Construida en hormigón volcánico y diseñada por Fernando Menis, la Iglesia del Santísimo Redentor acaba de ser elegida “Edificio del Año” en el Festival Mundial de Arquitectura.
Es un templo brutalista que sorprende por su acústica de ópera, su iluminación “espiritual” y su presencia imponente, hoy reconocida también por el MoMA.
Iglesia del Santísimo Redentor de Fernando Menis: una “obra de Dios”

Hecha de hormigón y piedra volcánica y de estilo brutalista, la Parroquia y Centro Comunitario del Santísimo Redentor se convirtió en el gran ganador del WAF 2025.
Rugosa, pétrea y profundamente poética, esta obra de Fernando Menis mezcla brutalismo, paisaje volcánico y una iluminación sorprendente que la vuelve única.
La iglesia canaria que parece emerger de la tierra volcánica es hoy una de las obras religiosas más premiadas del mundo.

El edifico dialoga con la geología de Tenerife y desde su apertura asombra por su construcción, su luz espiritual y su acústica.
El Mejor Edificio de 2025 es la Iglesia del Santísimo Redentor

El templo concebido por el arquitecto Fernando Menis acaba de recibir el máximo galardón del Festival Mundial de Arquitectura 2025.
La Parroquia y Centro Comunitario del Santísimo Redentor, en Las Chumberas, Tenerife, es una de esas obras contemporáneas capaces de unir arquitectura, paisaje, emoción y comunidad en un mismo gesto.
Su autor, el arquitecto Fernando Menis, creó un templo que parece surgir directamente de la tierra volcánica de la isla: cuatro volúmenes macizos que se elevan como rocas movedizas, rugosas, imperfectas y profundamente poéticas.
Es un proyecto considerado un hito del brutalismo español, que además forma parte de la colección del MoMA de Nueva York y que vuelve a poner en conversación la arquitectura sacra, la sostenibilidad y la capacidad de los espacios públicos de transformar barrios enteros.
5 datos de arquitectura y diseño de la Iglesia en Tenerife: “Edificio del Año 2025”

1. Una obra que nace de la geología. El templo está construido casi exclusivamente con hormigón visto y piedra volcánica local, un material que Fernando Menis denomina “innovación low tech”: recursos cercanos, procesos simples y un respeto absoluto por el territorio.
Ese uso radical del hormigón—en estructura, piel, materia y textura—le da al edificio un carácter brutalista muy potente. La superficie rugosa contrasta con el entorno residencial y aporta un efecto casi geológico: como si la isla hubiera emergido desde el subsuelo para formar la iglesia.
Los cuatro volúmenes parecen bloques pétreos que se agrietan para dejar pasar la luz, generando una presencia tan enigmática como espiritual.

2. Iluminación espiritual. Uno de los rasgos más fascinantes del Santísimo Redentor es la manera en que Menis utiliza la luz natural como un elemento narrativo y litúrgico.
A través de estrechas grietas entre los volúmenes, protegidas por estructuras escultóricas de vidrio y metal, la luz entra de manera dramática y precisa.

Cada rayo tiene un sentido espiritual: Amanecer: un haz atraviesa la cruz e ilumina el espacio detrás del altar, evocando la entrada a la cueva donde fue sepultado Jesús. Mediodía: la luz cae en vertical sobre el altar, la comunión y la confirmación.
Tarde: un rayo puntual se posa sobre el confesionario. A lo largo del día: los lucernarios destacan los distintos sacramentos y los vuelven parte del recorrido espacial.
La iglesia renuncia a todo lo accesorio para proponer un interior vacío, austero y silencioso, donde la luz es la protagonista absoluta.
3. La acústica, como ópera. El interior del templo tiene una calidad acústica comparable al de una ópera, un detalle sorprendente para una construcción de hormigón.
El secreto está en la mezcla del hormigón convencional con picón, una piedra volcánica porosa y ligera que absorbe y distribuye el sonido de forma inusual. El sonido en el templo ganador del premio WAF 2025 al Mejor Edificio del Año es cálido, íntimo y envolvente, ideal para la música sacra y para momentos de recogimiento.
4. De Tenerife a Nueva York. La Iglesia del Santísimo Redentor no solo es una pieza premiada. También es uno de los pocos proyectos de arquitectura sacra contemporánea españoles integrados en la colección del MoMA.
En ese museo comparte lugar con referentes del brutalismo, como las emblemáticas iglesias madrileñas de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas de Cecilio Sánchez-Robles y Santa Ana y la Esperanza, de Miguel Fisac.
La obra de Menis dialoga con esa tradición, pero desde una mirada actual: más sostenible, más territorial y profundamente conectada con su comunidad.
5. En el nombre del pueblo. La construcción del complejo se extendió a lo largo de quince años -a partir de 2008- y desde entonces transformó el barrio de Las Chumberas, un complejo de viviendas de los años 70 que estaba necesitado de espacios de encuentro.

Fernando Menis pensó la iglesia no solo como templo, sino como motor urbano. Hoy, además de su valor arquitectónico, el Santísimo Redentor funciona como un centro comunitario vivo, con actividades, servicios sociales y un espacio público más amable, accesible y verde.
Por todo esto, La Iglesia del Santísimo Redentor es mucho más que un edificio religioso, y es un edifico que marca un antes y un después
Es brutalismo del siglo XXI, crudo, contundente, pero sensible; reinterpreta la relación entre arquitectura y luz con un lenguaje contemporáneo; combina sostenibilidad y proximidad mediante materiales locales y procesos de bajo impacto, y actúa como pieza urbana, regenerando un barrio entero.







