La vida moderna y las rutinas diarias influyen en la forma en que vivimos la intimidad. Según el sexólogo Walter Ghedin, aunque el deseo sexual no tiene horario, la noche se ha naturalizado como el momento más habitual para el sexo. En su columna, Ghedin analiza beneficios, desafíos y diferencias de género y cómo planificar la intimidad puede ser clave para mantenerla viva.
Sexo nocturno: placer y biología
El deseo sexual no tiene horario, pero por distintos factores, sobre todo culturales, la noche se ha naturalizado como el momento más adecuado. Para los jóvenes, cualquier momento del día puede ser una buena ocasión; luego, ya adultos, el estrés cotidiano lo desplaza a la noche, cuando los cuerpos están mejor dispuestos, física y mentalmente.
La nocturnidad del sexo tiene sus beneficios y riesgos. Mejora el descanso, permite un sueño más profundo y ayuda a decantar los problemas del día. La biología acompaña:
- Dopamina: energiza y aumenta el deseo.
- Oxitocina: favorece abrazos y contacto corporal.
- Cortisol: baja por la tarde/noche, disminuyendo el estrés.
Los riesgos dependen de las creencias y la presión del día a día: “hay que tener sexo cuando él/ella quiere”, “mañana me levanto temprano”, “tengo que acostar a los chicos y quedo agotada”, “había programado terminar la serie y ahora no voy a poder”, entre otras.
El contacto cuerpo a cuerpo ya es placentero y no siempre requiere llegar al coito.
Discronaxias sexuales: cuándo los horarios chocan
Las discronaxias sexuales son desacuerdos sobre el momento del día para tener sexo. En parejas convivientes puede volverse un problema y, muchas veces, derivar en luchas de poder que afectan otras áreas más allá de lo sexual.
- Hombres suelen preferir el sexo nocturno.
- Mujeres pueden inclinarse por el sexo matinal, especialmente si están más descansadas o atravesando cambios hormonales.
Si las discronaxias no son profundas, se pueden resolver en fines de semana o días libres, logrando mayor consenso y satisfacción.
“Entre idealizar y agendar, es mejor lo segundo. El romanticismo no es abstracto, surge de la conexión de los cuerpos y las ganas de estar juntos.” – Walter Ghedin
Intimidad en crisis: entre idealizar y planificar
La intimidad actual suele estar idealizada: se espera un momento perfecto, cuerpos preparados, libido alta, cena, champán, niños con los abuelos y todo felicidad y sexo. Esto es posible, pero poco accesible para la mayoría.
Generar intimidad requiere despejar el panorama de exigencias diarias y dedicarse a mirarse, tocarse y comunicarse con los sentidos. Planificar momentos durante la semana puede ser más efectivo que esperar un instante perfecto:
- Mensajes de cariño o sorpresas
- Salidas juntos
- Conversaciones profundas
- Contacto físico consciente
Por el Dr. Walter Ghedín, psiquiatra y sexólogo
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