Hay una frase que repito mucho en consulta: “Tu cuerpo no está cansado de moverse, está cansado de no hacerlo.” Vivimos en una época donde la inactividad se volvió el nuevo estándar. Pasamos horas sentados frente a una computadora, trasladándonos en auto, motos y monopatines ni hablar del tiempo que pasamos mirando una pantalla. Y aunque parezca algo inofensivo, ese ritmo lento —esa quietud constante— tiene un costo que se paga caro con el tiempo.
No hablo de vivir entrenando, sino de volver a la acción como forma de existencia. Caminar, subir escaleras, pararse a estirar, ir al supermercado caminando o bailar en la cocina. Todo eso, aunque no se vea en una app de ejercicios, tiene un impacto real sobre tu metabolismo, tu digestión y tu mente.
Para vivir más y mejor, hay que moverse
La ciencia lo confirma: quienes se mueven más, incluso sin hacer ejercicio formal, tienen menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y depresión. El concepto se llama NEAT (Non Exercise Activity Thermogenesis), y representa toda la energía que gastás fuera del entrenamiento. Es decir, vivir moviéndote.
Cuando este gasto se reduce, tu cuerpo interpreta que estás “en pausa”. Y en pausa, las hormonas se desajustan, el ánimo decae y la energía se apaga. Simplemente con contar los pasos que hacemos al día (con el celular o con un reloj) podemos ajustar nuestro movimiento diario. Estudios demostraron que pasar de 2.000 a 7.000 pasos diarios redujeron significativamente los riesgos de padecer las patologías que más afectan a los seres humanos hoy.
Entrenar con propósito, no por culpa
Muchas personas creen que con una hora de gimnasio compensan el resto del día sentados. Pero no funciona así. Moverte y entrenar son cosas distintas, y ambas son necesarias. El entrenamiento tiene un propósito: desafiar al cuerpo para que mejore, se adapte y se fortalezca. Pero el movimiento cotidiano es lo que mantiene el sistema encendido.
Podés entrenar tres veces por semana, pero si el resto del tiempo no te movés, el cuerpo sigue interpretando sedentarismo.
Moverse, Alimentarse y Descansar:
Nada de esto tiene sentido si no comes y dormis bien. En mi enfoque —el método MAD— siempre digo que el movimiento sin alimento y sin descanso pierde eficacia.
Si dormís poco o mal, el cuerpo no repara, tu cerebro no memoriza y tu sistemas de defensas se mantienen alterados Si comés de forma deficiente, no hay con qué construir. El movimiento es la chispa, pero la nutrición y el descanso son el combustible y el taller donde todo se repara.
Volver a sentirte bien
Moverte es una forma de reconectar con vos. Es recuperar energía, claridad mental y bienestar emocional. Es volver a sentir que tenés control sobre tu cuerpo y tu tiempo.
No se trata de correr maratones ni de vivir en el gimnasio. Se trata de volver al cuerpo como forma de estar presente.
Porque la salud no se construye en una sesión: se construye en cada paso que das, en cada comida que elegís con conciencia, y en cada noche que dormís para reparar lo que el día desgastó.
Fuente: Lic. Javier Aristegui – Método MAD : Movimiento, Alimento, Descanso
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