Aprender o aprobar, el dilema que se plantea la educación en tiempo de coronavirus

Mucho se ha debatido últimamente acerca de si los docentes
deben, o no, evaluar a sus alumnos en estos momentos. La experta en educación Laura Lewin nos da su mirada sobre el tema.
La nueva educación que nos impone la cuarentena y la pandemia por coronavirus, nos plantea desafíos. Foto: 123RF.

Estamos tan pendientes de la prueba, de la nota y del aprobar, que nos olvidamos que lo más importantes es aprender. Aprobar debe venir por añadidura; debe ser una consecuencia de aprender. Sin embargo, y tristemente, nuestro sistema enfatiza las calificaciones por sobre el aprender. Es más, muchos alumnos hacen trampa en los exámenes porque el sistema educativo valora más las notas que el aprendizaje.

Cuando el docente pone más foco en que sus alumnos aprueben en vez de enseñarles a pensar de manera crítica o creativa, está enviando un mensaje muy claro, y es que el objetivo de la escuela es aprobar. ¿Es ese, realmente, el objetivo de la escuela?

Enseñar a pensar

El desafío de este siglo es el de ayudar a los alumnos a pensar de maneras diferentes, a desafiar nuevas inteligencias, por eso es necesario que dejemos de darles respuestas para memorizar, y les demos situaciones para resolver.

Ningún alumno va a desarrollar su creatividad o a pensar de manera crítica si solo se le pide que repita un concepto de memoria. Debemos brindarles a los chicos herramientas que los ayude a pensar y a comprender.

Buscamos que puedan involucrarse en el arte, no solo saber quién pintó un cuadro determinado, cuándo y de qué corriente artística es. Más que recordar la fecha de una batalla de memoria, buscamos que puedan “pensar de manera histórica”, comprendiendo qué implicancias tuvo, tal vez, la decisión de algún prócer en nuestros días. Es decir, más que conocimientos, necesitamos que los alumnos desarrollen la habilidad
de poder hacer algo con eso que aprenden
y comprender
cómo les sirve en su vida personal.

Necesitamos que sepan por qué están aprendiendo lo
que están aprendiendo
.

En otras palabras, ¿cómo sé, yo como docente, y cómo sabe mi alumno si comprendió un concepto? Para hacerlo más concreto, un buen ejemplo de esto sería: aprender para comprender tiene más que ver con
poder andar en bicicleta, que con saber qué significa andar en bicicleta.

Imaginate un papá enseñándole andar en bicicleta a su hijo. La primera vez que se cae le dice “Mmmm… te pongo un 5”. Eso no pasaría jamás; lo alentaríamos para que no se desanime, y trataríamos de ver qué hizo mal hasta que logre hacerlo. Si en la vida real nos sale tan natural corregir, casi de manera intuitiva, ¿por qué sale tan mal en la escuela?

¿Debemos evaluar?

Sí. Evaluar es una condición necesaria para mejorar
el proceso de enseñanza- aprendizaje
.

Pero debemos dejar de suponer que evaluar es poner una nota. Evaluar es un proceso continuo que se da durante todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. Nos sirve no sólo para ver cómo están aprendiendo nuestros alumnos, y ver qué necesitan para mejorar, sino, además, para ver nosotros- como docentes- qué debemos hacer para refinar nuestra práctica didáctico-pedagógica.

Es decir, le sirve al alumno para regular su manera de estudiar e incorporar el conocimiento, y al docente para regular su práctica docente para ayudar al alumno a aprender más y mejor, enseñarle a auto evaluarse, y a desarrollar su auto disciplina para poder autogestionar su propio aprendizaje.

Debemos dejar de asumir que si un alumno “fracasa” en un examen, se debe exclusivamente a que no sabe o no estudió. Muchas veces ese “fracaso” se da por los propios procesos de enseñanza y/o de evaluación.

Evaluación versus acreditación

La evaluación es un proceso, por el cual, mediante una serie de instrumentos (la prueba, el desempeño en clase, las actividades, las observaciones, etc) verificamos no solo la efectividad del aprendizaje, sino también de la enseñanza.

La prueba, por otro lado, es la foto, es el destino, es “la sentencia”. Es uno de los instrumentos que se utilizan para acreditar los resultados. Nos indica dónde está el alumno (pero no hasta dónde podría llegar).

La evaluación evalúa procesos, mientras que la prueba evalúa el producto final.

¿Está mal evaluar el producto final? No. Mientras que yo, como docente, haya acompañado ese proceso, haciendo los cambios necesarios y pertinentes para que el alumno pueda aprender. Es decir, evalúo (sin nota y de manera regular) frecuentemente para después llegar al examen, que será, con suerte, alguna producción del alumno (individual o grupal) que integre todo lo aprendido.

A veces se gana, y otras… Se aprende

Otro tema, no menor, es entender cómo perciben los alumnos el ser evaluados. Cuando les enseñamos a nuestros alumnos a ver sus errores de manera racional y no emocional, les estamos dando una lección mucho más importante que el tema en cuestión. Les enseñamos a manejar la frustración y el aprender de los errores, que son sin duda, habilidades esenciales para la vida.

Puede interesarte

Imaginemos que tu hijo rinde un examen y le va mal. Cuando el docente le entrega el examen, lo hace pensar qué relación hay entre cómo le fue y cómo pensó que le iría, o cuánto tiempo estudió y si le alcanzó; o tal vez lo ayuda a encontrar algún patrón entre las preguntas que nunca puede contestar, o le pregunta qué cambiaría en su manera de estudiar si tuviera que render nuevamente. Esto, sin duda, lo ayudaría a mejorar la próxima vez. Es decir que hay un aprendizaje; hay un saldo positivo que lo ayuda a crecer.

Este aprendizaje productivo conlleva, además, trabajar otras
habilidades esenciales para la vida: pensamiento crítico, resolución de problemas, comunicación o cómo pedir ayuda, por nombrar solo algunas.

Es decir, sin importar si el logro se produce o no, hay otro éxito para resaltar, que es la lección aprendida. El crecimiento que acompaña el fracaso puede ser más importante que el éxito en sí. Debemos capitalizar estas instancias de aprendizaje que serán, sin dudas, lecciones muy importantes para la vida adulta.

Cuando logramos que los chicos cambien su mirada frente a la evaluación y puedan capitalizar sus errores, los estamos ayudando a tener una mejor vida adulta. Pero para eso, debemos comenzar nosotros, los adultos, por entender cuál es el verdadero sentido de la evaluación y comprender qué significa un aula (presencial o virtual) sana.

Un aula sana es un lugar en donde el docente es custodio de la autoestima de sus alumnos. En donde nadie puede interferir con el aprendizaje de un compañero. Es un lugar en donde se naturalizan y desdramatizan el cometer errores, entendiendo de cometer errores es parte del proceso de enseñanza y que cuando capitalizamos los errores, aprendemos y mejoramos.

Por lo tanto, la evaluación no debe ser una situación que se da al final de una unidad, capítulo o trimestre. Se debe dar durante todo el proceso de enseñanza- aprendizaje para de esta manera brindarles a los alumnos orientaciones para mejorar su trayectoria académica y al docente la oportunidad de afinar su práctica docente.

El objetivo no debe ser aprobar un examen, sino, aprender. El aprobar debe ser siempre una consecuencia de aprender.

Fuente: Laura Lewin es autora, capacitadora y oradora TEDx. Es capacitadora internacional de Cambridge University Press, y ha escrito numerosos libros de educación, entre los cuales podemos destacar Que enseñes no significa que aprendan, (editorial Bonum), y La Educación Transformada (Santillana), entre otros. Facebook: LauraLewinOnline

Ir Arriba