8M | A mí me paso: la mamá que convirtió el dolor por su hija en una causa de justicia
 

8M | A mí me paso: la mamá que convirtió el dolor por su hija en una causa de justicia

Lorena Paola Osores
Este 8M, el testimonio crudo y luminoso de una mamá que transformó el dolor en acción: justicia, memoria y un movimiento solidario que nació del nombre de su hija.
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Hay un tipo de silencio que no es calma: es supervivencia. El 8 de marzo suele llenarse de palabras grandes —derechos, conquistas, igualdad—, pero también existe otra fuerza, menos glamorosa y más real: la de las mujeres que siguen caminando con el pecho roto, sin manual, sin descanso, sin vuelta atrás. Mujeres que no “superan”: aprenden a respirar de nuevo. Mujeres que, cuando el mundo les arranca lo que más aman, hacen algo que nadie debería tener que hacer: inventan una vida posible en medio de la devastación.

Lorena Paola Osores no habla como quien cuenta una historia ajena. Habla como quien todavía vive una escena que no termina nunca.

El 9 de octubre de 2020, su hija Lucía Aylén Costa Osores tenía 18 años y estaba con amigos en el bar Zar Burgers, en San Miguel. Esa noche, Lucía murió totalmente incendiada. Y desde ese punto —desde ese dolor que no tiene comparación— Lorena aprendió dos cosas a la vez: que el duelo puede dejarte sin suelo… y que la impunidad puede dejarte sin aire.

Lorena Paola Osores
Lorena Paola Osores

A veces, la fuerza no llega como un rayo. Llega como un movimiento mínimo: dar un paso más. Hacer una llamada. Pedir un video. Exigir una respuesta. Volver a la puerta del lugar. No para quedarse ahí, sino para que nadie pueda mirar para otro lado.

Este 8M, Lorena pone en palabras lo que muchas madres no consiguen decir. Y también lo que muchas mujeres hacen, aunque nadie las aplauda: sostener a los vivos, honrar a los que faltan y transformar el dolor en acción colectiva.

“Yo me quería ir con ella”: el dolor que se convirtió en lucha y memoria

— Lorena, ¿cuándo te enteraste de lo que había pasado con Lucía?

— Esa misma noche me llamó Dana, la hermana de Dolores. Me dijo: “Lorena, Lucía está en el Arcaide, en el hospital de San Miguel. Tuvieron un accidente”. No me dijo más nada. Me levanté y me fui.

— ¿Te lo imaginabas?

— No. Pero sentí algo horrible. Tenía un presentimiento… y fue una noche rara. Hasta la perra estaba en la puerta como inquieta. Como que algo… no sé.

Lucía Aylén Costa Osores de chica.
Lucía Aylén Costa Osores de chica.

— Cuando llegaste al hospital, ¿qué viste?

— No entendíamos nada. Entro y ya la habían dormido. Le habían hecho la traqueotomía. Yo miraba y no comprendía: “¿Qué le hicieron? ¿Qué le pasa? ¿Por qué está vendada?”. Y los médicos no me decían nada. Te juro por Dios que no me dijeron nada.

— ¿Qué hiciste con ese silencio?

— Salí para afuera buscando respuestas. Yo necesitaba entender. Me crucé con chicos, con mamás, con testigos. Ahí pedí todo: “Pasame los videos. Quiero todo”. Y gracias a que mi sobrina Candela los guardó y los llevó a Fiscalía, eso fue una prueba clave. Porque si no, no saltaba nada.

Lucía Aylén Costa Osores de chica.
Lucía Aylén Costa Osores de chica.

— ¿Ahí entendiste la dimensión de lo que había pasado?

— Cuando vi esas imágenes dije: “No… me la prendieron fuego”. Y después me dijeron: “Tiene 70% comprometido con quemaduras graves”. Ahí me derrumbé. Pero aun así yo pensaba: va a salir, va a estar viva. No importaba cómo.

— En medio de ese shock, además de la angustia, apareció la bronca.

— Sí. Porque además de lo que pasó, era la impunidad. No me querían tomar la denuncia, no me querían dar explicaciones, no me querían dar el cuerpo, pruebas que se desestimaban… y yo decía: “¿Qué está pasando? ¿Qué están tapando?”. Yo era una madre laburante, Lucía iba a la iglesia… ¿por qué tanta maldad?

— ¿Sentiste que quisieron correr el eje, buscar culpables en otro lado?

— Sí. Escuché de todo. “¿Cómo la dejaste salir?”. ¿Y cómo no la iba a dejar salir? Si se suponía que se podía. La culpa no era mía. Lo fácil era culparte a vos.

— ¿Volviste a tu casa después de esa noche?

— Yo no fui. No dormí como tres noches. Mis hermanos me tuvieron que dar medicación para dormir. Mis hijos estaban con mi sobrina. Yo no podía estar quieta. Estaba en hospitales, en la calle, en todos lados.

Lorena Paola Osores
Lorena Paola Osores

— ¿Cuándo caíste de verdad? ¿Cuándo te pegó que Lucía había muerto?

— Creo que después del juicio. Antes me mataba más la impunidad y cómo se estaba dando todo. No podía ni reaccionar a eso, porque estaba peleando contra todo.

Yo me quería ir con ella. Lo intenté, lo intenté… pero no pude. Y entiendo eso: a veces es un minuto en que la cabeza te dispara algo y no sabés lo que hacés. Es un minuto. Por eso también menos mal que existe la psicología, para volver al eje.

— ¿Quién te sostuvo en ese tiempo?

— Mi familia: mi hermana, mi mamá. Y mis hijos… imaginate que ellos estaban descolocados. Mi sobrina fue la que les dijo que Lucía había muerto, porque yo no estaba. Ellos después me recriminan que por ahí los abandoné… pero yo tenía que salir a hacer algo por Lucía.

Lucía Aylén Costa Osores de chica.
Lucía Aylén Costa Osores de chica.

— ¿Cómo fue el juicio? ¿Qué sentiste cuando llegó la condena en 2023?

— Una felicidad. Yo decía: “Puedo creer en la justicia”. Sentíamos que se logró algo, que era un poco más de paz con Lucía. Pero después… fue toda una mentira. Porque lo fui siguiendo y ves que no se cumple como debería.

— En el medio, también te vinculaste con otras familias.

— Sí. Me junto con familiares de víctimas todo el tiempo. Eso te sostiene y también te aviva, porque te dicen dónde ir, cómo moverte. Cuando te pasa esto, nadie entiende nada, y siempre hay alguien que se aprovecha.

— En tu vida, además, apareció una herramienta espiritual.

— Sí. Yo era re existencial. Lucía era muy espiritual. Ella me dejó el rosario con la Biblia y yo me aferré a eso. Hice pastoral de duelo. Me salvó más que la terapia, porque acá me daban pastillas, pastillas… Y en la pastoral entendés etapas, herramientas, cómo atravesarlo.

— Y en paralelo nació el Movimiento Lucía. ¿Cómo fue?

— No surgió de mí. Unas chicas que ni siquiera conocían a Lucía me llamaron y me dijeron: “Soñamos con Lucía y queremos hacer un movimiento”. Querían hacer lo que ella hacía. Empezaron con comida para gente en situación de calle, merenderos… Yo no entendía nada. Todo el Instagram lo manejaba Lucía, yo no sabía. Pero ellas empezaron, sumaron gente, y seguimos.

— ¿Qué hacen hoy?

— Ya vamos para cinco años. Empezamos dando a 50 personas, hoy damos a unas 200. Vamos a merenderos, rotamos. Hacemos actividades durante el año, y queremos sumar capacitaciones: RCP, uso de matafuegos, prevención. Generar conciencia. Que esto no le pase a nadie más.

— Si tuvieras que decir qué te dejó este camino, ¿qué sería?

— Que una cosa es el duelo y otra la justicia. Yo siempre lo separé. Y que yo hago esto como madre. Porque a mi hija la mataron. Y también porque, de ahora en más, lo que haga es para los que quedan.

— ¿Qué le dirías hoy a Lucía?

— Hablo con ella todo el tiempo. Le digo: “Vos sabés cómo es mamá. Mamá tiene que hacerlo”.

Fotos: Diego García

 
 

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