Verónica Ruiz descubrió que era adoptada y busca a su mamá
 

A sus 37 años descubrió que era adoptada, hoy busca a su mamá biológica: el conmovedor caso de Verónica Ruiz

Veronica Ruiz
Con un video que se volvió viral en redes sociales, Verónica decidió contar su historia y pedir ayuda para encontrar a su mamá biológica, a quien solo conoce por el nombre de Teresa. En diálogo con Para Ti, comparte su infancia, el camino de esta búsqueda y el mensaje de esperanza que quiere dejarle a la mujer que le dio la vida.
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La historia de Verónica Ruiz es la de una mujer que, a los 39 años, decidió abrir una herida de la infancia para darle luz. Nació el 9 de octubre de 1985 en Merlo, provincia de Buenos Aires, en un parto asistido por una partera en una casa particular. Su mamá biológica, Teresa, estuvo presente en ese momento, pero pocos días después se fue y nunca más volvió a formar parte de su vida.

Durante toda su juventud, Verónica sospechó que había algo que no encajaba en su historia. Recién en la pandemia, cuando regresó al país después de años de viajes y vida en el exterior, se animó a buscar certezas. Hace apenas dos meses se hizo un ADN con su mamá de crianza y confirmó lo que intuía: había nacido de otra mujer.

La maternidad fue el motor de este proceso. Tras el nacimiento de su hija Sathya, Verónica sintió la necesidad de conocer su origen y completar su identidad. Por eso grabó un video en redes sociales contando su historia, en la esperanza de que llegue a Teresa, su madre biológica.

Verónica Ruiz busca a su mamá biológica: "Lo único que quiero es escuchar su historia de su propia voz”

- Verónica, ¿quién sos hoy? ¿A qué te dedicás y cómo es tu vida actualmente?

- Tengo 39 años y desde hace 2 que vivo en Escobar junto a mi familia: mi pareja, Martín, y nuestra hija Sathya, que tiene casi dos años. Antes vivíamos en Caballito, pero cuando quedé embarazada con Martín sentimos la necesidad de dar un paso distinto: buscar más verde, más tranquilidad y una vida más conectada con la naturaleza. Acá encontramos lo que estábamos buscando y también una comunidad hermosa de amigas y amigos que ya son parte de nuestra vida cotidiana

Vero junto a su marido Martín y su baba Sathya de 2 años.

Me dedico a acompañar a mujeres en el proceso de conocer mejor su salud hormonal y su ciclicidad, para integrarla a la vida cotidiana y al trabajo, con el objetivo de mejorar su bienestar.

En especial me enfoco en síntomas que suelen aparecer a partir de los 38 años, en la etapa de la perimenopausia. Trabajo la salud hormonal, mental y emocional desde una mirada integral que combina la medicina ayurveda, el yoga, la meditación, los hábitos saludables y el registro de nuestra ciclicidad. Creo que es fundamental darnos cuenta de que nuestras hormonas van cambiando, que nuestras necesidades no son siempre las mismas, y que podemos adaptar la alimentación, la rutina y la forma de vivir a ese ritmo natural que tenemos las mujeres

- ¿Quién te crió o con quién creciste? ¿Cómo fue tu infancia en ese entorno?

- Me crió sobre todo mi mamá, que curiosamente también se llama Teresa, como mi mamá biológica. Mis papás se separaron cuando yo tenía unos dos años, así que mis recuerdos más fuertes de crianza son con ella.

Vero en brazos de Teresa y Claudio, sus papas de crianza.

Mi infancia fue bastante rara y compleja por distintos motivos. Mi mamá trabajaba mucho y yo pasaba mucho tiempo sola. Nuestra familia núcleo siempre fue disfuncional, con una relación muy complicada entre mis padres. Aunque estaban separados, mi mamá dependía económicamente de mi papá y eso hacía que él siguiera teniendo mucho control en la casa. Era rígido, machista, muy controlador, lo que generaba un ambiente tenso.

No puedo decir que mi papá haya estado realmente presente en mi infancia. Lo que sí recuerdo son momentos de mucha tensión, nerviosismo y angustia, sobre todo de parte de mi mamá.

- ¿Siempre supiste la verdad sobre tu historia de origen o lo descubriste más adelante?

- No, nunca supe la verdad. Desde mis 20 años empecé a sospechar. Había cosas que no cerraban: no existían fotos de mi mamá embarazada y en mi partida de nacimiento figuraba que había nacido en Merlo, cuando en realidad nosotros vivíamos en Flores. Incluso una prima me dijo que en la adolescencia yo ya había manifestado dudas, aunque no lo recuerdo.

A los 24, después de una terapia, mi psicóloga me animó a preguntar. Recuerdo que con mucho nervio le pregunté a mi mamá si mi papá era realmente mi papá. Ella me respondió: ‘Ay, Vero, ¿cómo no va a ser tu papá?’ y ahí quedó todo, sin dar lugar a más preguntas. Yo ya intuía que me estaba negando la verdad.

Verónica en el Jardín de Infantes.

En ese tiempo mi vida tomó otro rumbo: me fui a vivir a la India, donde pasé un año formándome con mis instructoras de yoga y meditación. Después de eso, pasé muchos años fuera de Argentina, viajando y viviendo en distintos países: India varias veces, México, Perú y Colombia, donde estuve cuatro años. Todo mi camino espiritual fue, en parte, una forma de buscar contención y sanar esa herida interna.

Al mismo tiempo, trabajaba como modelo publicitaria. Empecé a los 21, después de hacer un book, y ese trabajo fue lo que me permitió sostener mis viajes y mi estilo de vida: cada vez que necesitaba dinero, hacía publicidades o fotos, y con eso seguía. Incluso llegué a vivir ocho meses en Bombay trabajando de modelo.

Recién con la pandemia, en 2020, volví a instalarme en Argentina. Regresé de India y pasé ese año viviendo con mi mamá, que siempre fue la que me crió. Volver en ese contexto fue volver también a mi historia, a esa necesidad de saber más sobre mis orígenes. Fue entonces cuando el deseo de conocer la verdad se hizo mucho más fuerte.

Y lo confirmé recién hace dos meses. Lo que hice fue un ADN a escondidas con mi mamá. Un día fui a su casa, le depilé las cejas, guardé los pelitos en una gasa y después me hice un hisopado. Con eso pude tener la primera prueba concreta.

Yo ya tenía la sospecha desde hacía años, pero quería tener algo firme en mis manos antes de hablar con ellos. Me daba miedo que siguieran negándolo. Así que recién con ese resultado de ADN tuve la certeza. Fue entonces cuando encaré la primera charla con mi papá. Esto pasó hace muy poco, apenas dos meses, y fue el momento en que finalmente confirmé lo que siempre había sentido

Vero busca a su madre biológica.

- ¿Cuándo nació en vos la necesidad de buscar a tu mamá biológica?

- La necesidad nació cuando me convertí en mamá. Creo que fue ahí cuando se hizo realmente contundente. Durante los primeros dos años estuve absorbida por la maternidad: el mal dormir, las demandas constantes, toda esa intensidad que tiene el inicio de esta etapa. Pero cuando esa espuma empezó a bajar, apareció con fuerza la necesidad, el coraje y el impulso para dar este paso. Ser mamá me dio la energía para concretar algo que siempre había estado latente en mí.

- Sabemos que su nombre es Teresa. ¿Qué más pudiste averiguar sobre ella?

- Sé que mi mamá biológica se llama Teresa. Trabajaba en Barrio Norte, en una casa cama adentro, y allí estaba junto a una tía mía que se llamaba Rosa. Fue justamente Rosa quien le ofreció a mis papás, que no podían tener hijos, que se quedaran conmigo.

También sé que Teresa ya tenía una hija de entre tres y cinco años, aunque no conozco la edad exacta. En esa casa le dijeron que no podía tener otra hija, y fue así como se dio mi entrega.

Lo único que sé además es que vivía por Zona Norte, pero no tengo más datos que esos: su nombre, dónde trabajaba, que tenía otra hija y que compartía ese espacio con mi tía Rosa

Por lo que pude averiguar, mi mamá biológica debe tener hoy entre 60 y 70 años. Algunos me dijeron que tenía 18 o 19 cuando me tuvo, mientras que mi mamá asegura que tenía alrededor de 28 o 29. Por eso calculo esa franja de edad.

Nació el 9 de octubre de 1985 en Merlo.

Yo nací el 9 de octubre de 1985 en Merlo, en una casa donde el parto fue asistido por una tía que era partera y enfermera. En ese momento estuvieron presentes tres personas: mi mamá biológica, mi mamá que me crió y la partera.

Después del parto me llevaron a Flores, donde vivían mis papás adoptivos. Teresa, mi mamá biológica, permaneció unos días allí y luego se fue de la casa en la que finalmente me crié

Además, hay una prima mía que me cuidaba cuando yo era bebé y me contó que, cuando yo tenía dos años, mi mamá biológica volvió a buscarme. Según ella, se quedaba merodeando por la calle para ver si podía recuperarme porque se había arrepentido.

Sin embargo, cuando le pregunté esto a mi mamá, me dijo que no se acuerda y que eso no es cierto. Ahí aparecen las contrariedades en los relatos: versiones distintas de una misma historia.

Lo que sí es cierto es que yo viví en esa casa hasta los 12 años, pero según mi prima, ese intento de reencuentro habría ocurrido cuando tenía alrededor de 2

- ¿Qué sentiste cuando decidiste hacer público tu pedido con un video en redes?

- Cuando publiqué el video sentí que lo estaba soltando al universo. No sabía qué iba a pasar, si me iba a llegar alguna respuesta, si mi mamá biológica está viva o si ella tiene el deseo de conocerme. Pero de mi parte fue como decir: ‘Ya hice todo lo que estaba a mi alcance: me hice el ADN, hablé con mi mamá, con mi papá y con las personas que podían saber algo. Ahora lo único que me queda es esto’.

Al tener tan pocos datos, sentía que no había otra forma de avanzar. Por eso grabé el video y lo subí a redes, como un último recurso para intentar encontrarla. Hoy me siento bien de haberlo hecho. Siento que estoy yendo hasta el final en este camino, usando todas las herramientas que tengo para intentar reconstruir mi identidad y entender un poco más de dónde vengo

- ¿Cómo te está acompañando tu entorno en esta búsqueda?

- Mi entorno me está acompañando a full. Sobre todo mis amigas, muchas de ellas madres que conocí acá, que me apoyan y contienen en todo este proceso. También mis amigas que viven en Capital o incluso en Colombia están pendientes y me escriben para darme ánimo.

Martín, mi pareja, también me acompaña en cada paso. Yo siento que voy avanzando con mucha determinación, y las personas que tengo cerca me alientan y me dan fortaleza con sus palabras. Eso me sostiene y me impulsa a seguir adelante con esta búsqueda.

- ¿Cómo imaginás el momento en que la encuentres?

-La verdad es que no me imagino ese momento con claridad. A veces pienso en muchos escenarios posibles, pero hay demasiadas variables: no sé si ella querrá conocerme, no sé si está viva y tampoco sé qué sentiré yo en ese instante.

Ese encuentro no depende solo de lo que ella haya vivido, también será un impacto para mí. No sé qué me pasará cuando la vea, cómo me voy a sentir.

A veces me ronda la pregunta de si sigue con vida y también pienso en su otra hija, que debe tener alrededor de 45 años. ¿Cómo será conocerla a ella también? ¿Cómo será descubrir que tengo una hermana después de más de 40 años de haber crecido sin saberlo? Todo eso hace que no pueda imaginarme el encuentro, porque todavía es una incógnita muy grande.

- Si tu mamá biológica llegara a leer esta nota, ¿qué mensaje te gustaría dejarle?

- Si ella llegara a leer esta nota, lo que quiero decirle es que la estoy buscando. Que me encantaría poder conversar con ella, conocerla y, sobre todo, escuchar su historia de su propia voz. Ese es el verdadero motivo por el que emprendo esta búsqueda: poder completar mi identidad a través de sus palabras.

- ¿Qué le dirías a quienes también están buscando a un ser querido?

- Les diría que tengan paciencia y que avancen de a poco, con pasos concretos pero también cuidándose a sí mismos. Este proceso es una avalancha emocional muy intensa y es importante resguardar la propia energía. Yo, por ejemplo, me fui dando tiempos: entre que me hice el ADN, hablé con mi familia y luego decidí hacer el video público, pasaron meses en los que necesité parar, relajar y escuchar mi intuición.

Hoy, Verónica se dedica a acompañar a mujeres que transcurren la perimenopausia.

Creo que lo fundamental es confiar en el proceso. Tarde o temprano sucederá lo que tenga que suceder, y hay que entregarse a esa idea con calma. No hay una única manera de hacerlo, yo solo puedo contar cómo lo viví yo: esperar el momento indicado, sentir cuándo era tiempo de dar un paso nuevo y cuándo era mejor mirar hacia adentro.

También recomiendo acompañar la búsqueda con un trabajo personal que ayude a integrar la historia, sea cual sea el resultado. En mi caso hice constelaciones familiares, y estoy abierta a seguir con un proceso terapéutico que me permita darle un sentido a todo esto.

Al final, más allá de encontrar o no a ese ser querido, creo que lo más importante es transformar la historia vivida en algo que nos fortalezca y nos ayude a crecer en nuestra propia vida.

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