En medio del ritmo constante de la ciudad, hay edificios que llaman la atención por su forma de ocupar el espacio. El Hospital Naval Pedro Mallo "Doctor Mayor Cirujano Pedro Mallo" es uno de ellos: contundente en sus líneas, con una presencia marcada y una identidad arquitectónica definida.
En una nueva edición de Historias de Cemento, junto a Cementos Avellaneda, exploramos la lógica detrás de una construcción donde cada decisión responde a necesidades concretas de uso, circulación y funcionamiento.

Una arquitectura pensada desde la función
Proyectado en la década del 70 por Clorindo Testa, Héctor Lacarra y Juan Genoud, el actual edificio del Hospital Naval Pedro Mallo fue inaugurado en 1981 como centro de salud de alta complejidad para la Armada Argentina. Desde su concepción, el proyecto respondió a una lógica donde la circulación, la organización interna y la operatividad son protagonistas.
Esa necesidad de funcionamiento también se traduce en la forma en que se organizan los espacios: plantas amplias, recorridos definidos y una estructura capaz de acompañar la dinámica interna de un edificio en constante actividad.
Esa misma lógica se proyecta hacia el exterior. El edificio ocupa una manzana completa y su diseño remite a un navío: ventanas redondas que evocan ojos de buey, un tanque de agua que funciona como torre de control y una estructura que refuerza esa identidad vinculada al mundo naval.

#TipCementero por Cementos Avellaneda
La estructura del Hospital Naval está pensada para permitir circulaciones diferenciadas y espacios amplios sin interrupciones. El uso del hormigón es clave en esa lógica: permite resolver grandes volúmenes y sostener una organización interna compleja, fundamental para el funcionamiento hospitalario.
El lenguaje del hormigón expuesto
Con el paso del tiempo, su estética fue asociada al brutalismo, una corriente arquitectónica que pone en primer plano la estructura y los materiales. En este caso, el hormigón no se oculta: se muestra tal como es. Ese carácter le da al edificio una identidad fuerte, donde la repetición de formas, la solidez y la ausencia de decoración construyen una imagen que puede resultar austera, pero también profundamente expresiva.
A diferencia de otras obras más abiertas o vidriadas, el Hospital Naval se percibe como una estructura cerrada sobre sí misma. Sus fachadas, con aperturas controladas, refuerzan esa idea de resguardo y funcionamiento interno.

Esa decisión no es casual: en la arquitectura hospitalaria, factores como la luz, la ventilación y la circulación requieren precisión. Lo que desde afuera puede parecer rigidez, por dentro responde a una lógica compleja y cuidadosamente diseñada.
En una ciudad donde conviven estilos y épocas, el Hospital Naval se sostiene como una obra definida por su lógica interna. Su diseño, centrado en la organización y el funcionamiento, explica su permanencia en el tiempo y su lugar dentro del paisaje urbano porteño.