Dormir boca arriba y dar la teta: pequeñas acciones que salvan vidas - Revista Para Ti
 

Dormir boca arriba y dar la teta: pequeñas acciones que salvan vidas

La muerte súbita del lactante es la principal causa de muerte en bebés menores de un año en países desarrollados. Pero hay prácticas sencillas y amorosas que pueden reducir significativamente el riesgo. Acá te contamos por qué la lactancia materna y la posición al dormir pueden marcar la diferencia.
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La muerte súbita del lactante (MSL) es una de las situaciones más desgarradoras que puede atravesar una familia. Se trata del fallecimiento inesperado de un bebé entre los 7 días y el año de vida, sin una causa evidente, generalmente durante el sueño. Aunque parezca increíble, en los países desarrollados es la principal causa de muerte en niños menores de un año.

Frente a una realidad tan dolorosa, hay algo que sí podemos hacer: informarnos y conocer las prácticas que pueden disminuir el riesgo. Y entre ellas, la lactancia materna ocupa un lugar clave.

En los años 90, la campaña Back to sleep (Dormir boca arriba) marcó un antes y un después: con solo modificar la posición en la que se acostaban a los bebés, los casos de MSL se redujeron en un 50%. Fue un dato simple pero poderoso.

Hoy, otro factor se suma a esa prevención: la lactancia materna. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los bebés que son amamantados tienen hasta un 60% menos de probabilidades de sufrir este síndrome. Y si la lactancia es exclusiva, los beneficios son aún mayores.

¿Por qué? Victoria Soares, puericultora y especialista en lactancia, lo explica con claridad:
“Durante el sueño, los bebés hacen pequeñas pausas en la respiración llamadas apneas. Cuando están en una fase de sueño más liviana, esas pausas duran menos y son menos riesgosas. Y resulta que los bebés que toman pecho permanecen más tiempo en fases de sueño ligero. Por eso, tienen menos riesgo de apneas prolongadas.”

El poder del cuerpo a cuerpo

Amamantar no solo protege al bebé desde lo biológico. También crea una sintonía entre mamá y bebé que puede hacer la diferencia. “Las mamás que dan la teta también duermen en un estado más liviano. Si el bebé está cerca y tiene una pausa en la respiración, el cuerpo de la madre lo percibe: se despierta, lo mueve, lo estimula. Y muchas veces, eso basta para que el bebé vuelva a respirar normalmente”, agrega Soares.

Además, el contacto frecuente con el pecho evita las hipoglucemias (descensos de azúcar en sangre) que pueden ocurrir mientras el bebé duerme, otro factor de riesgo que la lactancia ayuda a prevenir.

Y como si todo esto fuera poco, amamantar también fortalece el sistema inmunológico del bebé, protegiéndolo de infecciones respiratorias, que pueden ser peligrosas en los primeros meses de vida.

Dormir cerca, despertar a tiempo

Numerosos estudios coinciden en que los bebés que duermen cerca de sus padres tienen menos episodios de llanto, mejor oxigenación, más estabilidad en su ritmo cardíaco y mayor duración de la lactancia materna. Y lo más importante: sus ciclos de sueño se sincronizan con los de mamá y papá, lo que también ayuda a prevenir el síndrome de muerte súbita.

Amamantar, entonces, no es solo una forma de alimentar. Es un acto profundamente protector, una herramienta de prevención silenciosa pero poderosa. En medio de tanto miedo que puede haber al principio, saber esto puede dar tranquilidad. Porque incluso en la oscuridad de la noche, hay una luz: el cuerpo de mamá, su instinto, y el poder de la leche materna.

Fuente consultada: @vickysoarespueri

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