En los últimos años, el mercado de los suplementos dietarios explotó: se estima que más de la mitad de los adultos en Estados Unidos consume algún tipo de estos productos. Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno?
Antes que nada: los suplementos dietarios no son intrínsecamente malos. Algunos, como la vitamina B12, el hierro o la creatina, pueden ser necesarios y realmente marcar la diferencia en la salud cuando se usan bajo indicación profesional y en las dosis correctas.
Sin embargo, hoy vemos un boom de cientos de suplementos dietarios que prometen resultados asombrosos, basados en estudios preliminares: investigaciones en células, animales o ensayos humanos pequeños y de baja calidad metodológica. Un ejemplo claro son los suplementos dietarios de colágeno: los estudios financiados por la industria suelen mostrar beneficios para la piel, mientras que los estudios independientes no respaldan esas afirmaciones.
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A diferencia de los medicamentos, los suplementos dietarios tienen un halo de salud, pero su regulación es mucho más laxa. Esto permite claims infundados, productos que no contienen lo que declaran y un consumo frecuente “por las dudas”, creyendo que no hacen daño. Nada más lejos de la realidad: cualquier suplemento dietario puede tener efectos adversos y interactuar con otros suplementos o medicaciones. Por ejemplo:
- El magnesio puede causar molestias digestivas.
- La curcumina interactúa con antihipertensivos, anticoagulantes y antiinflamatorios.
- Las hierbas medicinales, aunque naturales, pueden causar toxicidad hepática, problemas renales o arritmias según la dosis y forma de preparación.
La base de la salud sigue siendo una alimentación variada y de calidad: frutas, verduras, semillas, frutos secos, granos enteros y legumbres aportan vitaminas, minerales, antioxidantes, fibra, proteínas y grasas saludables. Los suplementos dietarios pueden ser útiles, pero su uso debe evaluarse caso por caso.

Además, conviene pensar en el llamado “costo de oportunidad”: gastar dinero en suplementos dietarios sin evidencia puede impedir invertir en alimentos nutritivos, actividad física o estrategias para reducir el estrés.
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En conclusión, los suplementos dietarios respaldados por evidencia de buena calidad son herramientas valiosas para la salud. Pero, si se priorizan antes que los hábitos básicos —alimentación, ejercicio, manejo del estrés— es como preocuparse por la pintura de la casa antes de construir los cimientos.
Por Ariel Kraselnik. Médico cardiólogo, MN nacional 149.924 / MN provincial 26.170. Prevención, nutrición, y medicina del estilo de vida. “Nutrición Basada en Plantas. Salud, ética y soberanía alimentaria” de la Univ. Nac. De Rosario.


