Diego Topa es, para miles de chicos, sinónimo de alegría y canciones. Sin embargo, detrás de las luces del escenario, el conductor guarda historias que lo marcaron para siempre. En una entrevista reciente con La Nación, Topa se permitió abrir el corazón y recordar, entre lágrimas, un episodio que todavía lo conmueve profundamente: el día que conoció a Milagros.
La historia llegó a sus oídos de una manera casi mágica, impulsada por la solidaridad. "Empezó a llegarme por todos lados por taxistas. Viste que la red de los taxistas tiene una cosa muy fuerte", recordó Diego. Los mensajes circularon por radios y redes hasta impactar en Disney y en su productora. El pedido era urgente y nacía de una promesa de amor.
El deseo de Milagros
Milagros debía someterse a una operación muy delicada y sentía mucho miedo. Para darle fuerzas, sus papás le preguntaron qué era lo que más le gustaría hacer después de la intervención. Su respuesta fue inmediata: quería conocer a Topa. Lamentablemente, el procedimiento se complicó severamente y la pequeña quedó en un estado irreversible.
A pesar del dolor, sus padres quisieron cumplir con la palabra empeñada. "Sus papás lo buscaron y querían cumplir lo que le habían prometido", explicó el conductor con la voz quebrada. El encuentro tuvo lugar en un hospital del barrio de Belgrano, donde Diego se hizo presente para acompañar a la familia en el momento más difícil de sus vidas.
Una canción de despedida
Al llegar a la habitación, la escena fue de una entrega absoluta. "Fui, me llevaron, me acompañaron, estuve ahí con los papás, fue muy fuerte", relató Diego sobre aquel momento en la clínica. Milagros estaba allí, acompañada por sus videos y las canciones que sus padres le ponían para que se sintiera cerca de su ídolo. Incluso, la habían vestido con el trajecito que ella misma había elegido.
"Me pidieron si, por favor, le podía cantar una canción que fue Pedro el Lagartero, la que le gustaba. Y se la canté dormidita", recordó el animador. Para él, ese gesto fue una forma de acompañar no solo a la nena, sino de brindarles un cierre y tranquilidad a esos padres. "Después de eso me fui y la desconectaron. Pero por lo menos pude", reflexionó emocionado.
Hasta el día de hoy, el vínculo con esa familia permanece en su memoria y en su gratitud. "Los papás siempre fueron muy agradecidos conmigo. Aprovecho a mandarles un beso enorme", cerró Diego, reafirmando que su labor alcanza rincones del alma donde el consuelo es la única respuesta posible.

