Luz "Pocha" Barrantes e Iván de Pineda se conocen desde la adolescencia. Se cruzaron por primera vez cuando tenían alrededor de 12 años, en el colegio, donde rápidamente se hicieron amigos. Esa cercanía de juventud, hecha de recreos, charlas y un mismo grupo de amigas y amigos, se transformó con los años en un vínculo más profundo.
Ya adultos, y después de idas y vueltas marcadas por los viajes de Iván —que a los 17 se convirtió en modelo internacional— empezaron a salir. Era el año 2000 y ese fue el comienzo de una relación que hoy supera los 25 años.
Un amor lejos de las cámaras
A diferencia de Iván, cuya carrera lo convirtió en una figura pública desde muy joven, Luz siempre eligió mantenerse al margen de la exposición. De familia conocida —es hermana del ex polista Martín Barrantes—, podría haber tenido presencia mediática, pero optó por lo contrario: no tiene redes sociales públicas, no da entrevistas y muy pocas veces se muestra en eventos.
Ese bajo perfil no solo acompaña la personalidad tranquila de ella, sino que se convirtió en una parte esencial del vínculo: es la manera que la pareja encontró para preservar su intimidad, incluso cuando Iván viajaba sin parar, vivía temporadas enteras en el exterior o pasaba horas en grabaciones.

Convivencia después de 18 años de relación
Durante casi dos décadas, Iván y Luz vivieron en casas separadas. Él lo contó más de una vez: la distancia —esa que imponían los viajes constantes del modelaje y, luego, del trabajo en televisión— hacía que convivir no fuera una prioridad. Sin embargo, en 2018 dieron el paso y se mudaron juntos. Para ambos significó un cambio natural, una consecuencia lógica de tantos años de pareja.
Por qué no se casaron (todavía)
El tema del casamiento aparece cada cierto tiempo. Iván lo explicó siempre con humor: cuando empezaron a pensar en una posible fiesta, la lista de invitados se disparó a números imposibles. “Eran como mil personas”, dijo entre risas en una entrevista. Finalmente, decidieron no avanzar, porque para ellos la formalidad no define el compromiso. Siguen juntos porque quieren estar juntos, sin necesidad de la libreta o de una celebración masiva.

Los planes que sí están en agenda
La paternidad es un tema que ambos reconocieron como pendiente. Iván habló públicamente de eso en los últimos años y, aunque no hay plazos ni urgencias, la idea está presente. Lo repitió más de una vez: no lo descartan, simplemente esperan el momento indicado.

El apoyo silencioso detrás de una figura pública
En cada premio, en cada reconocimiento, Iván se toma un momento para mencionar a “Luchi, La Pocha”, como él la llama en la intimidad. En 2024, al recibir una estatuilla vinculada a la moda, volvió a dedicarle unas palabras. Para él, Luz representa estabilidad, contención y la seguridad de volver siempre a casa después de tantos viajes y proyectos.
Incluso en uno de los momentos más intensos de su carrera reciente —el regreso de Pasapalabra en 2025— el conductor habló públicamente de su vida privada solo para remarcar que su pareja es “una mujer muy importante” y que gran parte de su tranquilidad personal tiene que ver con esa relación sólida y discreta que construyeron juntos.

Una pareja que eligió el perfil bajo y se mantiene unida
En tiempos donde las historias de amor mediáticas suelen ser breves y altamente expuestas, la relación de Iván y Luz se destaca por lo contrario: duración, discreción y madurez. No se muestran, no buscan cámaras y no dan notas en conjunto. Aun así —o quizás justamente por eso— llevan más de dos décadas caminando al lado del otro, eligiéndose desde aquel primer encuentro en el colegio hasta este presente compartido.
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