En los últimos años, la proteína pasó de ser un nutriente más dentro de la alimentación a convertirse en protagonista absoluta. Hoy aparece en etiquetas, publicidades y discursos sobre salud, instalando la idea de que cuanto más consumimos, mejor.
Pero, ¿realmente necesitamos tanta proteína como parece? ¿O estamos frente a una tendencia que desdibuja el verdadero equilibrio nutricional?
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"Hoy, la proteína está en todos lados. Yogures “proteicos”, snacks high protein, panes enriquecidos, barritas, suplementos. Parece que, si no tiene proteína, no alcanza. Y la sensación es clara: siempre falta. Pero, ¿realmente necesitamos tanta?", reflexionó al respecto la médica nutricionista Ana Cascú (MN 105.261).
El rol real de la proteína en el cuerpo
“La proteína es, sin duda, un nutriente clave. Participa en la formación de masa muscular, en la función inmune, en enzimas, hormonas y múltiples procesos del organismo. En los últimos años, se instaló la idea de que consumir más proteína es siempre mejor. Que más es igual a más salud, más músculo, más rendimiento. Y eso no es necesariamente así", expresó la especialista.
“Para la mayoría de las personas, especialmente aquellas que no entrenan de manera intensa, los requerimientos proteicos están cubiertos con una alimentación habitual. No hace falta suplementar. No hace falta “reforzar” todo, pero la industria encontró una oportunidad más: el marketing del “más es mejor", desarrolló la doctora.
"La palabra proteína se volvió sinónimo de calidad. Un producto con proteína se percibe automáticamente como más saludable, aunque tenga azúcar, edulcorantes o sea ultraprocesado. Como sucede muchas veces, el foco se corre, se deja de mirar el alimento en su conjunto y se empieza a evaluar por un solo nutriente, y ahí se pierde criterio", aseguró Cascú.
A su vez la médica dijo que consumir más proteína de la necesaria no se traduce automáticamente en más músculo. "El aumento de masa muscular depende del estímulo (entrenamiento de fuerza) y del contexto metabólico. Sin eso, el exceso de proteína no se convierte mágicamente en músculo", expresó.
"Además, un exceso sostenido puede desplazar otros nutrientes importantes en la dieta, como hidratos de carbono, fibra o grasas de calidad. La fórmula calórica debe ser balanceada para que todo funcione en orden", determinó la nutricionista.
También, la especialista aseveró que se genera una relación más rígida con la comida porque ya no se come por hambre, sino para “cumplir”.
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No todo el mundo necesita lo mismo
"Y hay otro punto clave: el cuerpo no funciona por moda, no necesita tendencias, sino equilibrio. En mujeres, por ejemplo, el aumento del consumo de proteína puede ser útil en determinadas etapas -como la menopausia, donde hay mayor riesgo de pérdida de masa muscular-, pero eso no significa que todas deban comer como si estuvieran entrenando para competir", explicó la nutricionista.
"Lo mismo aplica a personas sedentarias o con actividad física moderada. Más no es siempre mejor. Es, muchas veces, innecesario. La pregunta no debería ser cuánta proteína tiene un alimento, sino qué lugar ocupa en la alimentación", aseguró la experta.
"Una dieta equilibrada, con alimentos reales -carnes, huevos, legumbres, lácteos, frutos secos- cubre perfectamente los requerimientos en la mayoría de los casos, sin necesidad de productos enriquecidos ni suplementos", expresó la médica.
"La proteína no es el problema; la obsesión sí. Cuando un nutriente se vuelve protagonista absoluto, el riesgo es perder de vista el conjunto. Y en nutrición, el conjunto es todo. No todo necesita más proteína y no todo lo que tiene proteína es mejor", sentenció Cascú.


