Seguramente escuchaste más de una vez frases como "no somos novios, pero tampoco amigos" o el clásico "estamos juntos pero sin etiquetas". En los últimos años, apareció un tipo de vínculo que se repite cada vez más: relaciones que existen, que tienen afecto, tiempo compartido e incluso exclusividad, pero que nunca terminan de definirse.
Esta ambigüedad, lejos de ser relajada, suele generar confusión y un gran desgaste emocional en una de las partes. El coach personal y ejecutivo Santiago Bras Harriott, fundador de Coaching Argentina, observa este fenómeno con frecuencia en sus sesiones: “Hoy muchas personas buscan el vínculo, pero al mismo tiempo temen comprometerse. Entonces aparece una zona gris donde hay emociones, pero nadie quiere asumir del todo la relación”.
Los motivos detrás del "miedo a la etiqueta"
¿Por qué muchas relaciones quedan estancadas en lo indefinido? Según explica Bras Harriott, existen tres motivos principales que suelen funcionar como freno. El primero es el miedo a perder la libertad, donde definir el vínculo se siente como una pérdida de autonomía. El segundo tiene que ver con experiencias pasadas dolorosas; quienes sufrieron rupturas previas evitan poner nombre para "protegerse".
Finalmente, aparece la falta de claridad emocional. “Cuando alguien no define, muchas veces no es porque esté evaluando… sino porque está cómodo en una situación donde recibe afecto sin asumir responsabilidad emocional”, indica el especialista.
Señales de que el vínculo está estancado
Si sentís que estás en una relación que no avanza, es importante que prestes atención a ciertas conductas que funcionan como alertas rojas:
- Evitan hablar del futuro o de cualquier plan a largo plazo.
- Nunca te presentan como pareja en su entorno.
- La relación depende siempre del momento o del ánimo del otro.
- Cada vez que planteás una conversación importante, la persona la esquiva.
Bras Harriott cuenta que ve este patrón repetidamente: “He acompañado a personas que llevaban más de un año en una relación que parecía pareja, pero cuando preguntaban qué eran, la respuesta seguía siendo ‘no pongamos etiquetas’. Eso genera mucha frustración”.
Preguntas para salir de la zona gris
Para tomar una decisión honesta con vos misma, el coach propone algunas preguntas clave que pueden ayudarte a ver dónde estás parada. "¿Este vínculo me da paz o me genera ansiedad?", es la primera. También sugiere preguntarse: "¿Siento que soy elegida o simplemente disponible?" y "¿Estoy esperando que el otro cambie o realmente hay un proyecto compartido?".
“Una relación sana no necesita perfección, pero sí claridad”, remarca Bras Harriott. Definir un vínculo no significa presionar, sino poner conciencia en lo que se está construyendo. Cuando ambos pueden hablar abiertamente, la relación gana profundidad; y cuando no hay acuerdo, la honestidad te permite decidir tu próximo paso. Como concluye el especialista: “Las relaciones que funcionan no nacen de la ambigüedad eterna”.
Fuente: Santiago Bras Harriott, Coach personal y ejecutivo, Fundador de Coaching Argentina


