La niñez es una etapa crucial en el desarrollo humano, durante la cual se establecen las bases para el crecimiento y el éxito futuro como sujeto. En este periodo, el juego juega un papel fundamental en la formación de su subjetividad, la adquisición de habilidades sociales y emocionales, y el desarrollo cognitivo de los niños.
A pesar de la creciente presión académica y la influencia de la tecnología, el juego sigue siendo una actividad esencial para el bienestar y el desarrollo integral de los niños. Este artículo invita a explorar la importancia del juego en la niñez y su impacto en el desarrollo de las infancias, destacando la necesidad de priorizar el juego en la vida diaria.
El juego en familia
El juego es una actividad fundamental en la infancia, ya que permite a los niños explorar, aprender y desarrollar habilidades sociales y emocionales. La participación de los padres o quienes ocupen ese lugar en el juego es crucial, ya que les permite a los niños sentirse seguros y apoyados, lo que a su vez fomenta un vínculo saludable y seguro entre ellos. Sin embargo, en la sociedad actual muchos padres están cada vez más ocupados por la creciente demanda laboral, la falta de tiempo y la tecnología cómo opción rápida a la demanda infantil, van postergando la interacción y comunicación en tiempo real con los niños.
¿A qué se puede jugar en casa y que beneficios promueve?
Para jugar no esencialmente se requiere de juguetes comprados, jugar es hacer, es creatividad y es mucha imaginación. En los hogares hay múltiples y diversos objetos con los que se pueden construir escenas lúdicas; objetos domésticos, material reciclable, espacios libres, dibujar y pintar, crear historias y música, entre otros.
Todas estas actividades compartidas promueven el desarrollo cognitivo de los niños desplegando habilidades como la resolución de problemas, la creatividad, y especialmente promueve la comunicación entre padres e hijos, donde la puesta invita a escuchar los intereses, miedos y necesidades de los pequeños. Esta interacción permitirá mirarse, reconocerse dentro de un contexto, una historia, un alojamiento de emociones que fortalecen los vínculos suscitando seguridad y el desarrollo integral para lograr ser un sujeto lo más autónomo posible y afrontar los desafíos que se van presentando día a día en este mundo tan dinámico, vertiginoso y exigente.

“Los niños y niñas no juegan para aprender, pero aprenden porque juegan”. Jean Piaget
¿Qué pasa en el cerebro de un niño cuando juega?
Cuando un niño juega, su cerebro se activa de manera intensa, creando conexiones y fortaleciendo las existentes. Se activa la imaginación creando escenarios en la mente, lo que ayuda a desarrollar la creatividad y la capacidad de pensar de manera innovadora. Se despliegan las habilidades motoras a través del movimiento, promoviendo la coordinación y el equilibrio para futuras actividades esenciales como la motricidad fina ligado directamente al desarrollo cognitivo. El juego simbólico y de reglas (juegos de mesa) ayudan a consolidar recuerdos y aprendizajes, su cerebro almacena información y la recupera más tarde, ayudando así a mejorar su memoria de corto y largo plazo.
,33Crear, habilitar y promover juegos en la infancia desde el contexto familiar genera en el cerebro de los niños placer, motivación, deseos de repetir experiencias mientras irá reforzando su conducta, atención y memoria. Mientras un niño juega aprende a sociabilizar, empatizar y cooperar reduciendo su estrés y fortaleciendo la resiliencia.
Juego y aprendizajes.
Los aprendizajes en los niños no comienzan a partir de la institucionalización escolar, sino desde el primer encuentro entre él bebe y la madre, ese espacio creador y potencial que se va construyendo permitirá mas tarde incluir a ese niño en la cultura. El juego será entonces, una actividad fundamental en el desarrollo individual de cada sujeto, una forma divertida y atractiva de aprender con un otro, lo que motivará en el transcurso de su vida a participar e involucrarse en nuevos conocimientos.
Un niño que juega.
Cuando un niño juega no está perdiendo el tiempo, está en movimiento. Va construyendo una serie de procesos y cambios en su cuerpo y mente que lo ayudaran en su diaria a tomar decisiones, planificar y anticiparse a secuencias, a tener responsabilidad y respeto hacia los demás regulando impulsos y comportamientos. Cuando un niño juega está construyendo.
En conclusión.
La falta de tiempo que los padres le dedican a sus hijos es una dificultad común que puede tener impacto negativo en el desarrollo de los niños y en sus aprendizajes, por ello es necesario que estos puedan habilitar espacios y rutinas para compartir juntos. La familia, como primera institución, cumple un rol transcendental en el desarrollo y crecimiento proporcionando un entorno emocional seguro y estable, señalando valores y normas sociales promoviendo la educación y los aprendizajes. Los eventos lúdicos son un espacio seguro para las infancias porque “es de jugando” como los niños disfrutan y van construyendo aprendizajes y subjetividad.
Por Rosa Aragón. La autora es Técnica en minoridad y familia y Licenciada en Psicopedagogía.



