Según la psicología de la imagen, vestirse con ropa cómoda suele indicar pragmatismo, búsqueda de bienestar emocional, y un alto valor por la autenticidad. Estas elecciones priorizan la coherencia interna sobre las exigencias externas o las tendencias.

La ropa cómoda: ¿un refugio o una declaración?
Hay una verdad silenciosa en la ropa cómoda: nos abraza sin pedirnos permiso. Ese pantalón amplio o ese suéter suave suelen ser un refugio, un espacio de calma dentro del ritmo acelerado de los días, más que una simple elección estética. Pero, ¿qué hay detrás de esa búsqueda de confort?

Nuestra forma de vestir no solo responde al gusto o a las tendencias, sino que también traduce prioridades, estados emocionales y rasgos profundos de la personalidad. Como explica la Lic. Paula Martínez, psicóloga especializada en imagen personal, la ropa es un lenguaje que habla incluso cuando no decimos nada.

Vestirse cómodo dependerá de lo que cada persona asocie a esa sensación: puede ser usar algo que no apriete el cuerpo o que sea liviano. Pero, a nivel psicológico, puede expresar la necesidad de suavizar las exigencias externas, de protegernos de la mirada ajena, o simplemente de reencontrarnos con la versión más auténtica de nosotros mismos.

5 rasgos que compartís si elegís la comodidad
Según la psicología de la imagen, las personas que eligen vestirse cómodas suelen compartir estos rasgos comunes:

- Pragmatismo: La practicidad es su lenguaje. No buscan complicaciones ni disfraces, eligen lo que funciona. Su vestimenta es funcional y eficiente, una forma de simplificar el día sin renunciar a la coherencia personal.
- Bienestar emocional: Las prendas suaves, holgadas o livianas generan sensación de protección. En un mundo que exige tanto, muchas personas encuentran en la comodidad una manera de reducir la tensión interna, de calmar la mente y sentirse seguras en su cuerpo.
- Autenticidad: Quien elige la comodidad suele ser alguien que ya no se viste para agradar, sino para ser. Entiende que la verdadera elegancia nace de la coherencia entre lo que se siente y lo que se proyecta.
- Estrategia de equilibrio: La comodidad también puede ser una herramienta de regulación emocional. Elegir prendas que no demanden energía mental puede liberar espacio para concentrarse en otras áreas más importantes de la vida, como el trabajo o los vínculos.
- Cuidado y autoestima: Sentirse bien con lo que se lleva puesto no es banal. Es una forma de autoafirmación, de decirse a uno mismo: “Quiero sentirme bien sin perder mi presencia”. La comodidad, cuando se elige conscientemente, es una forma de respeto.
¿Cuándo la comodidad se vuelve un disfraz?
Existe una delgada línea entre vestirse cómodo y quedarse en una zona de confort que te aleja de la versión de vos que querés ver.
A veces, la comodidad puede transformarse en un disfraz invisible. Esto sucede cuando ciertos looks se convierten en costumbre o las prendas dejan de representarte para comenzar a esconder y a desconectarte de la imagen que querés transmitir.
Durante la pandemia, muchas personas redescubrieron el placer del confort, pero cuando el contexto cambió, algunas siguieron aferradas a ese modo de vestir como si soltarlo implicara perder calma o autenticidad. El riesgo es que la comodidad te mantenga en una zona segura, pero pequeña.

Vestir ropa cómoda es encontrar el punto justo entre el placer sensorial de lo que llevás puesto y el respeto por tu propia imagen. La clave está en elegir desde la intención y no desde la inercia, cuidando el estado de tus prendas y combinando con consciencia más allá de la simpleza.
Tu ropa puede ser cómoda sin apagar tu fuerza.
Pregunta de autorreflexión: ¿Tu comodidad actual te representa o estás postergando la versión de vos que querés ver?
Fotos: Pinterest
Fuente: Lic. Paula Martínez, psicóloga especializada en imagen personal.
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