La Plata sigue en shock tras la muerte de Virginia María Franco, una reconocida psiquiatra de 67 años, hallada brutalmente asesinada en su casa de City Bell. Detrás de la escena violenta que hoy ocupa titulares, había una mujer profundamente respetada en su profesión, reservada en su vida cotidiana y querida por quienes la conocían.
Una profesional dedicada y discreta
Franco ejercía como psiquiatra desde hacía décadas y atendía en su consultorio de la calle 55 entre 10 y 11, donde sus pacientes la describían como una médica cálida, rigurosa y profundamente humana.

No tenía hijos y vivía sola, pero mantenía un círculo cercano con colegas y amistades que sabían de su enorme compromiso profesional y personal.
Los vecinos de City Bell coinciden en lo mismo: “Era una mujer educada, amable, muy respetuosa. Siempre saludaba y seguía su rutina con discreción.”
Su vida, marcada por la dedicación al trabajo y un perfil bajo, contrasta de manera dolorosa con el modo en que fue encontrada.
El hallazgo que abrió preguntas
El cuerpo de Franco apareció dentro de su casa de la calle Cantilo, entre 15A y 17, golpeado, ensangrentado y con signos de haber intentado defenderse. La escena mostraba un interior revuelto, manchas de sangre y elementos fuera de lugar.

Un conocido suyo, Pablo Adrián Bozza, fue quien llamó al 911 para denunciar el hallazgo. Él mismo quedó demorado. Era parte estable de su cotidianeidad: tenía acceso a su casa, manejaba algunas cuentas bancarias y la visitaba con frecuencia. Ese vínculo ahora está bajo análisis de la fiscalía.
Una muerte que duele por su violencia
La autopsia confirmó que Franco murió por shock hipovolémico, tras perder gran cantidad de sangre. Tenía heridas cortantes, lesiones defensivas en las manos y golpes en el rostro.
Fue una muerte violenta, sufrida, que evidenció que la mujer luchó hasta el último momento.
Mientras algunas fuentes hablan de un posible robo, otras sostienen que no había puertas forzadas ni faltantes de valor, abriendo nuevas preguntas en una investigación que recién empieza.
Una figura respetada que deja un vacío enorme
Para quienes la conocieron, el crimen no sólo impacta por su brutalidad, sino por la vida que se extinguió: la de una profesional admirada, una mujer tranquila, dedicada a su consultorio, responsable, reservada y con una reputación impecable en La Plata.
Virginia Franco no era una desconocida. Tenía historia, carrera, vínculos y un nombre construido con años de trabajo silencioso.
Hoy, mientras la Justicia avanza en la reconstrucción de sus últimas horas, su comunidad llora la pérdida de alguien que dedicó su vida a aliviar el sufrimiento psicológico de otros, y que terminó encontrando una muerte injusta, solitaria y cruel.
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