Decir «no» (sin culpa) – Para Ti
 

Decir "no" (sin culpa)

La reflexión con cierta ironía y humor del psicólogo social Luis Buero sobre las mujeres que temen decir "no".
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A algunas personas les cuesta decir no, con las dos letras, la palabra exacta, algo tan simple: “no”.

Esos seres íntimamente quieren ser amados y elegidos por el rey y por el mendigo, por Dios y por el Diablo, aunque eso les cueste tres infartos. Entonces no pueden decir no. Porque quizás se creen en la obligación de ser estrellas que nacieron para brillar, no para dar sombra. Si se tienen que negar será con una excusa, o con una mentira.


Esta gente ha sido criada para agradar y no quiere romper ese mandato, aunque se carguen de resentimiento por tener que sonreír cuando quisieran insultar.


Pero quienes más sufren el impedimento a decir ¡No! sin culpa, son algunas mujeres.


Y cuando decir no se les vuelve imprescindible, tratan de hacerlo subrepticiamente, de manera elíptica, esperando que el otro u otra se de cuenta. Por eso algunos varones (machistas) creen que los nones femeninos son un quizás, y sus tal vez, un sí.


Y la vida a estas damas las enfrenta a diario a:


1) El compañero de facultad o trabajo lancero, que a ella le resulta menos erótico que el Chavo, pero para disuadirlo se inventa una agenda más agitada que la de Lali Espósito.

2) La suegra rica que vive en Londres y es más simpática que una patada en la nuca. Cada tanto anuncia que se viene a instalar unos días en el mono-ambiente de ella y su consorte, y nuestra heroína antes que gritarle: “¡pagate un hotel, tacaña!” es capaz de trabarse la boca con un cotonete.


3) El dueño de la clínica en la que ella es neonatóloga desde el 2000, que la quiere trasladar del sector “cuidado de bebés” a la sección “lavado de cadáveres”, pero ella no se niega,“a ver si todavía al tipo esa respuesta le cae mal”.


4) El esposo ha conseguido laburo como ascensorista en Bagdag. Ella es periodista y le ofrecieron dirigir el diario Le Monde pero… La esposa debe seguir al marido, decía su abuela.


5) Es una recién casada y la monja que le enseñó catequesis quiere venir a ayudarla en la mudanza y quedarse a dormir con la pareja la noche de bodas. ¡Cómo rechazar tanta generosidad!.


6) Es profesora y un alumno que se rateó todo el cuatrimestre va a venir a verla para solicitarle aprobar la materia. Ella, antes de recibirlo, hace tres días que ensaya un discurso explicativo para “aminorar el conflicto” y “contener al joven”.


7) Le prestó su sueldo a su amigo Dostoiesvski, aunque el barbudo pedigüeño se rifa hasta el canario en mesas de póker, y conoció la ribera porteña gracias al casino flotante.


8) Soporta en silencio al papá edípico que procura acompañarla a todas partes para que ella no tenga novio, a la amiga que cada vez que le pide el cuaderno de apuntes se lo pierde, a la chica de la hamburguesería que por 5 pesos más insiste e insiste en “agrandarle las papas”…


Estas mujeres saben que este mundo está lleno de babosos, desubicados, ventajeros y egoístas, gente a la que el lenguaje simbólico no le llega a los oídos, tipos a los que hay que vociferarles un “¡no!” rotundo, sepulcral, con eco visceral. Pero ellas no pueden, no quieren, no se animan, creen que no deben. Hasta que un día se cansan y dicen no.

Gritan con todas sus fuerzas: ¡¡¡Noooo!!!! Y como nadie lo esperaba de ellas, todos y todas las miran sorprendidos. Entonces ellas respiran hondo, cargan pilas, sonríen a cielo abierto, y descubren que era una mentira social y absurda que por decir no se iban a quedar solas para siempre.

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