Cuarentena a bordo: esta familia argentina vive en un velero frente a Río de Janeiro y está por tener una bebé

Constanza Coll y Juan Manuel Dordal junto a su hijo Ulises (4) hace año y medio que dejaron todo en Buenos Aires para hacerse a la mar y vivir a bordo. En el trayecto se les unió Lula, una perrita que adoptaron, y Renata que está por nacer. La cuarentena por la pandemia de coronavirus los sorprendió en plena navegación. Tuvieron que improvisar y anclaron frente a la costa de Río de Janerio, donde planean el nacimiento de la bebé.
Constanza, Juan y Ulises a bordo. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

Constanza Coll es periodista. Juan Manuel Dordal es psicólogo y profesor de vela. Juntos decidieron hacer de la navegación un estilo de vida. En setiembre van a ser dos años desde que dejaron todo en Buenos Aires (departamento, profesiones, familia y amigos) para zarpar y hacerse a la mar con Ulises, su hijo que tenía 2 años en aquel momento y hoy está cumpliendo 4. Su proyecto se llama El Barco Amarillo en honor al primer velero con el que iniciaron esta travesía (ahora lo cambiaron por uno más grande).

En el trayecto se les sumó Lula, una cachorra que adoptaron en una de las islas donde estuvieron y Renata, la bebé que nacerá a fines de mayo. Además los sorprendió la pandemia de coronavirus navegando frenete a Brasil con todo lo que eso implica. En esta entrevista nos cuentan cómo lo están viviendo.

Constanza acaricia su panza. Renata llegará a fines de mayo. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

Parir lejos de todo y en medio de la pandemia

“Recorrimos la costa de Santa Catarina, de Sao Paulo, Río de Janeiro, Espíritu Santo, llegamos a Bahía y se nos planteó la disyuntiva de seguir para el Caribe o buscarle un hermano a Ulises. Como el ya tenía más de 3 años, decidimos ir por esta segunda opción y quedé embarazada enseguida“, cuenta Constanza.

Sigue diciendo que “en Bahía hay poca infraestructura hospitalaria o mala, y decidimos volver a Río. Estuvimos cursando el embarazo navegando hasta Ihla Grande, donde pasamos todo el verano y vinimos para Río porque encontramos un lugar más preparado en este contexto de coronavirus y con más opciones de maternidades privadas y públicas como para recibir a nuestra hija“.

Constanza y Juan eligieron la navegación como estilo de vida. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

¿Cómo fue vivir un embarazo a bordo ?¿Qué recaudos están tomando con respecto al parto en medio de la pandemia de coronavirus?

El embarazo empezó en Bahía, navegamos hasta Río de Janiero. Fueron navegaciones de 4 noches, después de 2 noches, y otra de 2 noches más. Se me hicieron largas porque me quedaba dormida o tenía un poco de nauseas, Juan tuvo que hacerse más cargo del barco, porque yo no conseguía hacer mis guardias completas.

Esa fue como una primera etapa. Tengo una obstetra en Argentina que me iba diciendo qué controles tenía que hacer semana a semana (análisis de sangre y ecografías). Y a medida que iba parando en diferentes puertos, iba haciendo los estudios. Hicimos base todo el verano en Angra Dos Reis, donde tuve una obstetra privada que fue siguiendo el embarazo. Ahora vinimos a Río cuando el coronavirus nos sorprendió. Acá hay más infraestructura; en Angra, la maternidad donde íbamos a tener a nuestra hija, que era pública, se transformó en un centro de atención del coronavirus. Y nos daban opciones privadas que no eran tan buenas como las que podíamos conseguir en Río, así que nos vinimos para acá.

La maternidad donde voy a tener a Renata no tiene casos de coronavirus, sólo es para madres y bebés. Es privada y se paga algo así como 2.000 dólares en cómodas cuotas. No queríamos hacerlo de manera privada porque siempre el servicio público de Brasil nos trató muy bien, pero en este contexto de coronavirus no queríamos arriesgarnos.

Vamos a ver cómo resolvemos el tema de Ulises y la cachorra porque estamos solos, no pudo venir la familia para el parto. El plan original era que viniera la familia y alquilar una casa para estar todos juntos. En este contexto nuevo, tenemos que ver qué hacemos. Sucedió algo muy lindo que con las redes sociales. Cuando planteamos esta complicación hubo cientos de sugerencias, ofrecimientos, apoyo…. Eso nos hizo sentir super bien y acompañados. Algunas de esas respuestas las estamos barajando porque el parto será a fines de mayo.

Constanza junto a Ulises. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

La pandemia cambió el plan

¿Cómo se están manejando con el tema de la cuarentena y la pandemia?

Con todo esto tuvimos que cortar nuestra forma de obtener ingresos de dinero. Si bien alquilamos el departamento que dejamos en Buenos Aires, y pensamos que con ese ingreso más las notas que yo pudiera hacer, íbamos a poder vivir, eso no alcanza y hoy vivimos del hospedaje. Compartimos la experiencia de vivir en el mar: los huéspedes se quedan con nosotros de 2 a 10 días, y compartimos la vida de a bordo. Aprenden a navegar, los llevamos a recorrer bahías, hacemos guitarreadas, Juan lo lleva a pescar con el arpón, pescamos de caña, nadamos, hacemos trivias, cómo es bañarse en el mar, cuidar el agua dulce, abastecerse con la pesca, pasar una tormenta a bordo… Todo esto lo tuvimos que cortar con la pandemia.

Estamos aislados, pero los tres estamos muy acostumbrados a estar 24/7 juntos. Nos gusta estar juntos todo el día, tenemos muchas actividades programadas, una rutina que no es estricta pero que incluye muchas cosas. Mientras estuvimos en Ilha Grande todos los días nadábamos, podíamos navegar y desembarcar en playas solitarias para no correr riesgos. Podíamos hablar con otros, de barco a barco, a la distancia.

Ulises no fue a un supermercado para evitar que tocara cosas. En Rio de Janeiro hay más casos de contagio, pero estamos super guardados. Salimos a pasear en bote. Mucho ejercicio en el barco. Tenemos aplicaciones para hacer en el barco, como yoga. El barco está abastecido para al menos dos meses, y con agua y comida para todo el tiempo que vamos a pasar el tiempo en Rio. Nos estamos cuidando muchísimo.

Este velero es el hogar de los Dordal. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

¿Por qué se les ocurrió dejar todo en Buenos Aires y vivir a bordo?

Habíamos decidido hacer este viaje cuando nació Uli. Si bien demoramos en preparar todo, tomamos la decisión en ese momento. Primero habíamos navegado la costa de uruguaya y después por canje a mí me prestaban barcos para hacer notas con distintos medios en los que colaboro. Así navegamos en Nueva Zelanda, a Croacia, y cada vez que estábamos en uno de esos super destinos nos entusiasmaba mucho ese estilo de vida, con toda su austeridad, su aventura, su naturaleza. Y cuando nació Uli nos decidimos.

En Argentina dejamos todo. Nuestra casa con todo lo que teníamos dentro, nuestras profesiones. Juan dejó un muy buen trabajo, dejamos la prepaga, nuestras jubilaciones en stand by, el jardín de Ulises y a nuestra familia. Uli es primer nieto así que imaginate lo que fue cuando nos lo llevamos. Dejamos familia y amigos. Lo bueno que a lo largo de esta travesía hicimos también muy buenos amigos.

En cuarentena, Constanza y Uli. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

¿Cómo es la vida a bordo?

Hace dos meses cambiamos de barco por uno más grande justamente para alojar a nuestra hija y tener más espacio para nuestro huéspedes y para la vida.

El Tangaroa 2 que es el barco con el que empezamos este proyecto es el barco amarillo que le dio nombre a todo esto. Lo vendimos, en realidad está señado porque con la pandemia el nuevo dueño no lo pudo venir a buscar. Nosotros ya tenemos el velero nuevo, que no es amarillo pero de a poco le estamos sumando ese color.

El velero actual tiene tres camarotes dobles, una cocina con bacha doble (con canilla de agua salada y otra de agua dulce), horno y heladera. Es mucho más cómodo que el que teníamos hace poco, y una sala de estar. Tiene 35 pies, es un llano (un velero de un astillero francés) y la energía es de paneles solares y un generador eólico. Tiene motor de 30 caballos para cuando no hay viento. En general tratamos de navegar a vela y ser lo más sustentables y ecológicos posible. Separamos la basura, tenemos mucho cuidado de no consumir de más, reciclamos, reutilizamos y renovamos muchas cosas propias de la naturaleza para nuestro entretenimiento.

Juan le da clases a Ulises. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

¿Cómo llevan adelante la educación de Ulises?

Descubrimos que la educación ambiental, física, geográfica es más rica que la tradicional e institucional. En Brasil es obligatoria a partir de los 5 años y a nosotros nos interesaría en principio hacer una combinación de educación a distancia en alguno de los programas oficiales que tiene el Ministerio de Educación con educación presencial en este momento en escuelas de Brasil, y cuando estemos en otro lugar del mundo, en escuelas locales. Eso nos interesa particularmente para que aprenda bien el idioma como si fuera uno más, y por el contacto con los niños también aunque él tiene sus actividades y sus amigos.

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Ulises es un niño muy sensible, un chico que sabe entrentenerse solo. No necesita tantos juguetes ni tanto consumo, ni ve publicidades. Sí ve dibujitos como cualquier chico normal. Él nos ayuda un montón en el barco, a cuidar a su cachorra, a cargar agua dulce de las cascadas… Desde los tres años nada y se sumerge en el mar y hace snorkel. Es un chico que nos acompaña en un montón de actividades que tenemos día a día en el barco con los huéspedes. Y sorprende su nivel de sensibilidad, se queda mirando el mar, un atardecer, te llama para que te quedes mirando la luna con él. Está muy conectado con la naturaleza. Y verlo a Ulises así es lo que nos hace redoblar la apuesta y seguir eligiendo la vida en el barco.

Ulises entiende y habla portgués. Si bien habla en español a veces se le chisporrotean algunas palabras en portugués. Es muy divertido. A nosotros nos dice “mamai” y “papai”. En cuanto todo vuelva a la normalidad la idea es que vaya al jardín para aprender mejor el idioma.

Uli juega a ser un superhéroe arriba del barco. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

¿Nunca tuvieron miedo en alta mar con alguna tormenta?

En todo este tiempo que llevamos viviendo en el barco, Juan es un capitán super conservador en el buen sentido. Estamos viajando y navegando con un niño pequeño que empezó el viaje cuando tenía dos años, y está conmigo que estoy embarazada. Somos una tripulación chiquita, nunca nos exponemos a ningún riesgo. Buscamos ventanas metereológicas ideales para hacer las travesías largas. Y si bien a veces es difícil pasar 5 noches de corrido en el mar, se nos puede hacer largo porque somos pocos, pero nunca tuvimos miedo ni corrimos riesgo.

Uli y Lula. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

Vos, como periodista, imagino que llevás todo registrado en un diario…

Sigo escribiendo notas pero no me rinda nada porque la paga es mala y la devaluación no ayuda (cuando lo pasás a reales es muy poco). Pero escribo porque me apasiona el periodismo y para difundir este proyecto que se sustenta con nuestros huéspedes que llegan por nuestras redes sociales.

Estoy escribiendo un libro con Josefina Licitra, no sé para cuando será, dependerá de lo que me deje escribir cuando llegue Renata. El libro no habla tanto sobre naútica sino sobre cómo puede ser la vida de una familia tipo en el mar.

Una postal del velero. Foto: gentileza @el_barco_amarillo

Podés encontrar más info en @el_barco_amarillo

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