¿Estás cansada de poder con todo? Este es el camino para dejar de sostener y habitar la calma - Revista Para Ti
 

¿Estás cansada de poder con todo? Este es el camino para dejar de sostener y habitar la calma

Entre el estrés, los miedos y la sobreexigencia diaria, muchas sentimos que vivimos para todo menos para sí mismas. La terapeuta argentina Valeria Santiago propone un camino amable y profundo para reconectar con el propio centro y transformar heridas heredadas. Su método, plasmado en el libro Volver a Ti: La semilla del cambio interior, se volvió una guía para quienes buscan sanar desde sus raíces.
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Vivimos hacia afuera. Entre mensajes urgentes, decisiones a contrarreloj, redes sociales y una agenda que nunca alcanza, muchas sentimos que estamos “funcionando”, pero no viviendo.

“Volver a ti no es opcional: es la puerta de entrada”, dice Valeria Santiago, terapeuta argentina residente en España, creadora del método SVS y autora de Volver a Ti: La semilla del cambio interior (Editorial Círculo Rojo).

Su propuesta —que combina biodecodificación, constelaciones familiares, hipnosis clínica, neurociencia y sabiduría ancestral— parte de una premisa simple y poderosa: no se puede avanzar si el cuerpo aún siente que está en peligro.

“Podés decir ‘ya pasó’, pero si tu cuerpo se acelera ante algo pequeño, todavía está defendiendo un dolor antiguo”, explica Valeria. “La salida no es pelear con la alarma, sino reprogramarla con experiencias de calma.”

El cuerpo como mapa emocional

Según Santiago, el cuerpo guarda “mapas” de experiencias que determinan cómo reaccionamos hoy: tensiones, respiración, reflejos. Esas memorias implícitas, muchas veces heredadas, activan respuestas automáticas frente a situaciones cotidianas.

Reconocer esos patrones es el primer paso. “Cuando el cuerpo siente presente, la mente puede elegir y el corazón puede sostener lo elegido”, resume.

Tenemos memoria corporal. El cuerpo guarda “mapas” de experiencias en la musculatura, la respiración, la postura y los reflejos. Es una memoria implícita, no narrativa: no se recuerda con palabras, sino con sensaciones.

"A veces, un gesto, una frase o un tono de voz actúan como disparadores, y el cuerpo reproduce una respuesta antigua: lucha, huida o congelamiento. La amígdala cerebral detecta “peligro”, aunque hoy no lo haya, y así terminamos viviendo en piloto automático emocional", explica Valeria.

"Cuando el cuerpo entra en alerta, la corteza prefrontal —la zona encargada de la claridad y la elección consciente— se apaga. Entonces no respondemos como “ahora”, sino como “antes”", nos dice.

¿Cómo darte cuenta de que tu cuerpo todavía obedece al pasado?

  • Decís “sí” para evitar el conflicto, aunque por dentro quieras decir “no”.
  • Tu pulso y tu respiración se aceleran ante escenas cotidianas: un mensaje de WhatsApp, una crítica o un cambio de rutina.
  • Te movés entre los extremos: hiperactividad o parálisis.
  • Te justificás de más, das explicaciones innecesarias y pedís perdón por ocupar tu lugar.
  • Salís a “salvar” a todos y volvés drenada.

La señal de que estás siendo más libre aparece cuando tus “no” salen sin culpa ni dramatismo, cuando poner un límite deja de ser un conflicto y pasa a ser información clara. Tu tiempo y tu energía se ordenan: lo importante recupera su lugar y lo urgente deja de gobernarte.

El cuerpo deja de adelantarse al peligro y espera el hecho. Baja la hipervigilancia: la amígdala deja de tocar la alarma por anticipado. Entonces podés quedarte en tu lugar, aunque otros no aprueben, eligiendo coherencia antes que aprobación. Ya no atacás ni te explicás: te sostenés.

La libertad no llega por “pensar en positivo”. Llega cuando, ante la misma situación de siempre, tu cuerpo deja de vivirla como una amenaza. Porque cuando el cuerpo siente seguridad, la mente puede elegir y el corazón puede sostener lo elegido.

Sanar el árbol familiar

Una de las claves de su enfoque está en mirar la historia familiar sin miedo ni juicio. “No se trata de culpar al árbol, sino de comprenderlo para transformarlo”, afirma. A través de su método SVS (Sanación, Verdad, Síntesis), ayuda a identificar mandatos invisibles, lealtades inconscientes y duelos no resueltos que pueden manifestarse como bloqueos, autosabotaje o repeticiones emocionales.

“Cuando elegimos desde el árbol sin darnos cuenta, repetimos por amor. Cuando lo miramos de frente, podemos amar distinto: con pertenencia, orden y equilibrio.”

El "Método SVS" ayuda a superar bloqueos emocionales, patrones de pensamiento negativos, memorias traumáticas, mandatos limitantes, promesas incumplidas, maldiciones y creencias limitantes.

“¿Alguna vez dijiste ‘ya pasó’… y tu cuerpo respondió como si siguiera pasando?... Cuando el cuerpo sigue en modo alerta por heridas viejas, decidís como si eso estuviera pasando hoy; y así es difícil sentirte libre. Podés decir “ya pasó”, pero si tu cuerpo se acelera, se tensa o se encoge ante cosas pequeñas, es que aún está defendiendo un dolor antiguo", explica.

Y sigue comentando: "Entonces elegís desde ese miedo, no desde tu presente. La libertad vuelve cuando el cuerpo aprende a sentir seguridad aquí y ahora. Es como si llevaras una alarma que se quedó mal programada, suena, aunque no haya peligro. Tu mente sabe que todo está bien, pero tu cuerpo corre, se endurece, se cierra. La salida no es pelear con la alarma, es reprogramarla con experiencias de calma y señales reales de “estoy a salvo”. “Hasta que el cuerpo no sienta presente, la mente decide desde ayer.”

Cómo volver a ti

No se trata de teoría. Se trata de vivir una experiencia. Por eso, la propuesta es simple: que durante diez minutos pruebes qué pasa si volvés a vos.

Cerrá los ojos un instante. Poné una mano en el pecho. Respirar. Preguntate en silencio:

“¿Cuándo fue la última vez que me elegí primero, sin pedir disculpas?”

Por qué nos desconectamos

No nacemos en blanco. Llegamos a una gramática familiar, con reglas invisibles que luego se convierten en creencias y guiones de vida. Esos patrones, muchas veces inconscientes, condicionan la forma en que amamos, trabajamos, decidimos y nos vinculamos.

Algunos de los más comunes:

  1. Mandatos y frases raíz
    “En esta familia se aguanta.” “Primero los demás, después vos.” “El amor cuesta.” “El dinero divide.” “Ser mujer es sacrificio.” “Los hombres no lloran.”
  2. Lealtades invisibles
    Para pertenecer, repetimos destinos: quiebras como el abuelo, parejas frías como la tía, maternidades tardías como la bisabuela. A veces los éxitos “se caen” cuando llegan a cierto punto.
  3. Roles invertidos (parentificación)
    Hijos que hacen de madre, padre o pareja emocional. La creencia asociada: “Si no cuido a todos, algo malo pasa.” Resultado: culpa por descansar y dificultad para pedir ayuda.
  4. Secretos y duelos no elaborados
    Abortos, hijos fuera del matrimonio, adicciones, migraciones forzadas o estafas. Lo que se oculta no desaparece: se transforma en síntomas, miedos o repeticiones.
  5. Exclusiones
    Miembros rechazados u olvidados —exparejas, tíos “conflictivos”, bebés no nacidos—. Cuando alguien queda fuera, otro ocupa su lugar sin saberlo. Señal: “No encuentro mi sitio.”
  6. Nombres, fechas y ecos
    Repeticiones de nombres o coincidencias de fechas (nacimientos, muertes, bodas). Creencia de fondo: “Vivo por otro” o “no debo sobrepasar a...”.
  7. Dinero y éxito
    “Ganamos, pero algo nos lo quita.” “La abundancia trae envidias.” → Autosabotaje al borde del logro.
  8. Pareja y amor
    Repetir el vínculo de mamá o la abuela (infidelidad, abandono) para “serles fieles”. Elegir relaciones imposibles para no “traicionar” un amor perdido del clan.
  9. El cuerpo como mensajero
    El cuerpo expresa lo que la familia calla: ansiedad (por migraciones o duelos), garganta (palabras no dichas), espalda (cargas del clan). No es culpa: es información.

Cuando elegimos desde el árbol sin darnos cuenta, repetimos por amor. Cuando lo miramos de frente, podemos amar distinto: con pertenencia, orden y equilibrio.

Cómo se instala la desconexión

A veces todo parece funcionar bien por fuera, pero por dentro algo se siente vacío. Aprendimos a depender del afuera —la mirada, el elogio, el resultado— para sentir que valemos.

La desconexión no llega de golpe, sino a pasitos invisibles:

  • Respondés mensajes a cualquier hora.
  • Postergás lo importante por lo urgente.
  • Decís “sí” para no incomodar.
  • Hacés lo imposible para satisfacer al otro.

Vivimos con la sensación de que, si soltamos un segundo, todo se cae.
Y cuando el cuerpo va en quinta y el alma en punto muerto, aparece la desconexión: ansiedad, irritabilidad, cansancio sin causa aparente y relaciones que drenan energía.

El costo de vivir “para quedar bien” es perderte a vos. La vida se vuelve prolija por fuera, pero caótica por dentro. Decisiones tomadas por miedo, límites postergados, energía dispersa.

El orden interior: volver a tu lugar

En Constelaciones Familiares, los órdenes básicos son tres:

  • Pertenencia: nadie queda fuera.
  • Jerarquía: los que llegaron antes van primero.
  • Equilibrio: en pareja, dar y recibir deben compensarse.

Cuando ocupamos un lugar que no nos corresponde —cargando culpas, salvando a todos o poniéndonos por debajo—, la vida pierde armonía.

Volver a ti es volver a tu sitio: vos en tu lugar, los otros en el suyo.
Suena simple, pero habitarlo es profundo.

Ejercicio práctico para empezar hoy

Tomate dos minutos:

  1. Pies al suelo.
  2. Exhalá largo.
  3. Repetí en silencio:
    • Con tus padres: “Tú grande, yo pequeña. Me quedo en mi lugar.”
    • Con tu pareja: “A tu lado, no arriba ni abajo.”
    • En el trabajo: “Ocupo mi rol con claridad y respeto.”

Preguntas para revisar tu lugar:

  • ¿Cargo algo que no es mío?
  • ¿Espero que otro resuelva lo que me toca?
  • ¿Pido permiso para existir?

Responder con honestidad ya empieza a ordenar.

El arte de vivir conscientemente

Vivir conscientemente no es una moda, es una disciplina antigua: ordenar la casa por dentro.
Se sostiene en cuatro pilares esenciales:

1. Honrar
No es idealizar el pasado, sino darle lugar.

“Gracias por lo dado. Con eso, hoy elijo vivir a mi manera. Lo que no es mío, vuelve a su sitio.”

2. Presencia
Atención tierna aplicada a lo cotidiano. Una conversación sin pantallas, una comida sin culpa, tres respiraciones antes de responder desde el impulso.

3. Confianza
Se cultiva cumpliendo microacuerdos con vos misma. Cada vez que te cumplís, tu sistema te cree: baja la alerta y sube la calma.

4. Gratitud
Es la musculatura emocional del alma.

“Hoy agradezco...”
“Hoy aprendí de esto que dolió...”

Creer es crear

No se trata de “pensar lindo”, sino de reconocer que lo que creés guía lo que hacés.
Si pensás “no puedo”, tu cuerpo se apaga. Si creés “puedo dar un paso pequeño hoy”, tu cuerpo se orienta a hacerlo.

La fórmula es clásica: pensar con verdad, sentir con honestidad y actuar en pequeño. La felicidad, en esta mirada, es coherencia cotidiana: pensar, sentir y actuar en la misma dirección.

Volver a ti: dejar de sostener y habitar la calma

Una experiencia vivencial (presencial en CABA, con opción online) para bajar la ansiedad, ordenar mente y corazón, y recuperar tu lugar propio.

Te llevarás:

  • Calma y foco real.
  • Límites sin culpa.
  • Liberación de creencias limitantes.
  • Autoría de vida y claridad de propósito.

Presencial y online en vivo
Sábado 13 de diciembre
Regente Palace Hotel, Suipacha 964, CABA
17:00 a 21:00 h
IG: @tusancestrostusraices

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