Juana Morales y Pedro Kreder: hallazgo en el mar patagónico, la espera, el miedo y la verdad que llegó desde el viento - Revista Para Ti
 

Juana Morales y Pedro Kreder: hallazgo en el mar patagónico, la espera, el miedo y la verdad que llegó desde el viento

La aparición de un cuerpo en la costa de Río Grande generó confusión y alarma: se creyó que podía tratarse de Juana Morales o Pedro Kreder, desaparecidos hace cinco semanas.
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El mar patagónico tiene esa manera de devolver lo que el tiempo intenta esconder. Lo hace sin apuro, con la lógica áspera de la naturaleza: trae restos, pistas, rumores, silencios. En Río Grande, esa orilla donde el viento parece ordenar la vida cotidiana, un grupo de personas que caminaba por la costa vio algo que rompía la geometría gris del paisaje: un cuerpo inmóvil, entre los restos de mareas anteriores.

La noticia corrió rápido, como suelen correr las malas noticias en los pueblos atravesados por la incertidumbre. Y en cuestión de minutos se instaló una sospecha: ¿y si era Pedro Kreder? El jubilado de Comodoro Rivadavia que llevaba cinco semanas desaparecido junto a Juana Morales, en aquel viaje que nunca llegó a destino.

La confusión duró poco, pero el impacto fue enorme. Porque la comunidad todavía vive en estado de vigilia, esperando una respuesta.

Un nombre, una historia distinta

La jueza de Instrucción N.º 1, María Rosa Santana, confirmó lo que las pericias aceleraron en silencio: el cuerpo pertenecía a Sergio Gabriel Schlieter Barría, un hombre del que tampoco se sabía nada desde hacía más de una semana.

La identificación llegó a través del cotejo de huellas dactilares. No fue un proceso sencillo. El cuerpo estaba en un avanzado estado de descomposición, un detalle que obliga a los equipos técnicos a trabajar como si armaran un rompecabezas del que no conocen la imagen final.

La Policía Científica, la División Delitos Complejos, la médica forense y el fiscal Ariel Pinno pasaron horas reconstruyendo un relato posible en torno a ese hallazgo. Cada paso —una foto, un registro, una medición— se hace con la idea de que detrás de ese cuerpo hay una familia esperando, alguien llamando sin respuesta, alguien que no durmió la noche anterior.

El mar como escenario y testigo

El cuerpo apareció entre el puerto de Río Grande y Cabo Domingo, un corredor donde el viento sopla con la misma fuerza con la que en otros lugares llueve. Esa tarde, las ráfagas levantaban arena y tensión. Las personas que vieron los restos hicieron lo que dicta el instinto: llamar a la policía y retroceder sin dejar de mirar. Como si la distancia pudiera explicar lo que la vista no logra.

El protocolo se activó de inmediato: vallado del área, cierre del acceso, trabajo forense. La escena quedó congelada mientras la ciudad seguía su ritmo, ajena y, al mismo tiempo, profundamente ligada a esa imagen.

La magistrada confirmó que la investigación sigue abierta. La autopsia y los análisis complementarios permitirán saber qué pasó, cómo se produjo la muerte y si hubo algo más que mar, viento y destino.

La confusión que dejó al descubierto una herida

Cuando se supo del hallazgo, algunos medios especularon con que podría tratarse de Kreder. No había pruebas para sostener esa hipótesis; apenas una proximidad geográfica. Pero eso fue suficiente para que la angustia volviera a abrirse paso entre quienes siguen buscando a Pedro y a Juana.

La confusión duró unas horas. El impacto, un poco más.

En Comodoro, la desaparición de la pareja se ha vuelto una especie de sombra que acompaña a la comunidad. La espera desgasta de una manera difícil de describir: es una mezcla de esperanza, cansancio y un silencio que se hace cada vez más pesado. Esta vez, la noticia no trajo respuestas. Pero recordó que la búsqueda sigue.

El eco que queda

El cuerpo de Sergio Schlieter Barría ya tiene nombre, identidad, un pasado que alguien reconocerá con dolor. La investigación continuará su curso. Los equipos forenses seguirán descifrando indicios, como quien lee una carta escrita con letra corrida por la lluvia.

Mientras tanto, el mar permanece igual. Imperturbable, denso, testigo de todo. Ese mar que guarda, que devuelve y que, cuando quiere, habla. Para las familias que esperan, cada anuncio es una posibilidad y un golpe. Para la comunidad, un recordatorio de que incluso en los lugares más vastos, cada historia tiene un peso. Para la justicia, un desafío que todavía no termina.

Y para quienes siguen buscando a Pedro Kreder y a Juana Morales, una verdad incómoda: esta vez, el mar habló, pero no dijo lo que estaban esperando.

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