En su visita a los almuerzos de Juana Viale, Luisa Albinoni conmovió al narrar la historia de cómo Verónica, su hija de 20 años, llegó a su vida. La actriz recordó que el proceso de adopción no fue fácil: “Yo tengo una hija adoptada, ya tiene 20 años. Cuando la adopté yo andaba con mi carpetita de una provincia a la otra, presentándome en los juzgados. Era madrina de muchos hogares y cuando me llaman, del hogar que me llaman, hacía 7 años que iba”, comenzó.
Luisa no ocultó lo difícil que fue: “Fue muy duro, tardé 9 años en adoptar. Fui muy discriminada por ser actriz. En ese momento yo me había separado del que era mi marido y era una familia monoparental, que no era aceptada, no es como ahora”.
El momento en que conoció a Verónica
La actriz explicó que conoció a Verónica siendo una bebé, aunque nunca imaginó que terminaría siendo su mamá: “Cuando me llaman, yo la había recibido de bebé con sus 4 hermanos, sin saber que iba a ser mi hija. Le declaran el estado de abandono a los 5 años de estar en el hogar. Lo que pasa es que no son reclamados, ya habían vivido situaciones de abandono, otras parejas la habían querido adoptar pero fracasaron”.

Ese llamado marcó el comienzo de una nueva etapa: “Cuando me la dieron en guarda, ella tenía 5 años. En ese momento te dan la carpeta con su historia y estás obligado a conocerla para saber si estás de acuerdo y si te sentís capacitado a aceptar a esa criatura en guarda”.
El desafío del vínculo y un pedido inesperado
El proceso no fue inmediato: “Tardé como 3 años porque hay que establecer el vínculo, que trae mucho dolor, y a uno le da mucho miedo, el temor a no poder cumplir”, contó.
Un momento clave fue cuando Verónica le hizo un pedido que la marcó para siempre: “Un día ella se me sienta a upa me dice: ‘Queda mi hermanito’. Si yo hubiera podido, me los hubiese traído a los cinco, pero antes no se podía, ahora ya no los separan”.

Luisa relató que hizo todo para adoptar también al pequeño: “Hablé con el juez y me dijo: ‘No es para usted señora, es otro caso’. Tanto insistí que me dio el ok: ‘No es, pero inténtelo’”.
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Un intento que no funcionó: "Me sentí una mamá frustrada"
Ese intento no tuvo el final esperado: “Yo no podía creer que iba a fracasar en esto. Y no anduvo, (el nene) no me quiso. Fue terrible para mí, me sentí una mamá frustrada. Él quería volver, él amaba otra cosa. Pero bueno, tuve que aceptarlo”, recordó con dolor.
A pesar de la tristeza, volvió a enfocarse en el bienestar de Verónica: “Volvimos al hogar con los dos y la nena tenía pánico de que la dejara y él estaba feliz”.

El camino legal tampoco fue rápido: “Los niños son carpetas, son números. Hubo que cerrar un expediente y hacer otra vez las reuniones con la asistente social, otra vez las pericias psicológicas… Por eso tardé tres años en poder darle mi apellido a Verónica”.
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Finalmente, Luisa pudo convertirse legalmente en madre adoptiva de la niña, momento en el cual abrió su corazón para que Verónica pueda mantener el contacto con sus hermanitos, los cuales a la fecha son casi todos mayores de edad : “Yo a todos les digo que las puertas de mi casa están abiertas para todos. Mi hija tiene contacto con todos sus hermanos”.
Una familia que se amplía con amor
La actriz recordó un momento muy especial: “Una vez salgo del teatro y mi hija había venido con su hermana mayor, fui muy lindo”. Para Luisa, la adopción no solo le permitió formar una familia, sino también sostener lazos con todos los que forman parte de la historia de Verónica.
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