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Conocé cómo es Saint-Rémy, el pueblo de La Provence donde se casó Charlotte Casiraghi

Con sus gruesas fachadas medievales coronadas por techos de tejas que brillan bajo la suave luz de La Provence, las casas de Saint-Rémy -el pueblo en el que Charlotte Casiraghi dio el sí- merecen un tour aparte.

Grandes campos de lavadas que se mueven al compás del viento tiñen de color las suaves colinas de Saint Rémy y preceden a la histórica abadía
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Saint-Rémy de Provence, el pequeño pueblo de la Provenza francesa que Charlotte Casiraghi eligió para su segunda boda, tiene todos los condimentos que hacen a los más pintorescos rincones de La Provence. Apacible, casi bucólico, dueño de un clima único, atravesado por una maraña de calles estrechas con la iglesia y la plaza central y abrazado por una naturaleza que lo bendice con sus maravillosos y siempre perfumados jardines, posee además otros rasgos que lo distinguen el resto.

A saber: es el pueblo chic donde Carolina de Mónaco tiene su segunda casa, es el sitio histórico donde nació Nostradamus (aquel del fin del mundo) y el lugar donde, en pleno desequilibrio mental, estuvo internado Vincent Van Gogh (y donde pintó más de 15 cuadros, muchos de los cuales reflejan a la perfección la belleza del paisaje, como Los Iris y La Noche Estrellada).

Algunos guiños típicos de la arquitectura provenzal dicen presente en la fachada de la aadía Saint Mary de Pierredon: los techos de tejas, los postigos de madera, las ventanas con arco de medio punto y el gran patio de piedra caliza.


Arquitectura de La Provence

Ubicado a medio camino entre Aviñón, Arles, Nimes, Aix en Provence y Marsella, enmarcado por las suaves montañas de Les Alpilles y a pasos del famoso pueblo medieval Baux de Provenza, su casco antiguo deslumbra con una arquitectura de villa medieval, donde conviven ruinas que señalan el paso de los romanos, calles angostas, casas empedradas y una paleta de suaves colores pasteles desgastados con encanto; de modo que recorrerlo es casi como atravesar el túnel del tiempo.

Jardines de ensueño en La Provence

Aquí la gente vive en villas de la campiña perdidas entre campos de lavandas, donde son comunes dos tipos de construcciones: la típica casa provenzal es una granja pequeña de piedra o barro conocida como Mas, con gruesas paredes diseñadas para protegerse del calor; pero también están las ricas Bastidas, de formato cuadrado y en dos plantas, nacidas como segundo hogar (o casa de campo) de las clases más acomodadas.

En la ciudad, en tanto, lo histórico tiene un peso un peso específico: viejos castillos, abadías y otros edificios restaurados dan cuenta de una arquitectura románica y renacentista, cuyo santo y seña son sin dudas las casas con patio central, pisos de terracota, los suaves techos de tejas, las paredes coloreadas en tonos pasteles, los postigos y celosías de madera sobre ventanas con arco de medio punto, bien grandes, curiosas del maravilloso paisaje que las contiene.

La capilla románica es del siglo XII, con torre y campanario. Los muros de piedra señalan dela arquitectura medieval del lugar.

La abadía

Bajo el sol intenso del verano provenzal, la abadía Saint Mary de Pierredon, esa exquisita capilla donde Charlotte Casiraghi dio el “si”, se desnuda como una postal típica de la Provence. Su fachada atravesada por ventanas con arco de medio punto, vidrio repartido y celosías de madera, sus balcones de hierro forjado y ese suave color pastel patinado sobre los muros, muestran a un exponente fiel de las maisons de la campiña. A su lado, la capilla románica del siglo XII con torre y campanario, precedido por suelos de piedra clara (de ahí el nombre de Pierredon), estanques perfectos y un jardín de cuentos, hace el resto.

Los jardines

Desde el cielo parecen dibujados con regla. Los maravillosos jardines de la Abbaye Sainte Marie de Pierredon le rinden homenaje al espíritu del lugar. Diseñados sobre una suave planicie soleada y protegida del viento, reúnen viñas, campos de olivares, castaños centenarios y delicados bloques de lavandas que perfuman el espacio y suman color y texturas. La arquitecta y paisajista Dominique Lafourcade fue la encargada de su reciente rediseño. A la hora de replantar las viñas y enmarcar los grandes macizos de lavandas, Lafourcade se inspiró en el estilo de vida silencioso, apacible y autosuficiente de los monjes que en el siglo XII levantaron la capilla románica que más tarde, en 1205, se convirtió en abadía.

Sobre la fachada, con su sucesión de ventanas con arco de medio punto, vidrio repartido y celosías de madera, se cuela una inmensa glicina que a la hora de dar flor, le suma al paisaje ese azul tan típico de La Provence. Grandes maceteros con rosas y variedadades antiguas de vid son parte de una composición en la que el protagonismo lo tienen los suaves parterres en blanco y el azul, muchos contenidos por arbustos bajos cortados al modo francés. Un rápido pantallazo por el lugar arroja la certeza de que se está en el corazón de La Provence. De eso no hay dudas.

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