Desde que estalló la nueva ola de revelaciones vinculadas a Jeffrey Epstein, muchos se preguntaron por el paradero de Sarah Ferguson. Alejada de la escena pública y sin apariciones desde diciembre, ahora se conoció que la exduquesa de York decidió ingresar voluntariamente en una de las clínicas de salud mental más exclusivas del mundo.
Según medios británicos, Ferguson se trasladó poco después de Navidad a la Clínica de Recuperación Paracelsus, en Zúrich, Suiza, donde permaneció varias semanas hasta finales de enero.
Un refugio para su bienestar emocional
La clínica, considerada una de las más caras del planeta, ofrece programas personalizados para tratar agotamiento, ansiedad, trauma y estrés postraumático. Los tratamientos pueden superar las 350.000 libras esterlinas mensuales e incluyen un equipo médico multidisciplinario, atención privada y servicios de lujo.
Fuentes cercanas aseguran que la exduquesa eligió este lugar porque allí se siente contenida y acompañada, especialmente en momentos de vulnerabilidad. No es la primera vez que acude a este centro: en el pasado incluso habló públicamente sobre su experiencia allí, donde recibió tratamiento por estrés postraumático y trastorno por déficit de atención.

El impacto del escándalo
La difusión de correos electrónicos de 2010 —en los que Ferguson mantenía intercambios con Epstein incluso después de su primera condena— generó una fuerte repercusión mediática. Aunque en 2011 ella había asegurado que fue un “error de juicio” y que no volvería a tener vínculo alguno con él, los nuevos documentos reavivaron la polémica.
El golpe emocional habría sido significativo, sobre todo considerando los problemas de salud que atravesó en los últimos años, incluido su tratamiento contra el cáncer.
Perfil bajo y apoyo familiar
Tras dejar la clínica, Ferguson habría optado por mantenerse lejos de los flashes, refugiándose junto a sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia. También se supo que pasó tiempo en distintos destinos internacionales, evitando apariciones públicas mientras intenta reorganizar su estrategia de comunicación.
Por ahora, su regreso oficial al Reino Unido sigue siendo incierto. Lo que sí parece claro es que, en medio del escándalo, la exduquesa priorizó su salud mental y eligió el silencio como forma de protección.


