Nunca había viajado en crucero. Lo imaginaba, sí. Como muchos, lo había visto en películas, series o fotos: esos barcos gigantes que parecen ciudades flotantes. También me habían contado historias de viajes en altamar, días de navegación y puertos lejanos. Pero una cosa es imaginarlo y otra muy distinta es vivirlo.
Por eso, cuando recibí la invitación para hacer una travesía a bordo del MSC Fantasia, que uniría Buenos Aires con Río de Janeiro y tocaría los puertos de Ilhabela, Camboriú y Montevideo, una mezcla de expectativas, nervios y —por qué no decirlo— felicidad empezó a invadirme.
Pero había más. La invitación incluía conocer la experiencia MSC Yacht Club, un sector preferencial que la compañía define como “un barco dentro de otro barco”.
MSC Cruceros implementó este concepto en 2008 justamente a bordo del MSC Fantasia, con la idea de combinar privacidad y exclusividad con todo el entretenimiento que ofrece un gran crucero. El espacio cuenta con suites, restaurante privado, salón panorámico, piscina exclusiva, servicio de mayordomo las 24 horas, embarque y desembarque prioritario, ubicación preferencial en el teatro y otros beneficios pensados para ofrecer una experiencia más personalizada.

El comienzo del viaje
La experiencia empezó en el Puerto de Cruceros Benito Quinquela Martín, en Buenos Aires, donde fuimos recibidos con gentileza y prioridad. El trámite de acreditación fue rápido y sencillo: en pocos pasos recibí la MSC Card, una tarjeta que funciona como llave de la cabina, medio de pago y documento de identificación dentro del barco. Durante los días de viaje se convirtió, literalmente, en mi pequeño DNI a bordo.
Luego de unos minutos de espera y un breve trayecto en bus por el puerto, finalmente llegó el momento de subir al barco. Frente a nosotros apareció el MSC Fantasia, imponente: 17 pisos de altura y más de tres cuadras de largo. Una verdadera ciudad flotante que brillaba bajo el sol de esa mañana porteña.

Como pasajeros de la experiencia Yacht Club, un elegante concierge con recibió en un espacio exclusivo, nos dio la bienvenida y nos explicó cómo sería nuestro primer día a bordo. Faltaban todavía algunas horas para zarpar y la expectativa crecía minuto a minuto.
Pocos minutos después pudimos conocer nuestras cabinas. Al entrar, nos esperaba una botella de champagne descansando en un balde con hielo, copas listas para brindar y una carta de bienvenida.
Detrás del balcón, el Río de la Plata brillaba con su característico color león. Dentro, la cama amplia y confortable invitaba a descansar, mientras los detalles del diseño transmitían una sensación inmediata de calma.

Según explican desde MSC, el diseño de los camarotes y de las áreas exclusivas del Yacht Club sigue una filosofía de elegancia discreta y lujo atemporal, pensada para transmitir serenidad y reforzar la conexión con el paisaje marino.
El concepto se inspira en el lujo europeo contemporáneo, con líneas limpias, formas suaves y una paleta de colores serena que dialoga naturalmente con los azules del mar visibles a través de los grandes ventanales. Los materiales y muebles fueron seleccionados para reforzar esa sensación de confort refinado, con texturas suaves y acabados de alta calidad.

El emocionante momento de zarpar
La partida del puerto de Buenos Aires estaba prevista para las 18 en punto. Y fue exactamente a esa hora cuando el imponente MSC Fantasia comenzó a moverse lentamente, surcando las aguas calmas del Río de la Plata.
Desde el balcón del Yacht Club pude vivir ese instante con una mezcla de emoción, alegría y algo de nervios. Ver cómo una mole gigantesca como esta empezaba a deslizarse con elegancia sobre el suave oleaje resultaba, sencillamente, fascinante.
Poco a poco, la silueta de Buenos Aires empezó a quedar atrás. La ciudad se alejaba mientras el barco se abría camino hacia mar abierto y el horizonte se volvía cada vez más amplio. Por delante nos esperaban dos días completos de navegación antes de llegar a Río de Janeiro.
Confort, privacidad y servicio personalizado
Con el correr de los días también entendí mejor a qué tipo de viajero apunta esta propuesta. Según explican desde MSC Cruceros, el MSC Yacht Club está pensado para un público con experiencia en viajes, que valora el confort, la privacidad y el servicio personalizado.
De algún modo, la experiencia puede compararse con la primera clase de un avión: una propuesta dirigida a quienes buscan un trato preferencial y una experiencia diferenciada de principio a fin, con espacios exclusivos, mayor privacidad y atención dedicada durante todo el viaje.

Esa diferencia se percibe en muchos detalles. Los huéspedes del Yacht Club cuentan con embarque y desembarque prioritarios, servicio de mayordomo disponible las 24 horas, concierge dedicado y acceso a sectores exclusivos del barco, como el restaurante privado, el Top Sail Lounge y la piscina reservada para quienes se alojan en esta área. Todo está pensado para que la experiencia resulte más tranquila, personalizada y cómoda, incluso dentro de un barco que puede recibir a miles de pasajeros.
El concepto de MSC Yacht Club no es exclusivo de este barco: hoy forma parte de 19 de los 25 barcos de MSC Cruceros, entre ellos el MSC Fantasia, el MSC Grandiosa, el MSC Seashore y el MSC World Europa.

Además, la compañía continúa expandiendo esta propuesta en sus nuevos barcos, como el MSC World America y los futuros MSC World Asia y MSC World Atlantic. De esta manera, esta experiencia premium —conocida como “el barco dentro del barco”— se consolida como uno de los diferenciales más fuertes de la naviera a nivel global.
La piscina del Yacht Club
Uno de los espacios más privilegiados del MSC Yacht Club es su piscina exclusiva, ubicada en el roof top del piso 18, el nivel más alto del barco. Llegar hasta allí era muy sencillo: bastaba con tomar un ascensor a pocos metros de las cabinas.
Al salir al rooftop, el ambiente cambiaba por completo. Un amplio solárium en forma de U, rodeado de reposeras y toallones disponibles para los huéspedes, invitaba a entregarse sin culpa al sol del verano. En el centro, una piscina y dos jacuzzis completaban la escena perfecta para relajarse mientras el barco avanzaba lentamente sobre el mar.

Era uno de esos lugares donde el tiempo parecía transcurrir a otro ritmo. Para quienes preferían pasar allí buena parte del día, el espacio también cuenta con un restaurante abierto las 24 horas. Bajo sombrillas que protegían del sol, las mesas invitaban a disfrutar de un almuerzo liviano: pescado o carnes grilladas, verduras frescas, pastas y tragos preparados en el momento.
Así transcurrieron algunos de los primeros días de navegación. Días que, para alguien que nunca había viajado en crucero, resultaron tan apacibles como emocionantes.

Gastronomía y servicio a bordo
Si hay algo que también marca la experiencia dentro del Yacht Club es la gastronomía. Los huéspedes de este sector cuentan con un restaurante exclusivo donde es posible disfrutar de platos como salmón, langosta o cordero, preparados con una atención especial por los detalles. Sin embargo, más allá de la calidad de los ingredientes y las preparaciones, lo que realmente se destaca es el servicio.
Desde los mozos hasta la maître que nos recibía cada día con una sonrisa, todo el equipo parecía anticiparse a cada necesidad con naturalidad.

Según explican desde la compañía, los equipos que trabajan en el restaurante del MSC Yacht Club son seleccionados especialmente por su profesionalismo, su experiencia en alta cocina y su capacidad para brindar un servicio atento y personalizado.
La llegada a Río de Janeiro
Tres días después de haber zarpado de Buenos Aires, el MSC Fantasia llegó al puerto de Río de Janeiro a primera hora de la mañana. Era mi primera vez en la ciudad y no dudé en bajar del barco para conocerla.
Aunque algunos pasajeros prefieren quedarse a bordo y aprovechar el barco casi vacío durante unas horas, opté por contratar una de las excursiones organizadas por MSC.
En poco tiempo ya estaba a bordo de un bus junto a otros pasajeros, lista para recorrer una de las ciudades más emblemáticas de Brasil.

El paseo incluyó algunos de los puntos más representativos de Río. Desde las famosas playas de Copacabana y Leblon hasta la histórica Iglesia de la Candelaria y la zona de Urca, con sus imponentes vistas al Pan de Azúcar.
Por la tarde regresamos al barco y, pasadas las siete, llegó el momento de despedirnos de Río de Janeiro. El MSC Fantasia retomó la navegación con rumbo a Ilhabela, nuestro siguiente destino.
Noches animadas en el crucero
La vida a bordo no se detiene cuando cae la noche. Esa misma jornada decidimos visitar el teatro del barco, donde cada noche se presentan espectáculos musicales de nivel internacional.
De camino hacia la función recorrimos algunos de los espacios más animados del crucero. Pasamos por el casino, vimos a varios pasajeros bailando en cubierta al ritmo de una orquesta que interpretaba boleros y disfrutamos del aire cálido de la noche mirando el mar abierto.

Antes de ir a dormir hicimos una última parada en el Lounge del Yacht Club, donde cada noche un pianista amenizaba el ambiente con tangos y otros clásicos de la música que, inevitablemente, terminábamos tarareando.
Ilhabela y Camboriú
Al día siguiente llegamos a Ilhabela, una isla paradisíaca que invita a disfrutar de sus playas y su paisaje natural. Pasamos allí algunas horas recorriendo sus rincones y dejándonos llevar por el clima relajado del lugar antes de regresar al barco temprano por la tarde.
En la quinta jornada nos esperaba Camboriú, una ciudad balnearia tan imponente que muchos ya la conocen como la “Dubái brasileña”, por la cantidad de edificios modernos que se elevan frente al mar.

Al desembarcar pudimos conocer de cerca sus extensas playas de arenas claras y caminar por la avenida Atlántica, el paseo costero que conecta el puerto con el centro de la ciudad.
Un día de navegación rumbo al sur
Después de esa jornada plenamente veraniega, el itinerario marcaba un día completo de navegación rumbo al sur.
Fue la oportunidad perfecta para descubrir otros espacios del MSC Fantasia. Aproveché entonces para conocer el spa y el gimnasio del barco, dos lugares pensados para regalarse momentos de relax y cuidado personal mientras el mar acompaña el ritmo del viaje.
El regreso
Así llegamos, a la mañana siguiente, al puerto de Montevideo, la última escala antes de emprender el tramo final de regreso.
Pocas horas después el barco retomó su rumbo hacia Buenos Aires, donde arribamos según el horario previsto. El desembarque, nuevamente con prioridad desde el MSC Yacht Club, marcó el final de esta travesía.

Mientras me despedía de la tripulación que nos recibió y acompañó con tanta calidez durante toda la semana, no pude evitar pensar que este primer viaje en crucero había superado ampliamente mis expectativas.
Una experiencia que combinó descubrimiento, descanso y la sensación permanente de estar viajando de una manera diferente, con el mar siempre como horizonte.
Fotos: Prensa MSC








