"La madre que nos parió": Emilia Zavaleta en primera persona - Revista Para Ti
 

"La madre que nos parió": Emilia Zavaleta en primera persona

Una mirada íntima y real sobre la maternidad: sus luces, sus sombras y la revolución interior que implica maternar(se). Un texto para abrazar la imperfección y honrar a la mujer detrás de la madre. Esta columna íntima forma parte de Mulanas, una pausa para compartir, el newsletter que Emilia Zavaleta, hija de la trilliza de Oro María Emilia y Clemente Zavaleta, creó para abrir un espacio de reflexión, calma y conexión.
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Esta semana estuve rodeada de madres embarazadas, madres de niños chiquitos, madres abuelas y madres que olvidaron lo que era estar a disposición de un ser que demanda las 24 horas del día y depende pura y exclusivamente de tu existencia para sobrevivir.

Cuidé a mi sobrino de casi dos años para que mi hermana y mi cuñado tuvieran una noche de reconexión de pareja. No fue fácil al principio, hasta que pasé de tía al rol de mamá primeriza, algo que al parecer estaba guardado en el fondo de mi memoria. 

Recordé mis partos. Los momentos en los que llegué entregada al dolor, abriéndome en cuerpo y alma para darle espacio a un ser que venía a tener una experiencia humana. “Parirás con dolor” era la única condición de esa revolución de felicidad. Un acto de amor puro e inexplicable que traumatiza y a la vez transforma tu vida para siempre.

Emilia Zavaleta
"Maternar empieza por una misma, por autocuidarse, mimarse y permitir romperse en pedacitos y volver a empezar".

Lo que acontece luego es una danza frenética de “prueba y error”, “alegría y angustia”, “contracción y expansión”. Experimentamos la realización del milagro sin reparar en que nosotras también lo fuimos.  En ese momento comenzamos a ver a nuestras madres desde otra perspectiva.

De a poco descubrimos el poderoso amuleto que llevamos dentro: el de la intuición. Pero nos resistimos a seguirla ciegamente, porque confiamos más en el mensaje externo con sus miles de sugerencias y productos resolutivos para la crianza, que en nosotras mismas. Finalmente dejamos de creer en la inmortalidad, porque todo puede pasar. 

Algo muy insistente ocurre también en nuestros días. Una suerte de automatización de la vida se apodera de nosotras. Un “hay que” constante que nos exige cumplir con un rol históricamente instalado por la cultura regional de la Madre intachable, la Madre Santa y Mártir, la Madre Patria, ahora profundizado con el ritmo desenfrenado de las redes sociales.

Todo, absolutamente todo, recae en mamá. Somos las hadas que deben esconder a sus hijos contra los males de la realidad. Las caídas, las heridas, las victorias, las risas, las lágrimas, las frustraciones, y tantas cosas más. No importa cuánto cariño das o cuántas lecciones intentas enseñar; al final del día “la culpa la tiene la madre”. ¡Qué lo parió!

Crecimos con ese peso de estar siempre ahí, llueve o caiga granizo. Esa responsabilidad desmedida de sostener y aguantar, porque “vos quisiste ser mamá”. Algunas no lo planificaron, otras sucumbieron a la tentación, y muchas lo buscaron con ardor y ansiedad, como la manifestación más clara de la clave del éxito femenino: ser madre.

Hoy la maternidad se ha vuelto muy comercial y confieso ser una de las primeras consumidoras de ese “arquetipo de la mami”. Pero al final del día, con el cansancio que conlleva serlo, me recuerdo que antes de cumplir con semejante rol, soy y seré siempre una mujer. 

Emilia Zavaleta
"Soy madre de mí misma, porque siento que estoy pariendo a una nueva mujer en mí, abrazando cada una de mis partes, integrando cada una de mis formas de maternar". 

En la actualidad celebramos una vez por año a la madre, un rol que antes no se cuestionaba tanto. Sus cuerpos dejan de ser suyos cuando tienen hijos. La crianza es el pilar fundamental de su existencia. La compasión y la empatía rigen su accionar.

Madres que hoy están abocadas a la crianza impoluta y con la varita mágica del multitasking. Madres proveedoras como la tierra misma que tienen que traer el pan a la mesa, sujetas a las desigualdades sociales en las que lamentablemente todavía estamos inmersos.

Desmitifiquemos a la madre que nos parió. Bajemos el tono angelical de la “Santa Madre” y suavicemos el extremo de la “Puta Madre”, para poder ver de cerca a la Verdadera Madre. La madre que nos parió puede no tener la respuesta correcta, no estar cuando más la necesitamos.

En varias oportunidades huye, se esconde, llora y grita por razones indescifrables, dejando de cumplir su “mandato divino”. La madre que nos parió es una mujer contradictoria, humana. No es súper poderosa y no puede con todo. Su cuerpo se parte y se raja en más de una oportunidad. Lo hace por amor, por crear vida y sostener.

Pero también busca cumplir con las exigencias de dar, de manera incondicional, hasta el punto de perderse por completo, borrarse de sí misma. Y queda girando en falso, olvidando su verdadera esencia, maquillando su cara para que sus lágrimas permanezcan bloqueadas bajo la piel. Se olvida que puede tener una pasión, momentos para ella, ocio, trabajo y dinero, sin dejar de ser - también - la madre que parió. 

¿Qué pasa si no estoy ahí siempre? ¿Si paro otros hijos, como un libro, una obra de arte, un trabajo, una vocación? ¿Seré menos madre? Al contrario, maternar empieza por una misma, por autocuidarse, mimarse y permitir romperse en pedacitos y volver a empezar. Soy mamá, orgullosa y feliz de los hijos que tengo.

Agradezco a mi madre, abuelas, bisabuelas y tatarabuelas que me dieron la vida.  Y creo que hoy, por ellas y las que vinieron antes, soy madre de mí misma, porque siento que estoy pariendo a una nueva mujer en mí, abrazando cada una de mis partes, integrando cada una de mis formas de maternar. 

Por eso elijo quedarme con otra definición de madre por sobre todas las que encontré: AUTORA, CREADORA O FUNDADORA DE ALGO CON AFÁN DE MATERNAR, QUE ES LO MISMO QUE AMAR.

FELICES TODOS LOS DÍAS A LAS QUE MATERNAN SU VIDA Y LA VIDA DE LOS DEMÁS.

Mis recomendaciones de la semana

Abracen a sus hijos e hijas. Abracen a sus madres y abuelas si las tienen en este plano. De lo contrario, escribanles una carta. Abracen a sus tías, hermanas y amigas que estén en las difrentes etapas de la maternidad. Y por sobre todo, abracensé con amor y compasión, porque la maternidad empieza por una misma. 

Fuente: Emilia Zavaleta, @sermulanas

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