El silencio del dolor, muchas veces, se rompe con palabras breves. Furiosas. Crudas. Y, a veces, públicas. Así fue como Natalia Ciak, la mamá de Joaquín Ruffo —el niño de 8 años asesinado por su propio padre en Lomas de Zamora—, eligió hablar este 11 de noviembre, el día en que su hijo hubiera cumplido 9 años.

No lo hizo frente a cámaras ni a la prensa. Lo hizo desde su corazón y su casa, compartiendo con Para Ti un texto que combina recuerdos, bronca y un amor imposible de apagar. “Hoy hubiera deseado que despertara como cada 11/11. Siempre le preparaba algo especial: globos, decoración, hasta el piyama de la temática que había elegido. Para el próximo finde había reservado una cancha de fútbol que habíamos ido a ver juntos.”
El lazo más profundo
Natalia habla desde un duelo que no se mide en tiempo, sino en vacío. “El dolor mayor es la traición a Joaqui. Hoy lo honro y lo haré cada 11 de noviembre, porque una madre jamás olvida el nacimiento de su hijo. Es el lazo de amor más profundo, real y eterno.”

En su mensaje, también compartió que el 5 de noviembre se realizó una prueba toxicológica al cuerpo de Joaquín, para determinar si había sido drogado antes de morir. “Aún no están los resultados. Tampoco los psicológicos del innombrable, el que no dejó que Joaqui cumpliera sus 9 años con sus amigos, como tanto amaba.”
El recuerdo que no se apaga
Natalia recuerda que hace un año, juntos, preparaban los alfajores de maicena para llevar al colegio y hacían los carteles de su cumpleaños. “Lloré, recordé sus carcajadas contagiosas... me abracé a él. No hay amor físico, tangible, me quedan recuerdos memorables. Pasaron tres meses. Dirán: ponete de pie. Pero el tiempo es cruel... no se transforma el dolor de una pérdida tan arrebatadora de un día a otro.”

En las redes, padres, amigos y compañeros del colegio organizaron una suelta de globos blancos a la salida de clases para homenajear a Joaquín. “Eso dice todo de él”, escribió Natalia.
“Con Joaquín, no”
Aquella frase que escribió hace meses, en los comentarios del Instagram del padre de su hijo, sigue resonando: “Vas a arder en el infierno. Con Joaquín, no.”
Tres palabras que se convirtieron en símbolo. En ese límite que no se cruza: el del amor de una madre, el respeto a la infancia, el derecho a crecer en paz.
El caso
El hecho ocurrió el 10 de agosto en Lomas de Zamora. Alejandro Javier Ruffo, de 52 años, mató a su hijo. Según la autopsia que llegó a manos de la fiscal Fabiola Juanatey, la causa de muerte de Joaquín fue “asfixia por compresión extrínseca de cuello”. Tras el crimen, Ruffo intentó quitarse la vida y fue internado en el Hospital Gandulfo, donde permanece con custodia policial. El caso está caratulado como “homicidio agravado por el vínculo”, y se espera que las pericias determinen si comprendía la criminalidad de sus actos.
Un homenaje desde el amor
Hoy, 11 de noviembre, mientras cientos de personas recordaron a Joaquín con una suelta de globos, Natalia eligió otra forma de celebrar su vida: “Feliz cumple, my freckless boy. 9 años. 1 torta de dulce de leche, crema y vainilla. 3 deseos que no se cumplirán. O que, tal vez, él me los pida a mí.”
Una frase que duele, pero también abraza. Porque el amor de una madre —incluso en medio del dolor más injusto— no muere nunca.
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