Aunque parezca salido de una postal europea, el Palacio Raggio está justo donde menos te lo esperás: en la esquina de Rivadavia e Yrigoyen, en pleno Almagro. Fue construido en 1924 por el arquitecto italiano Gino Aloisi como un edificio de renta para José Raggio, un empresario que sabía que invertir en ladrillos era sinónimo de futuro.
Con siete pisos, balcones ornamentados, una cúpula que roba todas las miradas y un estilo academicista francés bien marcado, el edificio rápidamente se convirtió en un ícono del barrio.
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Ubicado en un terreno triangular muy particular, el Palacio Raggio se diseñó con un pasaje interior pensado para la carga y descarga de mercadería sin congestionar la calle. Pionero y funcional.
Además, sus patios internos garantizaban ventilación y luz natural para todos los departamentos.
Cada detalle tiene su encanto: desde la herrería artesanal de los balcones hasta los pisos de mármol del lobby original, pasando por las molduras que todavía hoy cuentan historias de otra época.

Las fiestas secretas en el sótano del Palacio Raggio
En los años 80, cuando el país empezaba a dejar atrás los años más oscuros, el Palacio Raggio se convirtió -sin quererlo- en un símbolo de esa nueva libertad.
Los propietarios lo usaban como salón de usos múltiples y organizaban encuentros conocidos como “Las Fiestas del Sótano” o “de las Catacumbas”. Espacios íntimos, medio clandestinos, donde florecía la vida cultural, social y política de una generación que quería expresarse, bailar y reunirse.

#DatoCementero:
Aloisi decidió aprovechar la esquina cerrada para agregar al proyecto una torre, pensando en que esta alcanzara los 70 metros de altura. Sin embargo, la Municipalidad de Buenos Aires aún no había liberalizado los límites de altura. Por eso, el arquitecto debió suprimir 2 pisos. Para ganar espacio en un terreno reducido, decidió aprovechar todo lo que fuera permitido por las ordenanzas, como el agregado de bow windows que sumaran espacio a los departamentos. El edificio tiene un ascensor principal, una escalera y otro ascensor de servicio, que llevan a los 7 pisos superiores. Cada piso tiene un solo departamento, y originalmente cada uno poseía hall, sala, fumoir, comedor, escritorio, toilet, 4 dormitorios, 2 baños, 2 cuartos de servicio con water closet y lavabo de servicio, cocina, despensa y office. Cada una de las viviendas posee además un cuarto en el sótano que con cuartos que hacen las veces de baulera y espacios comunes que en cada piso es una amplia habitación circular.

Del olvido al renacer
Después de décadas de esplendor, el Palacio entró en un largo letargo a fines de los años 70. Estuvo abandonado por mucho tiempo pero en 2012 comenzó una restauración que lo trajo de vuelta a la vida (y al mapa del diseño porteño).
El lobby se recuperó, las unidades fueron convertidas en residencias y estudios, y se sumó una galería de arte abierta al público. Hoy, el Raggio combina historia con diseño contemporáneo y se luce como nunca.

El Palacio Raggio no es solo una postal: es una experiencia. Es ver cómo la historia se transforma, cómo lo antiguo puede reinventarse sin perder su esencia.
Si te gusta la arquitectura, el diseño o simplemente descubrir joyitas porteñas, este lugar tiene todo para enamorarte.

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