Si hay una actriz que logró reinventarse para las nuevas generaciones, esa es Winona Ryder. Gracias a su papel como Joyce Byers en Stranger Things, donde interpreta a una madre luchadora y determinada, su popularidad está en lo más alto. Miles de jóvenes la descubrieron a través de Netflix, admirando su capacidad para transmitir desesperación, amor maternal y una fuerza inquebrantable.
Pero antes de que la conociéramos como la mamá dispuesta a todo por sus hijos, Winona fue el rostro que definió la cultura pop de los años noventa. Pasó sin esfuerzo de ser la musa del cine fantástico de Tim Burton a convertirse en la voz de toda una generación que buscaba su lugar en el mundo.
Si te quedaste con ganas de más después de verla en Stranger Things, preparate para repasar cinco películas emblemáticas que tenés que ver para entender por qué su carrera es única.
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Beetlejuice, el súper fantasma (1988): el despegue con Tim Burton
Aunque técnicamente es de finales de los ochenta, Beetlejuice fue el punto de partida que la catapultó a la fama. Winona interpretó a Lydia Deetz, una adolescente gótica, melancólica y fascinada por lo macabro, un personaje que resonó profundamente con la contracultura de la época.

Con su estética dark, su pelo negro azabache y su personalidad introspectiva, Lydia se convirtió en un ícono instantáneo. La química entre Winona y el universo visual de Tim Burton fue tan potente que marcó el inicio de una colaboración que definiría buena parte de su carrera.
"Es extraño y está muerto", decía Lydia sobre Beetlejuice en la película, y esa frase resume perfectamente el tono irreverente y único que hizo de esta comedia fantástica un clásico absoluto. Para quienes la conocieron después en Stranger Things, ver a Winona en este papel es descubrir de dónde viene esa intensidad que siempre la caracterizó.
El joven manos de tijera (1990): el romance que marcó una época
Apenas dos años después, Winona volvió a trabajar con Tim Burton en una de las películas más emblemáticas de su carrera. En El joven manos de tijera, interpretó a Kim Boggs, la cheerleader rubia y popular que se enamora del incomprendido Edward, interpretado por Johnny Depp.

El contraste entre la dulzura de Kim y la oscuridad del personaje de Depp creó una química que sigue siendo recordada como una de las más icónicas del cine de los noventa. La escena en la que Edward talla una escultura de hielo mientras Kim baila bajo la nieve es pura poesía visual, y el look rubio de Winona en esa película se convirtió en referencia de estilo.
Esta película consolidó su posición como una estrella capaz de manejar tanto el drama como la fantasía, y demostró que podía ser tan creíble como la chica de al lado como en roles más oscuros y complejos.
Sirenas (1990): el drama familiar que mostró su versatilidad
Ese mismo año, Winona protagonizó Sirenas junto a Cher y una joven Christina Ricci. En esta comedia dramática familiar, interpretó a Charlotte Flax, una adolescente obsesionada con el catolicismo que lidia con su madre excéntrica y su hermana menor en plena búsqueda de identidad.

El personaje de Charlotte le permitió explorar las contradicciones de la adolescencia: la rebeldía, la búsqueda espiritual, el despertar sexual y la necesidad de pertenecer. La química entre las tres actrices fue excepcional, y Winona demostró su talento para crear vínculos creíbles en pantalla.
Sirenas fue una transición clave en su carrera, mostrando que podía llevar adelante historias más realistas y contemporáneas sin perder ese aura especial que la caracterizaba.
Generación X (1994): la voz de una época
Si hay una película que define el impacto cultural de Winona Ryder en los noventa, es Generación X. Como Lelaina Pierce, una recién graduada universitaria que intenta encontrar su camino en un mundo que no le ofrece las respuestas que esperaba, Winona se convirtió en la cara visible de toda una generación.

La película captura la apatía, el idealismo frustrado y la estética grunge de los años noventa con una precisión que sigue resonando hoy. Lelaina es el retrato de los jóvenes que intentaban construir una identidad propia mientras lidiaban con trabajos precarios, relaciones complicadas y un futuro incierto.
"Soy una poeta editora con un título universitario y trabajo en un Gap", dice Lelaina en una escena que resume perfectamente el desencanto de esa época. La banda sonora con temas de Lisa Loeb, U2 y The Knack completó el retrato de una generación que Winona supo encarnar como nadie.
Mujercitas (1994): la consagración de la crítica
El mismo año que protagonizó Generación X, Winona interpretó a Jo March en la adaptación de Mujercitas dirigida por Gillian Armstrong. Este papel le valió una nominación al Oscar como Mejor Actriz y demostró que podía llevar el peso de un drama clásico con la misma soltura que sus papeles más contemporáneos.

Jo March, la hermana ambiciosa, independiente y decidida a convertirse en escritora, era un personaje perfecto para Winona. Su interpretación transmitió la determinación de una mujer que se negaba a seguir los mandatos de su época, un mensaje que resonó con audiencias de todas las edades.
La escena en la que Jo rechaza la propuesta de matrimonio de Laurie sigue siendo un momento poderoso del cine de los noventa, y el discurso sobre su deseo de ser dueña de sí misma anticipó conversaciones que recién hoy estamos teniendo de manera masiva.
Con Mujercitas, Winona dejó claro que era mucho más que una musa del cine fantástico: era una actriz seria, capaz de llevar adelante cualquier registro con talento y profundidad.
El legado de Winona Ryder
Estas cinco películas son apenas una muestra del impacto que Winona Ryder tuvo en el cine de los años noventa. Su capacidad para pasar del gótico al drama familiar, del romance fantástico a la comedia generacional, la convirtió en una de las actrices más versátiles de su época.
Hoy, gracias a Stranger Things, las nuevas generaciones la descubren como Joyce Byers, una madre capaz de enfrentarse a cualquier monstruo por salvar a sus hijos. Pero conocer su filmografía de los noventa es entender que esa intensidad, esa vulnerabilidad y esa fuerza siempre estuvieron ahí.
Winona Ryder no solo fue un ícono de los noventa: es una actriz que supo reinventarse sin perder su esencia, y eso es lo que la hace inolvidable.
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