Saber qué comer parece, a simple vista, la clave de una alimentación saludable. Sin embargo, en la práctica diaria, ese conocimiento no siempre se traduce en bienestar. Muchas personas leen, se informan, siguen cuentas de nutrición y conocen las reglas básicas de lo “correcto”, pero aun así viven cansadas, desbordadas o en conflicto con la comida.
Como explica la médica especialista en nutrición Dra. Ana Cascú (MN 105.261), “no porque falte información, sino porque el cuerpo no se ordena solo con saber. Se ordena con hábitos que se puedan sostener”. Y en ese camino, aparecen errores que se repiten una y otra vez, incluso en personas brillantes y muy informadas.
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Los errores más frecuentes que afectan la relación con la comida
- Saltar comidas durante el día y llegar desbordados a la noche
Durante la rutina diaria, el cuerpo suele quedar en segundo plano: café, algo rápido o directamente nada. El hambre se posterga o se ignora. Pero el problema aparece más tarde, cuando llega el cansancio y una sensación de vacío difícil de manejar.
Como señala la especialista: “Comer poco durante el día no es autocontrol: es perder regulación”. Esa falta de regulación suele terminar en una búsqueda urgente de recompensa inmediata.
- Confundir control con salud
Elegir alimentos desde el miedo a engordar no es lo mismo que alimentarse para estar bien. Cuando la alimentación está guiada por la restricción constante y no por el cuidado, la relación con la comida se vuelve tensa, rígida y poco sostenible en el tiempo.
- Saber todo lo que ‘deberían’ hacer, pero no poder sostenerlo
Planes perfectos, listas ideales y dietas que duran poco. Esto, aclara la Dra. Cascú, no tiene que ver con falta de voluntad, sino con estrategias poco realistas.
“La salud no se construye con dietas rígidas, sino con objetivos posibles y compatibles con la vida real”, explica.
- Comer rápido, sin registrar y en piloto automático
Comer sin estar presente es otro patrón frecuente. El cuerpo se alimenta, pero la mente no acompaña. En consecuencia, el cerebro no registra señales de saciedad ni de disfrute, y vuelve a instalarse el ciclo de control y desconexión.
- 5. Creer que el autocuidado es exigirse más
Más disciplina, más control, más esfuerzo. Pero no. Según la especialista, el verdadero autocuidado va por otro camino: “aprender a regularse: dormir mejor, comer cuando corresponde, elegir sin castigo y disfrutar”.
Comer bien no es restringirse de forma extrema ni sentir culpa por cada gusto. La clave está en construir un vínculo positivo con la comida y entender que una alimentación equilibrada solo es sostenible cuando respeta los gustos, la cultura y la vida real de cada persona.
Como resume la Dra. Ana Cascú, médica especialista en nutrición, el bienestar no se logra sabiendo más, sino haciendo posible lo que se sabe.
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