve tres días para para ver cómo lo encaraba; y a los dos meses de la operación apareció la pandemia. Ya a dos semanas de la operación estaba comiendo bien y en ese momento entré como en una búsqueda y la pandemia para mi fue como muy interesante, porque profundizó el camino que venía. Profundizó ese cambio, empezar a meditar, a conectar con la alimentación de verdad, qué hace bien y qué no, qué necesitaba, qué alimenta las células, qué te oxigena, qué te saca las toxinas, conectar con la naturaleza, con el cosmos, conmigo misma, con qué quiero y qué soy, empezar a descubrir qué tengo de mi madre y de abuela, y qué tienen que ver con la trama familiar y con la espiritualidad y con la curación.

La verdad es que me ayudó a meterme con algo que ya se venía perfilando, con la operación abrí la puerta y entré. Y los dos años de pandemia hasta el casamiento fueron entrarle a ese camino ciento por ciento. E ir acomodando, porque en un principio me fui a vivir con él (con Ariel) porque Inti estaba con el padre, porque yo estaba complicada. Así que esos primeros meses fue ir acomodando la convivencia, ir dándose cuenta cómo es uno y como es el otro... cómo son las costumbres de uno, cómo es la de otro. Uno que cede, que no cede...

Es decir que fue un tiempo de una búsqueda, de un gran autoconocimiento, una gran conexión; como no se podía salir, me ayudó a entrar. Y a cómo empezar realmente una nueva vida mucho más conectada con lo que soy, con mi cuerpo, con las cosas que todos tenemos que evolucionar y cambiar, con cosas que uno arrastra y hay que sacárselas, con lo que realmente querés hacer, con la salud, con el agradecimiento, con la conexión con la naturaleza, con lo verdadero, con lo simple. Así fueron los dos años.

La historia de amor con Ariel Polaco

-¿Cómo comenzó tu historia de amor con él? ¿Cómo se conocieron?

-Nos conocimos porque yo me había separado del padre de Inti hacía unos ocho meses... menos de un año y estaba muy muy triste. Porque toda ruptura es muy triste y más cuando es una familia. Una amiga me sacaba a comer porque yo no tenía ganas ni de comer y él se había separado también hacía un año y apareció en el almuerzo. Ahí nos conocimos y nos pusimos a hablar de lo que nos pasaba, de nuestra historia. Y después volvimos a almorzar y otro día me invitó a cenar y al principio éramos amigos. Bueno, era lo que yo creía... Hasta que lo ví. Un día le toqué la cara y lo ví. Ví su alma y sentí una gran conexión y se despertó algo en mí, como que lo conocía, lo reconocí. Lo reconocí. Nos unió la vida y lo pude ver, porque en otro momento no se si lo hubiera visto.

Y lo loco es que yo no quería saber más nada con nadie. Nunca más. De verdad me había despedido de amor, del hombre, pero de verdad, de corazón, para mi estaba terminado. Por eso cuando nos pusimos hablar yo sentía que hablaba con una persona que le estaba pasando lo mismo que a mi, teníamos cosas en común, pero en ningun momento se me ocurrió nada porque para mí el tema hombres estaba terminado en esta vida. Y cuando lo toqué y le ví su mirada y lo reconocí, algo se me despertó que me sorprendió. Y lo increíble fue que a las dos semanas tuve como un sueño que me estaba casando con él, dije qué raro que me vea casándome con este chico si apenas lo conozco... Que increíble cómo las cosas uno las siente antes, si está consciente no, los mensajes están en todos lados.

Entre el amor de madre y el amor de pareja

- En una nota contaste que te dividís, desde que te casaste, para estar un poco con Inti, tu hijo, y otro tanto con tu marido. ¿Es así? Contame cómo llevás adelante ese vínculo de madre e hijo.

-Mi vínculo con mi hijo es genial. Yo estoy muy contenta de tener un hijo. Estoy muy agradecida, él ya tiene 20 años, nos llevamos muy bien, siempre fue un sol. Está estudiando y ahora empezó a trabajar por primera vez y sí me divido, la verdad es que me divido, lo voy llevando día a día. La idea era estar mucho más dividida y ahora estoy más en lo de Ariel y un poco acá porque monté mi oficina acá en casa. Me quedo algunas noches y lo voy como manejandolo día a día porque todo aparte todo está muy móvil. Eso es lo que yo siento. Como que todo está en transformación, entonces no es algo fijo sino que voy viendo.

Hay días que me quedo en un lugar, hay días que me quedo en otro o a la noche me voy a la casa que armamos con Ariel y estoy todo el día con Inti y una o dos veces por semana me quedo a dormir con él así miramos películas, que nos encanta ver juntos, escuchar música. No me lo quiero perder a Inti. Me gusta mucho la relación que tengo con él, la conexión y las charlas que tenemos y siento que que yo lo necesito y que él me necesita.

Me tocó así, dividirme, porque es grande, porque es difícil ensamblar una familia cuando los chicos son grandes. Cuando son chicos es distinto, pero cuando son grandes, me parece que es mejor a mí, ir encontrando la forma... todo depende de uno, no es para todos igual, es como la comida, la gimnasia, la meditación... por eso es tan importante estar conectado con uno y saber quién es uno y saber qué te hace bien y qué te hace mal y con constante cambio.

Adiós a la actuación: hola nuevos proyectos

-A nivel laboral, ¿qué estas haciendo ahora y qué planes tenés?

-En lo laboral, debido a este cambio, siento que no quiero actuar más. Siento que es una etapa cerrada. Ya lo venía sintiendo. En los últimos trabajos sentía que no quería estar más ahí. Y me sorprendí cuando lo sentí porque decía ¿y cómo puede ser? Si a mí me encanta estar acá en la filmaciones y me encanta este trabajo... pero ya no quería estar más ahí. Fue una gran sorpresa. Y empezaron a aparecer deseos de hacer otras cosas que tienen que ver más con mi ADN.

Es como que se me empezó a despertar algo que tiene mucho que ver conmigo, que es un proyecto de hacer ropa sustentable con mi hermana, que estoy desarrollando. Y por otro lado, estoy con otro proyecto que tiene que ver con la conexión con la naturaleza, con uno, con la curación, con los viajes, estoy armando eso, y lo estoy por implementar pero no tiene nada que ver con la actuación, sino con esta nueva forma de vida que creo que hay que implementar.

Una película olvidable

-Uno de los hitos de tu carrera fue trabajar bajo la dirección de Robert Duvall, en la película "Assassination tango", ¿no es verdad? ¿Qué recuerdos tenés de esa experiencia?

-De "Assessination tango" lo que más genial fue conocer a Robert Duvall. Ir a un casting y que me lo tome él, y quedar. Y tener la experiencia de trabajar con él. Después la película actoralmente no planteaba ningún desafío, no tenía casi guión... Fue más una gran ilusión que otra cosa. Para mi, "Ella en mi cabeza" fue una experiencia increíble, con Julio Chávez, Juan Leyrado, Oscar Martínez o "Entre Caníbales" donde tuve un personaje genial o algún un musical. "Assassination tango" fue conocer a Robert Duvall, pero en realidad fue una película horrible. Le salió mal.

Salir del glamour para vivir la vida

-En una nota de hace unos años (2005) dijiste que "el mundo del glamour está bueno un ratito". ¿A qué te referías? ¿Seguís pensando lo mismo?

-En el 2005... imaginate hace tanto tiempo... viste que uno va cambiando tanto, andá a saber por qué lo dije... sí creo que sé por qué lo dije pero no nos vamos a explayar tanto en este momento. Creo que yo venía en los '90 de un mundo absolutamente glamoroso y después empecé más a actuar y entré en otro camino con más profundidad. Inti tenía 3 años y estaba trabajando en teatro y televisión y estaba como en otra realidad, ¿no?

Ahora lo que siento es más o menos lo mismo y tiene que ver con mi naturaleza. Todo depende de cómo es uno, pero para mí naturaleza, el mundo del glamour es para un ratito. Y me encanta, me divierte y lo puedo experimentar, lo puedo vivir y me puedo sentir cómoda, pero si entro y salgo. Mi vida pasa por otro lado, eso es una partecita que la puedo disfrutar y nada más. Puedo entrar y salir. Pero no podría estar sumergida las 24 horas del día en esa realidad. Sigo pensando más o menos lo mismo pero con más liviandad y disfrutando del entrar también, ¿no? Como disfrutando el momento que estoy en un evento que tenga un cierto glamour, sabiendo que es de pasada.

La unión con la madre tierra

-El 1 de agosto, el día de la tierra, hiciste un lindo posteo donde decís que la naturaleza es tu gran compañera. ¿Por qué lo decís?

-Yo crecí en el campo con mi abuela, que hacía el pan casero, tenía huerta y gallinas y había un arroyo donde iba a pescar, así que la naturaleza es parte de mi vida. Y cuando quedé embarazada me fui al campo y armé una huerta y me pasé todo el embarazo fuera de la ciudad porque sentía que tenía que estar abajo de un árbol. Después me compré un terreno en el medio de la nada en la Patagonia, en un bosque milenario... Yo siempre me sentí muy unida, muy protegida por la naturaleza, es parte de mi vida. Y ahora con esta vuelta, con este cambio, la volví a encontrar con más conciencia, porque ella está. Yo siento que es un momento para volver a conectarse con la naturaleza porque nos fuimos a la mierda, todos.

Es momento de volver a casa, porque cuando te conectás con la naturaleza, tenés todo. Nos olvidamos que somos los guardianes de la naturaleza, tenemos que volver a lo simple y volver a casa y cada vez lo siento con mayor seriedad y profundidad. Me parece que es algo de absoluto sentido común, parar un poco, dejar de consumir como consumimos, empezar a tratar a la tierra de otra manera, comer de otra manera, relacionarnos de otra manera, somos uno con este planeta que está convulsionado, este es el momento de un despertar ya. Eso es lo que siento más allá de que siempre fui una chica de campo. Pero ahora tenemos que tomar consciencia de que estamos teniendo una forma de vida que nos está haciendo daño.

El ejercicio de andar liviano

- En otro posteo reciente de Ig escribiste: "Quiero moverme cada vez mas liviana". ¿Por qué lo decís? ¿Tiene que ver con el crecimiento, con la edad?

-Y lo de moverme liviana porque... No sé si tiene que ver con la edad igual, pero puede ser... Yo siempre fui igual bastante desprendida, nunca fui de acumular cosas. Siempre tuve más o menos lo que necesitaba. No mucho más. Las cosas extra me pesan, pero me parece que ahora mucho más. Me parece que hay que ir liviano. A veces uno se atiborra de cosas que no necesitás o que no usás. A veces miro el placard y tengo ropa que tal vez hace cuatro años que uno uso... ¡y no me puedo desprender! Es todo un ejercicio andar liviano, ¿no? No cargar con cosas. Me parece que hay que andar liviano, e ir a lo simple y a lo que uno necesita. Al menos hacer el ejercicio y tomar conciencia de todas las cosas que tenemos y que no necesitamos... Empezar a ejercitar el ir liviano.

-¿Un sueño pendiente?

-No, no tengo sueños pendientes. La verdad que no. Quizás en otro momento tenía sueños pendientes pero ahora no, ahora estoy muy contenta con mi presente. Es más, hago el ejercicio de estar en el presente, porque viste que a veces los deseos pendientes es como que te llevan muy adelante. Ahora tengo el el deseo de materializar esto que estoy sintiendo y gestando y materializarlo, pero no es algo que esté pendiente de antes. Es de esta nueva etapa.

Fotos: Diego García.

Producción: Marité Rizzo.

Maquilló y peinó: Regina Kuligovsky (@regina_cosmetics).

Ropa: Adrián Brown, Benito Fernández y Los Vados del Isen.

Agradecemos muy especialmente a Croque Madame Palacio Paz por la locación (@croquemadamepalaciopaz).

Más información en parati.com.ar

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