Durante mucho tiempo se extendió el mandato de seguir tendencias de temporada, o intentar encajar en determinados estándares más allá de nuestro propio estilo e incluso ajenos a nuestra identidad.
Sin embargo, hoy estar a la moda trasciende esa idea superficial... y “estar a la moda” en cuestión de decoración del hogar propone todavía un desafío más profundo.
Así comienza esta columna exclusiva de para ti DECO, la arquitecta e interiorista Marianela Guzmán Vercellesi.
Confort y bienestar: los ítems atemporales de la decoración

¿Qué es aquello que nos hace bien? ¿Qué nos atrae y, al mismo tiempo, habla de quiénes somos? ¿Qué es lo que verdaderamente nos resuena y nos genera bienestar?
Las respuestas a los interrogantes de Marianela Guzmán Vercellesi (en Instagram @mavhomedesign) están más allá de las tendencias y bajo el concepto del interiorismo como clave del bienestar.
Tanto en el diseño y la decoración como en la indumentaria, es fundamental que los espacios y las prendas que habitamos nos representen.
¿Por qué elegir entornos o estilos que generan incomodidad, cuando podemos optar por aquellos que reflejan quiénes somos de manera auténtica y genuina?

El confort y el bienestar están profundamente ligados a las sensaciones que experimenta nuestro cuerpo: aquello que nos emociona, que nos eriza la piel, que nos genera una sonrisa o nos invita a permanecer. Habitar un espacio o vestir una prenda debería producir precisamente eso.
En este sentido, el diseño, en todas sus formas, cumple un rol clave. Así como elegimos qué vestir, también elegimos cómo y dónde vivir. Los seres humanos necesitamos encontrar un equilibrio emocional y físico en aquello que nos rodea.
Claves para encontrar tu propio estilo: decoración 100 % personal

Cada persona trae consigo una historia: experiencias, recuerdos, preferencias y emociones que influyen directamente en lo que nos genera bienestar. Por eso, el verdadero desafío del diseño no es imponer tendencias, sino acompañar y potenciar aquello que nos hace sentir bien.
¿Y cómo poder entender y alcanzar eso que habla de nosotros?
En un mundo atravesado por tendencias constantes, estímulos visuales y estándares que parecen marcar el camino, encontrar aquello que realmente nos hace bien puede sentirse confuso. Sin embargo, lejos de ser un concepto abstracto, el bienestar es algo profundamente tangible: se percibe, se siente y, sobre todo, se habita.
El primer paso es aprender a escuchar el cuerpo. Más allá de lo estético o lo aspiracional, existen señales claras que indican si un espacio, como una prenda, generan comodidad o incomodidad.
Hay lugares que invitan a quedarse y otros que generan cierta tensión, sin saber el motivo. Esa respuesta física es una guía honesta y muchas veces más certera que cualquier tendencia.
También es importante observar nuestros propios hábitos. Aquello que elegimos de manera repetida: una textura, un color, una prenda, un rincón de la casa, habla de una identidad que ya está presente, aunque no siempre la registremos de forma consciente. En lugar de buscar afuera, muchas veces se trata de reconocer lo que ya estamos eligiendo.
Estética y funcionalidad: así se diseña una casa con bienestar

En este proceso, lo visual cumple un rol clave. Reunir imágenes, referencias o inspiraciones permite detectar patrones: materiales que se repiten, climas que nos atraen, estilos que generan afinidad.
Lejos de ser una construcción artificial, este ejercicio revela una sensibilidad propia que empieza a tomar forma.
Pero para que esa búsqueda sea genuina, es necesario filtrar el ruido externo. No todo lo que está en auge tiene que ser incorporado. Hay elecciones que responden a un deseo momentáneo y otras que logran sostenerse en el tiempo. Identificar esa diferencia es fundamental para construir una estética personal que no dependa de lo efímero.
El bienestar, además, tiene memoria. Muchas de las cosas que nos generan placer están vinculadas a experiencias pasadas: una casa, un viaje, una sensación. Esos registros emocionales suelen tener más peso que cualquier referencia externa y funcionan como anclaje a la hora de elegir.
En definitiva, encontrar lo que nos hace bien no implica alcanzar una perfección estética, sino construir un equilibrio entre lo que vemos, lo que sentimos y lo que somos. Porque tanto en los espacios que habitamos como en lo que vestimos, la verdadera tendencia es, cada vez más, la autenticidad.
Texto: Marianela Guzmán Vercellesi. Fotos: Pexels.

