La boda de Giuliana Tenace, arquitecta perteneciente a una reconocida familia profesional de Paraguay, y Ricardo Squef Vierci, nieto del empresario Antonio J. Vierci, fue mucho más que un evento social: se convirtió en la boda del año en Punta del Este. Con 800 invitados, muchos de ellos trasladados en 15 vuelos privados y chárter, la celebración desplegó un nivel de organización pocas veces visto en Uruguay.
Los festejos comenzaron el miércoles con una white party en el parador La Susana, en José Ignacio, donde los invitados inauguraron el fin de semana con un dress code uniforme y una puesta en escena especialmente curada.
El viernes llegó el momento más esperado: la ceremonia religiosa en la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, uno de los templos más emblemáticos de Punta del Este, y luego la recepción en la exclusiva residencia La Dalmacia, en la parada 21 de Playa Brava.


El operativo de seguridad fue tan imponente como el evento: más de 40 guardias, vehículos blindados, inhibidores de drones y estrictos controles de acceso trabajaron para mantener la privacidad.
A esto se sumó la participación del artista colombiano Carlos Vives, que musicalizó parte de los festejos. La experiencia continuó hasta el sábado, con una cena de despedida en Unido, en Manantiales, que cerró un fin de semana de celebraciones al estilo de las grandes bodas europeas.

El look de novia: un diseño imponente para una entrada inolvidable
En medio de semejante despliegue, el look de novia de Giuliana Tenace fue uno de los momentos más comentados. Para su llegada a la iglesia, la arquitecta eligió un vestido blanco de textura rica y marcada, con un trabajo en relieve que recuerda a encajes o arabescos y que cubre toda la superficie del diseño.
La pieza combinaba una falda amplia y estructurada, de silueta princesa, con un escote halter que dejaba los hombros descubiertos y acentuaba la elegancia del cuello. La espalda descubierta y los laterales abiertos sumaban un toque contemporáneo que contrastaba con el espíritu clásico del conjunto.

El efecto final se potenciaba con un velo larguísimo, sostenido por asistentes, realizado en tul translúcido con un delicado borde de encaje que acompañaba la caminata hacia el altar. La novia completó el look con una mantilla bordada, ajustada a la cabeza, que enmarcaba su rostro y reforzaba la estética tradicional del conjunto. En sus manos, llevó un ramo blanco compacto, en total sintonía con la paleta pura del diseño.
La entrada fue aún más emblemática porque Giuliana llegó en un Porsche 911 de 1984, trasladado especialmente desde Paraguay y restaurado para la ocasión, un detalle que reflejó el nivel de cuidado y producción que caracterizó a toda la boda.
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