Desde el momento en que la reina Máxima y el rey Guillermo Alejandro aterrizaron en Praga, el martes 3 de junio de 2025, ella mantuvo la compostura propia de una visita de Estado. Sin embargo, detrás de cada saludo al presidente checo Petr Pavel y cada encuentro protocolar había una preocupación latente: las noticias que llegaban desde La Haya.
Apenas unas horas después de su arribo, el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders abandonó la coalición de gobierno neerlandesa ante discrepancias sobre migración y se desató una crisis que obligó al primer ministro Dick Schoof a presentar la renuncia de su gabinete.
En un comunicado, el palacio declaró: "Su Majestad el Rey regresará a los Países Bajos tras el programa del primer día de su visita de Estado a la República Checa. Ha decidido hacerlo en respuesta a la situación política en los Países Bajos".
El rey abandonó su visita a la República Checa la madrugada del miércoles 4 de junio, alegando "la situación política que se ha creado en los Países Bajos".
Para Máxima, este fue un golpe inesperado. Aunque su rol era acompañar al rey en los actos oficiales, supo que debía estar lista para volver: el bienestar institucional de los Países Bajos dependía de su inmediata presencia. Por eso, al recibir el llamado informando la disolución de la coalición, priorizó su apoyo emocional a Guillermo, mientras interiorizaba el impacto que la situación tendría en sus hijas y en la imagen de la corona.
Una visita interrumpida por la urgencia política
La agenda preveía varios eventos en Praga: desde la entrega de la “Campana de la Libertad” por parte de Máxima a la Iglesia del Santo Salvador, hasta la reunión con ministros checos. Cada actividad tenía un simbolismo fuerte de solidaridad europea, pero la reina no pudo disimular su inquietud cuando se anunció el regreso forzoso a Ámsterdam.
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Máxima se quedó un día más para cerrar compromisos pendientes, pero su mente estaba en la incertidumbre que vivía su país. En sus gestos se percibía esa tensión.
Su rol como pilar emocional y mediático
De regreso en La Haya, la presencia de Máxima será clave para contener la preocupación de la población. Si bien el rey Guillermo debe asumir las consultas formales para nombrar a un nuevo primer ministro, la reina actúa como enlace con la sociedad civil.
En su breve comunicado oficial desde Praga, expresó: “Aunque lamentamos acortar esta visita, la situación en casa exige nuestra atención y liderazgo. El país necesita estabilidad y estamos aquí para responder con responsabilidad”. De esa forma, Máxima se mostró empática con el desconcierto de las familias neerlandesas que buscan señales de seguridad ante la inestabilidad política.
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