"Que se nos conceda el milagro": el ruego desesperado de la mamá de Bastian, el chico accidentado en La Frontera - Revista Para Ti
 

"Que se nos conceda el milagro": el ruego desesperado de la mamá de Bastian, el chico accidentado en La Frontera

La mamá de Bastian Valentino Jerez recurrió a las redes para pedir una oración colectiva mientras su hijo sigue en terapia intensiva. Fe, desesperación y el pedido de un milagro en las palabras más íntimas de una madre.
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Hay frases que no se escriben: se ruegan. Bettina las tipeó como pudo, sin mayúsculas innecesarias ni adornos, mientras su hijo volvía a entrar a un quirófano. “Oremos todos juntos”, pidió. No explicó. No acusó. No preguntó por qué. En la pantalla de su celular quedó flotando lo único que hoy importa: que la oración sea fuerte, que alcance, que ocurra el milagro.

Desde que Bastian Valentino Jerez, su hijo de ocho años, permanece internado en estado grave tras el accidente en Pinamar, las redes de Bettina dejaron de ser un espacio de intercambio para convertirse en un lugar de encuentro espiritual. Un refugio. Una vigilia colectiva.

La fe escrita a mano

En sus posteos aparecen oraciones conocidas, aprendidas desde la infancia, dichas miles de veces sin pensar y ahora repetidas con una concentración absoluta. El Credo, completo, respetado hasta el final. Y después, como si el texto antiguo necesitara una actualización urgente, una frase agregada con el pulso tembloroso de una madre: “Te pedimos, Señor, por la salud de Bastian Valentino Jerez”.

También invoca al arcángel Rafael, el de la cura. El que, según la tradición, acompaña a los enfermos y protege a quienes esperan. Y reza un Ave María. Nada más. Porque cuando un hijo está grave, el lenguaje se achica. Se vuelve esencial.

Las fotos que Bettina comparte no buscan impacto. No explican nada. Simplemente muestran a Bastian siendo Bastian: un nene, una sonrisa, una vida que debería estar corriendo por otro lado. Esas imágenes funcionan como un recordatorio brutal de lo evidente: que detrás de los partes médicos hay una historia interrumpida.

Rezar, en este punto, no es una elección religiosa sino una forma de acción. Hacer algo cuando ya no se puede hacer nada más. Acompañar con palabras lo que los médicos intentan sostener con técnica, ciencia y horas interminables.

Bettina escribe el nombre completo de su hijo cada vez que pide. Como si temiera que el mundo se distraiga. Como si al decirlo entero pudiera sostenerlo un poco más acá. Bastian Valentino Jerez.
El nombre funciona como una cuerda. Como un ancla. Como una manera de no soltar.

En su último mensaje, el pedido es colectivo. No reza sola. Convoca. “Oremos todos juntos”, dice. Y al hacerlo transforma su desesperación privada en un acto compartido. Mientras Bastian sigue en terapia, su mamá espera. Espera noticias. Espera signos. Espera que el cuerpo de su hijo resista una vez más. Y mientras tanto, escribe oraciones.

Tal vez la fe no explique nada. Tal vez no alcance. Pero acompaña. Y en una noche que parece no terminar nunca, acompañar es una forma de amor.

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