La casa familiar de Binningen era, hacia afuera, un espacio ordinario. Un domicilio más en una ciudad ordenada, de veredas limpias y rutinas previsibles. Allí vivía Kristina Joksimovic, de 38 años, exfinalista de Miss Suiza y entrenadora de modelos. Allí también, según sostiene la Fiscalía de Basilea-Campiña, fue asesinada por su esposo, Thomas, en ese entonces de 43 años.
El día en que todo dejó de ser normal
Los hechos se remontan a febrero de 2024. Durante un tiempo, la historia se contó como una muerte inexplicable. Thomas declaró ante las autoridades que había encontrado a su esposa sin vida en la vivienda. La escena, sin embargo, no terminaba de encajar. La desaparición previa de Kristina y ciertos rastros hallados fuera de lugar activaron una investigación que, con el correr de los meses, fue cambiando de forma.
El punto de quiebre llegó cuando el propio acusado modificó su versión. Admitió haberla matado y aseguró que actuó en defensa propia. La Fiscalía, en cambio, sostiene que las pruebas reunidas a lo largo de casi dos años permiten hablar de un asesinato.

El cuerpo como problema
El informe forense introdujo una dimensión difícil de asimilar. Según los documentos judiciales citados por la prensa suiza, tras matar a Kristina por estrangulamiento, Thomas habría intentado borrar su existencia física.
El cuerpo fue desmembrado con herramientas domésticas -una sierra de calar, tijeras de podar-, objetos habituales en cualquier hogar que, en este caso, cambiaron de función. Luego, de acuerdo con la acusación, partes de los restos habrían sido introducidas en una licuadora industrial para ser trituradas, como si el cuerpo pudiera reducirse a un residuo imposible de reconocer. Finalmente, habría utilizado sustancias químicas para intentar disolver lo que quedaba.

La Fiscalía evitó difundir más detalles y mantuvo una comunicación prudente. Aun así, la mención de la licuadora -un artefacto asociado a lo cotidiano, a la cocina, a lo doméstico- aparece en el expediente como uno de los datos más perturbadores del caso y permite dimensionar la violencia ejercida más allá del momento de la muerte.
El hallazgo y la denuncia
La investigación se inició tras un gesto que parece salido de una pesadilla cotidiana: el padre de Kristina encontró restos humanos en bolsas de basura. Ese hallazgo obligó a mirar de frente lo que hasta entonces se había intentado explicar con palabras suaves.
Desde ese momento, la causa quedó en manos de la Fiscalía de Basilea-Campiña, que avanzó en silencio, reconstruyendo tiempos, movimientos y contradicciones.
Quién era Kristina Joksimovic
Kristina había participado en el certamen Miss Suiza en 2007, pero su vida posterior se desarrolló lejos del brillo ocasional de los concursos. Trabajaba como entrenadora de modelos y compartía en redes sociales videos de pasarela, técnica y formación profesional.

Era madre de dos hijos pequeños, que hoy permanecen bajo custodia mientras la causa judicial sigue su curso. En las imágenes que ella misma publicaba, la vida parecía ordenada, casi pedagógica: enseñar a caminar recto, a mirar al frente, a sostener el cuerpo.
La imputación y lo que sigue
Casi dos años después del crimen, la Fiscalía presentó cargos formales contra Thomas por asesinato. El acusado permanece detenido y, hasta el momento, no se informó si cuenta con defensa legal ni la fecha de su próxima comparecencia ante el Tribunal Penal de Basilea-Campiña.

Las autoridades reiteraron que rige el principio de presunción de inocencia, aunque subrayaron que la imputación refleja la contundencia de las pruebas reunidas.
Un crimen que sacudió a Suiza
La violencia del caso y la figura pública de la víctima generaron un fuerte impacto en la sociedad suiza. La cobertura de medios internacionales amplificó el horror: no solo por cómo murió Kristina Joksimovic, sino por lo que ocurrió después, cuando el cuerpo dejó de ser cuerpo y pasó a ser algo que había que ocultar.
En un país acostumbrado al orden y la discreción, este crimen expuso una fisura inquietante: la posibilidad de que lo atroz ocurra en el lugar que suele pensarse como el más seguro.
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