La caída de Julieta Makintach fue abrupta, pública y definitiva. Después de 27 años en el Poder Judicial bonaerense, la magistrada que apareció en las grabaciones del documental Justicia Divina —realizado durante el juicio por la muerte de Diego Maradona— fue destituida y no podrá volver a ejercer como jueza nunca más.
Pero el impacto va mucho más allá de la pérdida del cargo: Makintach tampoco podrá jubilarse como magistrada, queda sin aportes especiales del régimen judicial y enfrenta causas penales que podrían complicar seriamente su futuro.
Mientras intenta explicar lo ocurrido y asegura ser víctima de una “bola de nieve”, la pregunta es inevitable:¿Cómo sigue su vida ahora?
Pierde para siempre su puesto y su jubilación especial
El Jury de Enjuiciamiento determinó dos sanciones que cambian su futuro por completo:
-Destitución inmediata.
-Inhabilitación perpetua para cualquier función judicial.
Esto significa que no solo deja de ser jueza, sino que también pierde el derecho a jubilarse dentro del régimen especial del Poder Judicial, que otorga haberes muy superiores al sistema común.
En términos prácticos: pierde los aportes especiales, no accede al beneficio previsional como magistrada, y deberá reinsertarse laboralmente en otro sector o trabajar bajo el régimen general.
No podrá ejercer como abogada (al menos por ahora)
A esta altura, el Colegio de Abogados podría: suspenderla, iniciarle un proceso disciplinario, o directamente impedirle el ejercicio profesional. Aunque todavía no hay una resolución final, especialistas coinciden en que el camino más probable es una inhabilitación temporal o total, dado que la destitución se fundamenta en: abuso de autoridad, incumplimiento de deberes, prevaricato, negociaciones incompatibles, asociación ilícita y uso indebido de recursos públicos.
Esto la dejaría sin posibilidad inmediata de vivir del derecho, el campo en el que trabajó toda su vida.
Una situación económica incierta
Makintach tenía un salario de jueza que rondaba cifras muy altas del escalafón judicial. Tras la destitución: deja de percibir ese ingreso, pierde estabilidad, pierde aportes previsionales, y debe iniciar aportes desde cero si quiere una jubilación futura.
Para una carrera iniciada en 1998 y con más de dos décadas dentro del sistema, esto implica un cambio económico drástico.
Sin cargo, sin jubilación y con causas penales abiertas
La jueza no solo enfrenta la pérdida laboral: también quedaron en pie investigaciones penales, entre ellas: prevaricato, incumplimiento de deberes, abuso de poder, negociaciones incompatibles, asociación ilícita.
Si avanza alguna de estas causas, podría enfrentarse a: multas, inhabilitaciones adicionales,o incluso penas de prisión en caso de que se demuestren delitos graves. Es decir: su situación judicial recién empieza.
Del perfil académico y el coaching a una posible reinvención forzada
Hasta antes del escándalo, Makintach tenía un perfil público sólido y variado: era magíster en Derecho Penal, profesora en la Universidad Austral, participaba de ciclos como Mujeres en Derecho y además desarrollaba actividades vinculadas al coaching ontológico.
Por eso, todo indica que su futuro laboral inmediato podría orientarse justamente hacia ese mundo: espacios privados de formación, consultoría jurídica sin firma profesional, actividades de coaching y desarrollo personal, y la posibilidad de dar charlas o conferencias. Lo que está claro es que su vida profesional tal como la conocía ya no existe más.
“Yo no quería fama, ni plata”: su defensa pública
En la entrevista que dio en TN tras su destitución, Makintach insistió: “Mi error fue imaginar que esta entrevista podía ser tergiversada”. También afirmó que: sus colegas estaban al tanto, que no recibió dinero, que no buscaba exposición mediática, y que “todos sabían que la filmación existía”.
El mayor daño: la credibilidad perdida
Aunque Makintach insiste en que es “íntegra y honesta”, su reputación quedó gravemente afectada:
la difusión de las imágenes recorriendo pasillos, grabándose en el auto y apareciendo en escenas del juicio fue interpretada como un uso indebido de su rol para un proyecto personal.
En el Poder Judicial, la imagen es todo. Y ese capital simbólico también lo perdió.
Cómo sigue ahora su vida
Hoy, Makintach que está casada y tiene dos hijos de 10 y 14 años, enfrenta un panorama complejo en varios frentes a la vez. Ya no puede ser jueza —está inhabilitada de por vida— y también es muy probable que tenga dificultades serias para seguir ejerciendo como abogada, ya que podría enfrentar una suspensión o incluso la cancelación de su matrícula.
A eso se suma que no accede a la jubilación del Poder Judicial, por lo que deberá reinsertarse laboralmente desde cero y empezar a aportar como cualquier profesional fuera del régimen especial. Paralelamente, tiene causas penales abiertas que pueden extenderse durante años. En este contexto, se enfrenta al desafío de reconstruir una carrera completa, algo especialmente difícil para alguien que ocupó un cargo de altísima exposición institucional.
En medio de este escenario incierto, Makintach deberá reconstruir no solo su vida profesional, sino también su identidad pública y privada. Antes de conocer la sentencia, repetía una y otra vez una frase que hoy resuena con otro peso: “Quiero paz para mi familia.”
Suscribite al newsletter de Para Ti
Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti cada semana en tu mail con las últimas tendencias y todo lo que te interesa, completá los siguientes datos:



