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“Mi peor miedo es contagiar a los que más quiero, por eso no beso ni abrazo a mis hijas”

Lucila A. Papagregoriou es médica especializada en tocoginecóloga (ginecología y obstetricia- M.N 80028). Está trabajando en un sanatorio de la Capital Federal y en esta nota nos cuenta en primera persona cómo se prepara para batallar contra el Coronavirus, sus miedos y los cuidados que toma en casa para no contagiar a su familia.
Lucila A. Papagregoriou teme contagiar a sus hijas por eso cuando llega a casa cumple una exhaustiva rutina para higienizarse y no besa ni abraza a sus hijas.

Es muy difícil definir con una palabra lo que estoy sintiendo en estos días. Pero si tengo que buscar una, la que más se acerca es incertidumbre, no saber con precisión si es correcto lo que estamos haciendo y sobre todo, si va a ser suficiente.

En realidad, los médicos estamos acostumbrados a lidiar con malas noticias, con enfermedades terminales, con muerte, pero la verdad es que este cuadro es completamente distinto. No tenemos experiencia ni trabajos científicos al que nosotros podamos consultar. Lo único que sabemos a ciencia cierta es lo que está pasando en otros países.

Una esperanza: el plan contra el contagio

Lo que charlamos permanentemente con otros colegas es que todos coincidimos que la única esperanza que tenemos es tratar de aplanar la curva y reducir al máximo la posibilidad de contagio.

Traer bebés al mundo, la tarea de Lucila.

Nos resulta imposible entender que a pesar de toda la información que se está dando en las noticias, a pesar del pedido del presidente, la gente siga saliendo a la calle y se exponga a contagiarse y a toda la población al colapso del sistema sanitario.

Donde yo trabajo, en el sanatorio, se están tomando todas las medidas para lo que va a venir. Permanentemente se están haciendo capacitaciones a todo el personal y a voluntarios para estar listos. Como esto es muy dinámico, la información que recibimos va cambiando día a día.

El sanatorio literalmente quedó dividido en dos, hay una parte que está aislada que es solamente para pacientes con Coronavirus y la otra que sigue trabajando normalmente para pacientes con patología más comunes y embarazos.

Un equipo se salud en el frente

Es muy importante el trabajo que está haciendo todo el equipo de salud, no solo los médicos, sino el de las enfermeras, los camilleros, la gente que trabaja en laboratorios, rayos, los administrativos que se exponen al virus todos los días pero aportan su granito de arena al trabajo diario.

Con respecto a los consultorios externos donde yo trabajo se tomaron todas las medidas de distanciamiento social desde que el momento que el paciente llega, la sala de espera, la atención en consultorio tratando de cumplir con todas las medidas de higiene.

Afortunadamente, las embarazadas en esta pandemia, a diferencia de lo que ocurrió con la gripe A, no tiene mayor riesgo que el resto de la población. Así y todo es importante que cumplan las medidas de aislamiento.

La descontaminación al volver a casa

Una de las cuestiones que más me preocupa es el momento de volver a casa después de trabajar.

Mi esposo también es médico así que cuando llegamos a casa empieza un operativo de descontaminación bastante tedioso y exhaustivo.

En general antes de llegar a casa nos sacamos los zapatos, vamos directo a la zona de servicio y lavadero donde nos lavamos las manos y nos sacamos toda la ropa. Esa ropa se lava en agua caliente, nos bañamos, limpiamos todo lo que traemos con alcohol, (anteojos, lapiceras, llaves, teléfono), las llaves de luz que tocamos, los picaportes, es decir, hacemos como una limpieza obsesiva de todo lo que pudimos haber tocado.

En casa vivimos con nuestras dos hijas a las que no besamos ni abrazamos y tratamos de mantener una distancia de 1,50 o 2 metros.

El momento de la comida es donde tratamos de estar juntos pero separados con la distancia en la mesa.

Mi mamá tiene 89 años y vive sola. Hablo varias veces por día por teléfono, las nietas la llaman también y todos tratamos de estar acompañándonos por teléfono porque desde que empezó todo esto no la visitamos.

Mi peor miedo (también el de mi marido) es de contagiar a la gente que más queremos. Por eso tratamos de extremar las medidas de distanciamiento y limpieza.

El aplauso me emociona todos los días, cada vez que lo escucho. Me da fuerzas para seguir adelante y me compromete aún más con la sociedad.

Me gustaría también que ese aplauso además sirviera como generador de conciencia en toda la gente para que cada uno desde el lugar que nos toca vivir trate de hacer las cosas lo mejor posible ahora y siempre.

Seguí leyendo: Cómo se manejan los embarazos, los partos y la lactancia en tiempos de Coronavirus

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