Un chico saca un arma de su mochila. Otro la toma de la casa de su padre. En todos los casos, el escenario es el mismo: la escuela. Y el desenlace, irreversible.
Este lunes 30 de marzo, la escena trancurrió en San Cristóbal, Santa Fe, y terminó con la vida de un alumno de 13 años.
El impacto del caso no solo está en lo ocurrido, sino en lo que rompe: habían pasado 22 años desde el último ataque fatal entre alumnos en una escuela argentina. Sin embargo, no es un hecho aislado.
1997: el primer caso que encendió las alarmas
Tenía 14 años cuando llevó a su escuela, en la provincia de Buenos Aires, el arma que había tomado de su padre, integrante de la Gendarmería Nacional.
Dentro del establecimiento, mató a un compañero.
El caso fue el primero de este tipo en América Latina y dejó expuesta una escena hasta entonces impensada: un adolescente armado dentro del aula.
Su identidad no trascendió públicamente, pero el impacto fue inmediato. Por primera vez, la violencia con armas en escuelas entraba en la agenda pública.
2000: Javier Romero y el peso del apodo “Pantriste”
El 4 de agosto de 2000, la escena se trasladó a Rafael Calzada. En la puerta de la Escuela de Educación Media N.º 9, un joven de 19 años llegó armado.
Era Javier Ignacio Romero.
Disparó contra sus compañeros: hirió a dos y uno de ellos murió dos días después.

Entre los relatos que surgieron en la investigación, apareció un dato que marcó el caso. Romero era víctima de acoso escolar y sus compañeros lo llamaban “Pantriste”, en referencia al personaje de la película animada estrenada ese mismo año.
Ese apodo, repetido en el ámbito escolar, quedó asociado a una historia atravesada por el bullying y que, tras el ataque, fue leída bajo esa luz.
La Justicia lo declaró inimputable tras pericias psiquiátricas que describieron un episodio psicótico.
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El video que estremece: así fue el ataque en la escuela de Santa Fe que conmociona al país
2004: Junior y la masacre de Carmen de Patagones
El 28 de septiembre de 2004, el país quedó en shock.
A las 7:35 de la mañana, dentro de un aula del Instituto N.º 202 “Islas Malvinas”, un alumno de 15 años abrió fuego contra sus compañeros.
Era Rafael “Junior” Solich.
Había llevado una pistola Browning 9 mm que pertenecía a su padre, suboficial de Prefectura Naval.
En segundos, disparó y mató a tres estudiantes. Otros cinco resultaron heridos.
El episodio fue el más letal registrado en el país y dejó una marca profunda en la memoria colectiva.

Solich fue declarado inimputable por su edad y luego diagnosticado con esquizofrenia. El caso derivó en duelo nacional y una jornada de reflexión en todas las escuelas.
2026: el caso que vuelve a conmocionar
Después de más de dos décadas sin ataques fatales en escuelas, el episodio de San Cristóbal vuelve a poner el tema en agenda.
Según se informó, un alumno de 15 años ingresó armado a la Escuela N.º 40 Mariano Moreno y disparó contra sus compañeros.
El ataque ocurrió cerca de las 7:15, mientras los estudiantes estaban reunidos en el patio interno antes del izado de la bandera.
Un chico de 13 años murió y otros dos resultaron heridos.
El secretario de Gobierno local, Ramiro Muñoz, confirmó que el agresor sacó el arma de su mochila y efectuó varios disparos.
Un hilo que conecta los casos
Los nombres cambian, los contextos también. Pero hay escenas que se repiten: armas que salen del entorno familiar, edades tempranas y escuelas convertidas en escenario de violencia.
El caso de Santa Fe no solo interrumpe 22 años sin ataques fatales. También vuelve a poner en primer plano historias que, aunque separadas por el tiempo, siguen generando las mismas preguntas.

