Durante años pensamos la sonrisa como un gesto, un detalle estético, algo que se mejora para una foto o una ocasión especial. Pero, ¿y si fuera mucho más que eso? ¿Y si una boca sana estuviera diciendo algo profundo sobre cómo vivimos… y cuánto vivimos?
"Resulta que esa sonrisa deslumbrante -y, más importante aún, el estado de salud que refleja- está profundamente conectada con el bienestar general. No estamos hablando solo de estética; sino también de la arquitectura misma de la longevidad", explicó el odontólogo Ariel Merino, experto en estética dental (MN 34.869).
La idea es simple pero potente: la boca no funciona aislada del resto del cuerpo. Lo que pasa ahí no se queda ahí. Según Merino, es un verdadero punto de entrada al organismo: "La boca no es una isla, es una puerta de entrada. Lo que sucede en la cavidad oral no se queda ahí: repercute en todo el organismo", expresó.
Por eso, descuidar la higiene bucal va mucho más allá de una cuestión visual. "Descuidar la higiene bucal no es solo un problema estético. Favorece la enfermedad de las encías y la caries", aseguró el médico.
El problema es que esas afecciones no son locales. "Esas colonias de bacterias y la inflamación que generan no se quedan quietas: viajan por el torrente sanguíneo como pequeños invasores, con potencial de causar desajustes en otros órganos", detalló el odontólogo.
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Cuando la salud oral impacta en todo el cuerpo
La ciencia viene marcando desde hace tiempo vínculos que sorprenden. Merino lo explica con claridad: "Por ejemplo, la enfermedad periodontal se ha vinculado con afecciones cardiovasculares, aumentando el riesgo de infartos y ACV".
Pero el impacto no termina en el corazón. "Estudios recientes también sugieren una relación con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer", afirmó el especialista.
Y hay más conexiones que suelen pasar desapercibidas. "Por otra parte, la diabetes y la salud bucal mantienen una relación de ida y vuelta. Una mala salud oral dificulta el control de la glucemia, y la diabetes, a su vez, daña las encías, creando un círculo vicioso", declaró el odontólogo.
En ese entramado aparecen también otras patologías: "Infecciones respiratorias, artritis reumatoidea, ciertos tipos de cáncer, enfermedades renales e incluso un sistema inmunológico debilitado aparecen asociados".
Uno de los datos más impactantes tiene que ver con el paso del tiempo y la cantidad de dientes que se conservan. "Algunos estudios muestran que conservar los dientes naturales tiene un peso real en la expectativa de vida", subrayó el experto.
El especialista lo resume con cifras que hablan por sí solas: "Personas que llegan a los 80 años con 20 o más dientes presentan un riesgo de mortalidad significativamente menor. En cambio, perder todos los dientes antes de los 65 aumenta de forma clara el riesgo de morir antes".
Lejos de soluciones complejas, la clave está en los hábitos cotidiano. "Entonces, una receta diaria para una vida más larga consiste en incorporar cepillado e hilo dental dos veces por día, todos los días; controles odontológicos; comer mejor (menos azúcar, más nutrientes), evitar hábitos nocivos como tabaco y alcohol en exceso", aseguró el experto.
Al final, la sonrisa deja de ser solo un gesto y se convierte en un mensaje del cuerpo. "En síntesis, la sonrisa no es solo una expresión pasajera ni una herramienta para masticar, es un indicador -un actor activo- de la salud y de la longevidad", finalizó Merino.
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