Por qué nos cuesta separarnos en armonía – Revista Para Ti
 

#Placeres: Por qué nos cuesta separarnos en armonía

Separarse genera un cimbronazo emocional. Hay que cerrar puertas y convertir esa relación en el pasado, al principio recordar por qué no se está más en esa relación de pareja y que es lo que ahora comienza a construirse que es la relación de padre-madre de esos hijos. De esta cuestión nos habla hoy Analía Lilian Pereyra, Sexóloga Clínica y Educativa.
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Hay una gran industria generada alrededor de la pareja idealizada, porque buscamos afuera, depositamos en un “otro” algo idealizado y esa ilusión nos hace ver cosas que no existen en la realidad. El modelo reproductivo de la sexualidad tiene mucho peso, el dúo egoísta del modelo monogámico –como dice Coral Herrera- que declama encerrarse en su nidito y procrear.


Esta primacía de la relación de pareja por sobre otros amores y vínculos enfatiza la dependencia, la posesividad y los celos. Ese modelo de amor romántico que es la meta utópica a alcanzar y son muchas las expectativas en relación a lo que te va a dar esa relación de pareja. Al separarse las personas sienten angustias por los mandatos internalizados en torno a este modelo de amor, tales como la idea del amor para toda la vida y que hay imperiosamente que sufrir por amor.


Muchas veces esta significación mencionada lleva a muchos y muchas a estar en compañías nocivas y también limitantes de sus desarrollos personales. Los mitos suelen ser un gran obstáculo para separarse y poder analizar que algo no anduvo y por ello es mejor dejar de estar juntos antes que seguir forzando una relación que ya está acabada.


Las creencias pretenciosas sobre el amor, las expectativas desmesuradas y la idealización provocan que cuando se encuentran con la realidad haya sensación de frustración. Cerrar puertas de una relación amorosa es un proceso y si hay hijos es otro. Hay que cerrar puertas y convertir esa relación en el pasado, al principio recordar por qué no se está más en esa relación de pareja y que es lo que ahora comienza a construirse que es la relación de padre-madre de esos hijos.


Separarse amorosamente es el gran desafío, poder reconocer que la relación de pareja terminó y que esa otra persona es alguien a quien amamos en su momento, con quien pensamos en procrear y cuidar hijos. Y ahora lo que toca es revisar los acuerdos en relación a cómo será la vida de esos hijos en casas separadas.


Elaborar pactos suele ayudar al proceso, respetando los tiempos de cada uno e ir negociando de que manera va cambiando la relación, se estructura en torno a los hijos en común y poder demostrarle con actos y gestos que esos padres se quieren y respetan, aún cuando hayan decidido no estar mas en pareja. Este suele ser el mejor ejemplo para que los hijos no sientan la separación como una carga y puedan sentirse queridos por su madre y padre aún no estando juntos.


Como dice Foucault al amor hay que dejar de idealizarlo y aprender a construir un vínculo, porque el amar es un arte. Los finales de las relaciones suelen ser difíciles de afrontar en un inicio, pero luego pueden convertirse en el verdadero fluir de una vida en plenitud.


Esa plenitud en nuestras vidas es el aquí y ahora, saborear el presente, hacer lo que nos brinde placer y lo que aporte a nuestro crecimiento personal y de nuestros hijos e hijas. Asumir responsabilidades compartidas y hablar de lo que nos acerca y une para transitar el camino de mamá y papá de esos hijos que hemos decidido en su momento tener y que nos unirán para el resto de la vida. Tenemos que liberar la mente, el corazón, el deseo y la ternura, y dejar que el amor fluya por todos los espacios.

Fuente: Lic. Analía Lilian Pereyra, Sexóloga Clínica y Educativa
IG: @licenciadaanaliapereyra

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