Un momento cargado de orgullo y emoción se vivió este 23 de enero en el Cuartel General Spoor, en Ermelo, cuando la princesa Amalia recibió su ascenso a cabo tras completar con éxito el Entrenamiento Militar General (AMO). Entre los familiares presentes, hubo una figura que no pudo disimular la emoción: reina Máxima.
Vestida para combatir el frío y mezclada con naturalidad entre los asistentes, Máxima siguió cada instante de la ceremonia desde la primera fila. Cuando Amalia recibió oficialmente su rango, madre e hija se fundieron en un abrazo largo y espontáneo, una escena poco habitual en actos oficiales y que dejó ver el costado más íntimo de la familia real.

Durante la formación, la heredera al trono celebró junto a sus compañeros el cierre de una etapa tan exigente como significativa. Lejos de los vestidos de gala y las tiaras históricas, Amalia lució uniforme de camuflaje, rostro pintado y una actitud firme que sorprendió y emocionó por igual.


La princesa Amalia: compromiso y vocación de servicio
Con este paso, Amalia se convierte en la primera mujer de la Casa de Orange en iniciar servicio militar como reservista. Su formación se enmarca dentro del programa del Defensity College, que permite a estudiantes universitarios combinar estudios con entrenamiento y tareas en el ámbito de la Defensa.

El AMO incluyó tácticas de combate, supervivencia, orientación, manejo de armamento y simulaciones de despliegue, y culminó con el ascenso a cabo. A partir de ahora, la princesa continuará vinculada al Estado Mayor de la Defensa como asistente estudiantil, sin remuneración, mientras avanza con su carrera universitaria.

Una tradición que vuelve a la Casa de Orange
La presencia de Amalia en las Fuerzas Armadas retoma una larga tradición militar de la monarquía neerlandesa. El propio rey Guillermo Alejandro completó su servicio en la Marina Real y también sirvió en el Ejército y la Fuerza Aérea. Con este hito, la futura reina refuerza su preparación integral y su compromiso con el rol que asumirá en el futuro.

Para Máxima, el protocolo quedó en segundo plano. Por unos segundos, no fue la reina de los Países Bajos, sino una madre orgullosa celebrando el logro de su hija mayor.


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